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La piscina, un oasis para los bebés: «Recuperan toda la movilidad que tienen cuando están en la barriga de su madre»

Las actividades acuáticas están muy recomendadas para los niños; cuanto más pequeños empiecen, mejor, siempre y cuando se desarrollen en las condiciones adecuadas

Las actividades acuáticas son ideales para los bebés

Alba Villar

Cuando una familia entra en clase de matronatación y proclama que su objetivo es que su bebé aprenda a nadar, lo primero que hace Jose Manuel Pereira, monitor y gerente del gimnasio Arenal, es invitarlos a irse. No es una orden literal, puntualiza con gracia, pero sí deja claro que eso no es lo que encontrarán en la sesión.

«Muchas familias vienen con la falsa idea de que lo que quieren es que sus bebés aprendan a nadar por seguridad», reconoce también Miriam de Cal, gerente del centro de estimulación infantil y prenatal Nubes Blancas. Allí también corrigen esa pretensión, ya que, aunque haya niños que aprendan a nadar con 18 meses, «eso no da ningún tipo de seguridad».

La vigilancia en entornos acuáticosdebe ser continua. «Otra cosa es que un niño se caiga al agua y sepa salir a la superficie, con su madre ahí al lado, y que eso no vaya a suponer un trauma para él», explica.

El objetivo de las actividades acuáticas con bebés, que estos dos centros realizan en Vigo, va por otro lado. Y cada vez más progenitores acuden con eso en mente, apunta el gerente del Gimnasio Arenal: «El 99% busca favorecer todo lo que se pueda el desarrollo de los niños, en todos los niveles».

Volver al agua

Después de pasar nueve meses en el útero materno, en un ambiente acuoso y acogedor, no es de extrañar que los neonatos se sientan como auténticos peces en el agua en la piscina, siempre que se mantengan en brazos de su persona de confianza. De hecho, los expertos afirman que «la edad ideal para la inmersión es prácticamente desde que son recién nacidos», aunque hay que tener mucho cuidado con las condiciones.

Dentro de la piscina, los bebés ganan gran libertad de movimiento.

Dentro de la piscina, los bebés ganan gran libertad de movimiento. / Alba Villar

«Una piscina que no esté tratada con electrolisis salina o donde la temperatura del agua sea menor de 30 grados no es conveniente, porque los bebés no son capaces de mantener su temperatura corporal», explica De Cal. Sus alumnos más querubines tienen tan solo dos meses.

La duración de las inmersiones tampoco puede ser igual para un bebé que para un adulto. «Hasta los seis meses las sesiones son de 25 minutos, porque estar tanto tiempo en el agua se les hace largo y no es adecuado. A partir de esa edad ampliamos a media hora», describe Jose Manuel Pereira, quien imparte matronatación desde hace más de dos décadas.

Aprendizaje y vínculo

Los bebés entran en el agua sostenidos por su cuidador, que debe ser una persona «de apego», con la que se sientan seguros. Así, madres, padres o abuelos se enfundan el bañador y aprenden al mismo tiempo a gestionar sus propios temores.

«Hay un gran porcentaje de personas que entran con miedo en el agua», declara Miriam de Cal, «primero, porque hay quien nunca ha sostenido un bebé dentro del agua y es algo que da un poco de respeto. Y segundo, porque hay muchas familias que no saben nadar o no han tenido una buena educación acuática».

Las familias sostienen en brazos a sus bebés durante toda la sesión en la piscina.

Las familias sostienen en brazos a sus bebés durante toda la sesión en la piscina. / Alba Villar

La educadora critica con dureza métodos como lanzar a los niños a la piscina y extender un palo para que lo sostengan una vez logren salir a la superficie. Esas escenas que tantas generaciones han sufrido son, en su opinión, «un abuso a la infancia», y la causa de que muchos adultos tengan después pavor al agua.

«Tu primer bautismo acuático tendría que ser en el colo de tu mamá o de tu papá, no en un spa o con las manos de otra persona o un flotador al cuello», apostilla.

¿Y cuál es la reacción de las criaturas ante el contacto del agua? «Es como liberarlo», cuenta el gerente de Gimnasio Arenal, «recuperan toda la movilidad que tienen cuando están en la barriga de su madre». La cofundadora de Nubes Blancas coincide: «Pueden mover los brazos y las piernas de una manera muchísimo más libre y los estímulos entran por los cinco sentidos. Es una sensación neurológica maravillosa».

Las sesiones acuáticas en Nubes Blancas giran siempre en torno al juego.

Las sesiones acuáticas en Nubes Blancas giran siempre en torno al juego. / Alba Villar

Lo más común que sienten los pequeños cuando se sumergen es «paz y placer absoluto», pero puede haber angustia. Por eso es tan importante la presencia de esa persona de confianza que no le quita el ojo de encima al bebé durante la sesión, dirigiéndolo, «leyendo sus movimientos dentro del agua».

«Estás en el agua sosteniendo a tu bebé y el mundo se para. La sonrisa de esos papás y mamás es constante, no hay otra distracción. Hay una conexión totalmente directa y única», destaca De Cal.

«Estás en el agua sosteniendo a tu bebé y el mundo se para»

Miriam de Cal

— Cofundadora de Nubes Blancas

Más allá del refuerzo del vínculo emocional, los beneficios de las actividades acuáticas cuando no cumplen aún el año se refieren a la estimulación temprana. En la piscina, los neonatos desarrollan el sistema propioceptivo, clave para la coordinación y el equilibrio; trabajan la orientación y fortalecen la musculatura, especialmente en la zona del cuello y la columna vertebral. Dentro del agua realizan movimientos que fuera son todavía imposibles.

Tal y como declara Jose Manuel Pereira, los bebés «son auténticas esponjitas que absorben la información de forma increíble». Cuando se hacen más mayores, no se olvidan de todo lo que aprendieron: les otorga mayor autonomía y un auténtico disfrute del agua.

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