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Sonia Camino, orientadora educativa: «Las vacaciones son un espejo de las desigualdades sociales»

La vuelta de las navidades propicia conversaciones que dejan muchas veces a la luz las diferencias socioeconómicas entre el alumnado

«Muchas desigualdades no se generan por mala intención, sino por rutinas normalizadas, preguntas automáticas o actividades tradicionales que no hemos revisado desde una mirada emocional»

La Navidad es una época «especialmente delicada» para la desigualdad.

La Navidad es una época «especialmente delicada» para la desigualdad. / Envato

Después de tres semanas de descanso navideño, el alumnado gallego regresa a las aulas con la ilusión (o la pereza) de un año nuevo por estrenar y dos trimestres por delante. Durante estos días de reincorporación a la rutina, en los que costará un poco más de lo habitual madrugar, en las aulas se respirará todavía el furor del periodo vacacional y, casi seguro, se sucederán las conversaciones sobre lo que han recibido por Papá Noel o Reyes y qué planes han hecho. 

Estos temas, a priori inocentes y cargados de la ilusión infantil por la Navidad, pueden traer a la superficie grandes desigualdades socioeconómicas entre los y las estudiantes. Porque debajo del árbol, dependiendo de cada familia, el botín de regalos puede ser radicalmente distinto, al igual que las actividades de ocio vividas en las últimas semanas.

«Las vacaciones son un espejo de las desigualdades sociales», afirma la orientadora educativa Sonia Camino, «cómo las abordamos en la escuela dice mucho del tipo de sociedad que estamos construyendo». Así, incide en que la Navidad es «especialmente delicada» y declara que los niños, aunque tal vez no sepan ponerles nombre, sí captan las diferencias.

Percepción según la edad

Tal y como explica la orientadora, si nos situamos en la etapa de Educación Primaria, en los dos primeros años las desigualdades «se observan de manera concreta y descriptiva». Por ejemplo, quién ha viajado, quién se ha quedado en casa o quién ha recibido más o menos regalos. «Existe comparación, pero no elaboran juicios sociales».

Una clase 
de Educación 
Primaria de Vigo. 
| Marta G. Brea

Una clase de Educación Primaria de Vigo. / Marta G. Brea

Cuando maduran un pelín, en tercero y cuarto de Primaria, «el alumnado ya no solo observa, también interpreta». Ahí es cuando surgen posibles sentimientos de envidia o frustración y las comparaciones con el grupo. En 5º y 6º, «la conciencia social es mayor y aparecen emociones más complejas como el orgullo, la vergüenza, inferioridad o sensación de injusticia», describe Camino. 

«En esta etapa de Primaria la región prefrontal del cerebro, responsable de funciones como la empatía y el razonamiento social, está en pleno desarrollo, con lo que, aunque notan las diferencias, no siempre tienen las herramientas emocionales y sociales para comprenderlas completamente o manejarlas adecuadamente. Aunque no sepan verbalizarlo, las sienten. Por eso es tan importante el acompañamiento del adulto», agrega.

De este modo, si nos topamos con un menor que siente malestar después de haber hablado en clase o con sus compañeros sobre las vacaciones (bien sea las de Navidad o las de cualquier otro periodo), «lo primero es escucharlo de manera activa», ya que los alumnos «necesitan ser validados emocionalmente». En la escucha activa es importante no interrumpir, no minimizar lo que cuenta y dejar a un lado frases como “no pasa nada” o “no es para tanto”.

Otros de los consejos que propone Sonia Camino para mantener esta conversación pasan por reflexionar junto al niño sobre lo sucedido; preguntarle qué cree que podría haberse hecho de manera diferente o qué le hubiera gustado que pasara, lo que «fomenta el pensamiento crítico y le ayuda a comprender que las situaciones se pueden abordar de manera constructiva»; validar sus emociones, por ejemplo, poniéndoles nombre; proponer soluciones —«guiarlo en cómo puede manejar la situación en el futuro, ya sea buscando ayuda o aprendiendo a resolver conflictos de manera positiva»— y fortalecer su identidad, «recordándole sus cualidades, vínculos y logros más allá de lo material».

¿Entonces es mejor no hablar del tema?

Si tan claro está que las vacaciones pueden agitar de esta forma el avispero, puede que el profesorado prefiera directamente no abordarlas en el aula para evitar conflictos. Sin embargo, para la orientadora educativa Sonia Camino «el silencio no es una opción».

«Evitar la conversación no protege, educar con sensibilidad sí»

Sonia Camino

— Orientadora educativa

«Evitar la conversación puede transmitir mensajes implícitos muy potentes y dar lugar a malentendidos», reconoce, «evitar la conversación no protege, educar con sensibilidad sí». Hablar sobre ello con una perspectiva sensible y guiada por los adultos es la vía para «normalizar la diversidad de experiencias familiares, desactivar comparaciones dañinas, educar en empatía y respeto y prevenir burlas y exclusión y, sobre todo, el malestar silencioso».

«Muchas desigualdades no se generan por mala intención, sino por rutinas normalizadas, preguntas automáticas o actividades tradicionales que no hemos revisado desde una mirada emocional», subraya la educadora. 

Consejos prácticos

Por ello, con motivo de esta vuelta de las navidades y de cara a los siguientes periodos vacacionales, propone al profesorado estas estrategias:

  • Cambiar el foco de la conversación, llevándola a lo emocional. Evitar centrarla en “dónde has ido” o “qué te han regalado” y preguntar “un momento que te hizo sentir bien” o “algo nuevo que aprendiste”.
  • Evitar turnos obligatorios de exposición oral en el aula.
  • Nombrar la diversidad de forma explícita.
  • No reforzar relatos ostentosos para frenar comparaciones y usar en todo momento lenguaje inclusivo.
  • Observar silencios, retraimiento o cambios de conducta.
  • Reformular actividades tradicionales como "la redacción de mis vacaciones" por propuestas más inclusivas como “una emoción que haya sentido estas navidades” o “algo especial que recuerdes.
  • Llevar a cabo propuestas como “Los regalos no se envuelven”. Estos regalos son el tiempo, las palabras bonitas o los momentos compartidos. De este modo, desvinculamos objeto y valía personal.
  • Recordar que la escuela no solo transmite contenidos, también construye autoestima y sentido de pertenencia.
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