Desmontando patrones de la personalidad ‘bully’: «Cualquiera puede ser acosador»
Aunque desde la perspectiva psicológica del acoso escolar se señalan ciertos perfiles, lo cierto es que en el bullying lo más importante no es el individuo, sino el grupo y sus dinámicas

Word Café en el IES de Cotobade. / Cedida
Nombres como el de Sandra Peña pervivirán en la memoria colectiva como una señal, un recordatorio, del fatídico desenlace que puede darse en el acoso escolar cuando no se detecta a tiempo; cuando los protocolos no se activan, son ineficaces o directamente, inexistentes. Por desgracia, cientos de menores viven situaciones similares cada día en nuestro país.
Según los datos del Informe PISA de 2024, el 6,5% del alumnado en España sufre acoso con frecuencia. Otro estudio reciente de la Fundación ANAR y Mutua Madrileña revela que el 12,3% de los escolares afirman que ellos o uno de sus compañeros son víctimas de bullying, tanto cibernético como presencial o de ambas formas. Esto quiere decir que hay un porcentaje similar de estudiantes que ejerce el acoso. Una contraparte de la historia difícil de abordar tanto con los propios alumnos como con sus familias.
«Es difícil percibirse como acosador», declara Javier García, orientador en el IES de Cotobade. Sin embargo, «cualquiera puede serlo». «La idea es no trabajar sobre perfiles ni de acosadores, ni de víctimas, ni de espectadores. Se tiene que trabajar sobre conductas que hacen daño, porque son clarísimamente identificables», expone Andrés González Bellido, maestro, psicólogo y creador del programa de convivencia escolar TEI (Tutoría entre Iguales).
¿Por qué se ejerce el bullying?
Para empezar a entender el acoso escolar como un fenómeno en el que «importan más las estructuras que las personas», primero debemos comprender qué es lo que lleva al alumnado a ser un bully.
«Si tuviéramos que definir una sola variable común de los agresores o las agresoras sería aquella necesidad de retroalimentar su rol respecto al grupo», explica González Bellido, «el grupo, para un preadolescente o adolescente, es lo más importante que le puede ocurrir en su vida, mucho más que la familia y que cualquier profesor».
Cuando el adolescente ejerce el acoso es porque «es rentable», como señala Javier García. El bullying reporta beneficios sociales y, según investigaciones como “Survival of the Fittest and the Sexiest: Evolutionary Origins of Adolescent Bullying”, podría ser una adaptación evolutiva que permite a los individuos mejorar su posición social y su autoestima. Así, se ha percibido cómo, en muchos casos, los acosadores son más populares o incluso ligan más que el resto de sus compañeros.
«El grupo, para un preadolescente o adolescente, es lo más importante que le puede ocurrir en su vida
Además, explica el orientador, el acosador «encarna la voluntad del grupo», por lo que ataca a la persona que «cae mal» al resto de la clase. Los blancos del acoso son, a menudo, alumnos del colectivo LGTB, del género femenino o estudiantes con necesidades específicas de aprendizaje. A veces, el motivo es tan simple como acosar para no querer ser acosado. «Un acosador no es un demonio», puntualiza el experto.
Si se quisiera determinar un perfil común del bully, la perspectiva psicológica de esta problemática se ha esmerado en trazar diferentes patrones. Por ejemplo, se ha descrito como perfil común varones con mal rendimiento académico y buena imagen propia, escasa empatía y ausencia de sentimiento de culpa; pero también otras teorías describen a adolescentes con personalidad antisocial, ansiedad, depresión o bajo estatus social. Una investigación en 2014 de Enrica Ciucci y Andrea Baroncelli concluyó que los acosadores escolares no tienen problemas con la empatía cognitiva.

Un niño sufriendo "bullying" / FDV
En cualquier caso, no todos los agresores responden a los patrones determinados, por lo que, efectivamente, cualquiera puede ser acosador y cualquiera puede ser víctima. Tanto es así que se puede dar una situación paradójica: quien una vez fue víctima se convierte en agresor en otro contexto. Estos perfiles se denominan “bully-victim” y según expone Javier García, se ha demostrado que a largo plazo son jóvenes con peor salud mental y peores perspectivas socioeconómicas que el resto.
Y por supuesto, dentro del mapa de agentes del bullying, no solo hay víctimas o acosadores. Como explica el orientador del IES de Cotobade, se pueden establecer diversos roles: el asistente (que ayuda al agresor a actuar), el reforzador (quien jalea y anima, aunque no participa), el defensor de la víctima, el espectador pasivo (que permite que suceda al no intervenir) y el espectador indiferente (quien ni siquiera se entera de lo que ocurre).
Importancia de la prevención
«Uno de los grandes problemas que existe es definir si hay acoso o no hay acoso, porque hay una serie de parámetros que se han de suceder. Que haya diferencia de poder y de fuerza, que sea una conducta repetida en el tiempo...», advierte Andrés Gómez Bellido, quien denuncia que en la mayoría de los centros se «llega tarde» porque se actúa cuando el problema ya ha crecido, en vez de trabajar desde la prevención.
El psicólogo anima a trabajar sobre «los primeros síntomas perfectamente identificables» del acoso escolar, esos signos de «baja intensidad» como los insultos o la exclusión de un compañero. Cuando dejamos que estas conductas arraiguen ya es «muy difícil» modificarlas.
Uno de los métodos más efectivos de prevención es la acción entre iguales. El programa TEI, desarrollado por Gómez Bellido, es una buena muestra de ello, con evidencias científicas que avalan su efectividad. Javier García apunta también otros como la “cibermentoría” (estudiantes formados en ciberacoso dan charlas formativas a compañeros de cursos inferiores) o el “alumnado ayudante” (a través del cual los alumnos ayudan a mediar y entender los conflictos que surgen en el centro educativo).
En el IES de Cotobade, una de las últimas iniciativas de convivencia ha sido el “World café”. Alumnado, profesores y familias se involucraron en un simulacro de cafetería en el instituto, donde se establecieron cuatro mesas divididas por temáticas. En cada una, una persona ejercía como moderador y guiaba la conversación mediante un guion de preguntas.
El acoso escolar fue uno de los temas presentes y entre todos, llenaron los manteles de ideas (de forma literal) para ponerle fin y de mensajes de apoyo a quienes lo sufren. Porque la prevención también pasa, precisamente, por la creación de espacios en los que se pueda hablar con libertad y confianza y fomentar la autoestima de cada uno de los individuos que componen el ecosistema escolar.
Ciberacoso
Con la irrupción de las redes sociales y los 'smartphones', el acoso escolar no ha hecho más que diversificar sus métodos. Tal y como cuenta Javier García, en el ciberacoso es más sencillo contar con cómplices, porque no se ve la reacción emocional de la víctima. Un perfil habitual que detecta el orientador es el de jóvenes con poca supervisión parental que se conecta a altas horas de la madrugada a Internet. Asimismo, una de las formas más frecuentes de acoso en redes está siendo la creación de 'stickers' con fotografías comprometidas de otros compañeros y que se difunden a través de grupos de Whatsapp.
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