Animales que acompañan y empoderan: cuando la terapia no la ejercen solo los humanos
Diferentes asociaciones de la provincia de Pontevedra realizan intervenciones con equinos o perros para ayudar a niños y niñas con dificultades de aprendizaje

Un grupo de usuarios de diferentes edades de A Granxa de Fina. / Cedida
En A Granxa de Fina, en Pontevedra, los caballos ejercen de terapeutas desde el año 2019. Consiguen que el latido de quien está a su lado se acompase con el suyo, transmitiendo una sensación de calma contagiosa. Ese es uno de los beneficios de la equinoterapia, un tratamiento terapéutico que defiende el contacto con los equinos para mejorar la vida, especialmente, de las personas con diversidad funcional o dificultades de aprendizaje.
No existe límite de edad para probar esta terapia. De hecho, en la asociación A Granxa de Fina, los usuarios van desde los 3 hasta los 76 años, aunque los niños son mayoría. Marisé Seoane, directora de la entidad y educadora social, explica que están especializados en el tratamiento de niños con TEA (trastorno del espectro autista), aunque también reciben casos de enfermedades neuromusculares a través de la asociación ASEM Galicia o jóvenes con un retraso madurativo.
Cada caso es un mundo y por eso, Seoane le da mucha importancia a la observación. Cuando llega un niño por primera vez a la granja -están instalados en el campo de fútbol de Salcedo-, nunca pasa directamente a subirse a un caballo. Marisé vigila primero cómo reacciona ante Mike, el perro de terapia.
Después, se empieza a interactuar con alguno de los ponis. «Los cepillan, les hacen peinados... El contacto es muy importante porque el caballo irradia paz», afirma la educadora social a FARO. El trato con los equinos refuerza también su autonomía, su autoestima y sus habilidades psicomotrices, al tiempo que les inyecta una «dosis de naturaleza» más que necesaria hoy en día.

Imagen de una sesión de intervención con perros coordinada por Ramalladas. / Cedida
En Vigo, la organización Ramalladas fue pionera en Galicia en intervenciones asistidas por perros, que comenzaron en el año 2008. «Y somos los únicos que utilizamos el Método Pellitero», replican. «Es un programa profesional que sirve de apoyo terapéutico, educativo y/o social a las personas con las que se interviene. Está basado en el rigor científico y en la calidad e innovación continua de las técnicas de intervención empleadas, no es una mera actividad de ocio ni de entretenimiento».
Básicamente, consiste en un trabajo conjunto del perro de apoyo (PA) y un profesional con formación especializada en Programas de Intervención Asistida con Perros, que diseña, desarrolla y evalúa el programa.
Tal y como detallan desde Ramalladas, el objetivo es «proporcionar a las personas los apoyos necesarios para favorecer su desarrollo personal y potenciar la adquisición de habilidades, destrezas y competencias necesarias para mejorar su funcionamiento en la vida».
Las sesiones están recomendadas para personas de todas las edades: «El contacto y la interacción con un perro es beneficiosa a cualquier edad». De hecho, hasta sería un método «apropiado para programas de estimulación temprana con bebés», debido al estímulo multisensorial que aportan.
Comunidad y apoyo

Niños en A Granxa de Fina. / Cedida
En el caso de Ramalladas, las intervenciones con perros se realizan en colaboración con otras instituciones. Por ejemplo, hace unos años se puso en marcha con el Concello de Vigo un proyecto de apoyo educativo para alumnos de colegios de primaria sin necesidades especiales.
A pesar de la «gran acogida» que tuvo, se paralizó por la pandemia y aún no se ha retomado. Cuentan con poder hacerlo pronto: «Hay muchas asociaciones y colegios que llaman tanto al Concello como a nosotros, interesados en retomar estos programas en sus centros, ya que están muy contentos con los resultados obtenidos», admiten.
«A Granxa de Fina no solo son caballos, es familia, es unión, es algo más»
A Granxa de Fina, por su parte, se ha convertido en todo un refugio tanto para los niños que acuden una vez por semana a montar a caballo como para sus familias. «Hay madres que tienen niños con TEA, TDAH o altas capacidades que pasan por cosas por las que no pasan otras madres con un niño neurotípico. Aquí pueden hablar entre ellas mientras los niños están haciendo la actividad, se ayudan entre ellas. Es una red», cuenta su directora, Marisé Seoane.
Pero las familias no se quedan siempre esperando en la cantina. A veces se animan a participar con los niños, cepillando a los caballos o dándoles de comer; otras, hasta se han lanzado a montar y hay quienes han conseguido vencer su miedo a los animales aquí. La sensación que tiene Marisé es que se ha formado una gran familia: «A Granxa de Fina no solo son caballos, es familia, es unión, es algo más. Pero eso es algo que hicieron los caballos. Ellos nos unieron».
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