Oz Rodríguez, director: «Los niños suelen percibir realidades complejas con mayor claridad de la que los adultos imaginan»
La niña y la robot aterriza en España de la mano de Duomo Ediciones; una obra que hace reflexionar a los jóvenes lectores sobre la inmigración, la solidaridad o la tecnología
Hablamos sobre ella con su coautor, el ganador de un Emmy Oz Rodríguez

Oz Rodríguez publica su primera novela, 'La niña y el robot'. / FDV
—La temática del libro no podría estar más de actualidad, viendo todo lo que está ocurriendo en Estados Unidos. ¿Tenían en mente que podría darse un escenario así cuando empezaron a escribir la novela?
Empezamos a conversar sobre la novela durante la primera administración del actual presidente, cuando la inmigración ya ocupaba un lugar central en el debate público en Estados Unidos. Para muchas familias, sin embargo, no era solo un tema político, sino una experiencia cotidiana que ha marcado generaciones.
Aunque la historia incluye un robot venido del espacio, el núcleo emocional de la vida de Mimi está inspirado en realidades muy concretas. No buscábamos anticipar un momento histórico, sino retratar uno que ya estaba ocurriendo. La novela sigue siendo vigente porque las tensiones estructurales que aborda no han desaparecido.
—El padre de Mimi, la protagonista, es deportado al inicio del libro, algo que la marca radicalmente. ¿Fue difícil hablar de estas realidades adaptando el lenguaje a un público infantil y juvenil?
Fue un desafío, pero también una responsabilidad. Los niños suelen percibir realidades complejas con mayor claridad de la que los adultos imaginan. La clave no era suavizar la verdad, sino contarla desde la perspectiva emocional de Mimi. Nos enfocamos en cómo ella siente, interpreta y responde a lo que sucede. Al anclar la historia en su mirada, el lenguaje puede ser accesible sin restar gravedad a la situación. Los lectores jóvenes pueden enfrentar temas difíciles cuando se les ofrecen contexto, sensibilidad y esperanza.
—Robots, drones, redes sociales como ‘ClipTok’… ¿Por qué escogieron este escenario y no otro como telón de fondo para contar la historia de Mimi?
Queríamos que el universo de la historia se sintiera actual y reconocible. La tecnología es parte integral de la vida de los jóvenes hoy. Las redes sociales, los vídeos virales y los teléfonos móviles influyen en cómo se comunican, se informan y construyen su identidad. Incorporar un robot dentro de ese entorno no se sentía forzado, sino coherente con el mundo contemporáneo en el que viven nuestros lectores.

Portada de "La niña y la robot". / FDV
—¿Y qué elemento de inspiración llegó primero, el tecnológico o el social?
Ambos elementos surgieron casi simultáneamente. Nos preguntamos qué ocurriría si una niña cuyo padre ha sido deportado encontrara a un robot extraterrestre perdido que también necesita ayuda para reunirse con su familia. A partir de esa premisa entendimos que Mimi debía ser una niña con habilidades técnicas, alguien que disfruta reparar y construir. El robot apareció entonces de manera natural como compañero de viaje. La tecnología funciona tanto como motor narrativo como metáfora de reparación emocional.
—Al final del libro podemos encontrar una guía para motivar la reflexión post-lectura. ¿Pero con qué aprendizaje concreto le gustaría que se queden los pequeños lectores?
Me gustaría que los lectores se quedaran con una sensación de capacidad y posibilidad. Incluso cuando las circunstancias parecen abrumadoras, existen formas de actuar, de acompañar y de crear vínculos significativos. También espero que reflexionen sobre el significado del hogar y sobre la importancia de la comunidad como red de apoyo. En el fondo, quisiera que comprendieran que la vulnerabilidad no excluye la fortaleza; ambas pueden coexistir.
—Esta es su primera novela. ¿Cómo ha sido trabajar junto a una autora consagrada como Claribel A. Ortega?
Ha sido una experiencia profundamente enriquecedora. Mi formación está en el cine y la televisión, así que tiendo a pensar la narrativa en términos de estructura, ritmo e imágenes. Claribel aporta una sensibilidad literaria sólida, una gran experiencia en literatura juvenil y una mirada emocional muy matizada. Compartir raíces dominicanas nos dio una base cultural común que facilitó la comunicación creativa. El resultado es una obra que se nutre del diálogo entre dos formas distintas de contar historias.
—Una pregunta un poco más amplia, pero que no quiero dejar atrás: ¿confía en el poder de la literatura para remover conciencias, a pesar de los tiempos que corren?
Sí, absolutamente. La literatura quizá no cambie políticas de un día para otro, pero puede transformar percepciones. Puede humanizar a personas que a menudo son reducidas. Las historias generan empatía, y la empatía influye en cómo vemos a los demás. En tiempos polarizados, esa capacidad es fundamental.
—¿Qué supone para ustedes poder llegar a las librerías de toda España con este libro?
Es algo profundamente significativo para mí. Las historias sobre inmigración, identidad y pertenencia no se limitan a un solo país. Saber que el viaje de Mimi puede resonar con lectores de habla hispana amplía la conversación más allá de cualquier frontera. También confirma que las historias culturalmente específicas pueden conectar de manera universal. Además, el español es mi primera lengua. Vengo de la República Dominicana, así que ver este libro circular en ese idioma me llena de orgullo y emoción.
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