El proyecto Gastrosapiens convierte a los alumnos del CEIP Froebel en «pequeños investigadores»
La iniciativa busca fomentar la vocación científica entre los más pequeños

Estudiantes en una de las sesiones de Gastrosapiens. / Cedida
En el CEIP Froebel (Pontevedra), la ciencia se ha colado en el aula con nombre propio: Gastrosapiens, un proyecto que convierte a los alumnos de sexto de Primaria en «pequeños investigadores» durante unas semanas. Todo arranca con una pregunta tan sencilla como poderosa: «¿Por qué investigar mejora la vida de las personas?»
Esa cuestión funciona como hilo conductor de una iniciativa financiada por la Fundación Española para la Ciencia y Tecnología (FECYT), enmarcada en la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS). Desde ahí se lanzó una invitación al personal investigador para proponer actividades de divulgación, y fue entonces cuando Marta Castro, responsable de comunicación del grupo IDARA, y Ana Enériz, socióloga -integrantes del proyecto- decidieron poner en marcha una propuesta con un objetivo doble: «fomentar las vocaciones científicas en los más peques» y «acercar la investigación al mundo real o a la práctica».
Ambas forman parte del Grupo de Investigación IDARA del IISGS, vinculado al Servicio del Aparato Digestivo de Pontevedra, y con Gastrosapiens buscan acercar la ciencia al aula y demostrar que investigar también puede empezar con una pregunta sencilla y mucha curiosidad, convirtiendo al alumnado en protagonista del método científico, paso a paso, y desde un tema cercano como la celiaquía.
El método científico en el aula
Gastrosapiens está diseñado como un recorrido completo por el método científico. La primera sesión funciona como una puerta de entrada a la investigación real, con la visita de la doctora Estela Salgado, investigadora del servicio de Digestivo del Hospital Montecelo, que explica qué significa investigar y abre el debate con la pregunta que vertebra todo el proyecto: «¿Por qué investigar mejora la vida de las personas?». El objetivo inicial es «motivar al alumnado, despertar la curiosidad e introducir de forma sencilla qué es la investigación médica y los ensayos clínicos».

Imagen de la actividad. / Cedida
A partir de ahí, cada sesión se convierte en una pieza del engranaje: observar, preguntar, formular hipótesis, recoger datos, analizarlos y comunicar resultados. Para hacerlo más dinámico, el equipo ha incorporado elementos simbólicos que refuerzan el rol investigador del alumnado: «Les hemos proporcionado unas batas» y también «un cuaderno de campo en el que pueden anotar todo lo que vayan descubriendo y vayan investigando». La clave, explican, es que no sea una actividad teórica, sino una experiencia vivida: «Para hacerlo más ameno los hemos involucrado».
La elección de la celiaquía no es casual. «Es una enfermedad que afecta al sistema digestivo y es una enfermedad que es cada vez más común y todo el mundo está muy familiarizado con ella», explican. Además, señalan su impacto social en el día a día de los niños: «Niños que en el cole no puedan comer ciertas meriendas, que en ciertos cumpleaños tengan miedo a comer ciertas cosas». Por eso, el proyecto no se limita a explicar una patología, sino que también busca sensibilizar y trabajar la convivencia.
Del aula al mundo real
La tercera sesión lleva a los alumnos al trabajo de campo. Con su «cuaderno de campo» en mano, aprenden a diseñar encuestas y entrevistas, registrar datos y respetar normas básicas como la escucha activa y la confidencialidad. Y aunque el proyecto se desarrolla dentro del aula, la investigación se conecta con el mundo real: una clase decidió investigar «cuántos alumnos hay con celiaquía en el cole», mientras la otra se planteó averiguar «cuándo empezó la celiaquía, cuándo se descubrió», combinando búsqueda de información fiable con encuestas a su entorno.
En ese proceso, el pensamiento crítico se vuelve una parte esencial del aprendizaje. «Hay mucha información y muchas veces esta información no es fiable o no está del todo contrastada y nosotros, como científicos, nuestra misión también es contrastar la información».
El aprendizaje no se queda en el aula. El proyecto incorpora una parte esencial de la ciencia actual: la divulgación. «La divulgación de resultados» forma parte del cierre, y el alumnado participa contando lo aprendido, compartiendo conclusiones y explicando sus hallazgos. Investigar también implica «comunicar y difundir los resultados obtenidos», porque el conocimiento solo cobra sentido cuando se comparte. Y en Gastrosapiens, esa idea se aprende desde pequeños.
Además, Marta y Patricia destacan un cambio importante: al principio algunos imaginaban descubrimientos casi imposibles, pero con el proyecto han entendido que investigar también es mirar lo cotidiano con otros ojos. «Han trasladado a su vida real… el método científico», explican, y eso les permite comprender que la ciencia también está en su entorno.
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