Laura Torres, autora de 'Beland, mi lugar en el mundo': «Había un hueco en el lenguaje para ese lugar que te da tu sentido de identidad»
Este cuento forma parte del proyecto #Beland y recoge la historia de Daniel, un niño que debe mudarse y enfrentar su miedo a no encontrar un lugar al que pertenecer

Laura Torres, autora de 'Beland, mi lugar en el mundo', posando con el libro ilustrado. / Torres y Carrera
Un cuento para explicar una palabra, esa es la premisa de 'Beland, mi lugar en el mundo', el primer libro de la autora viguesa Laura Torres. Beland cuenta la historia de Daniel, un niño al que le apasiona aprender palabras nuevas hasta que un día descubre una que lo cambia todo: mudanza. Ante el temor de dejar atrás su casa, su colegio y sus amigos, su abuela le enseña una palabra todavía más poderosa: beland «es el lugar que te recuerda quién eres y que te hace sentir en casa, protegido, en paz».
Nacido como un concepto formado por las palabras 'tierra' (land) y 'be' (ser), este cuento busca hacer aflorar la empatía y despejar el miedo que los más pequeños pueden tener a los cambios. Un concepto que va más allá de la historia y que desde Wearebeland quieren convertir en todo un movimiento.
El cuento gira alrededor del concepto 'beland'. ¿Surge primero la palabra o la historia?
Surge primero la palabra. Todo empieza porque queríamos hacer algo especial por el 20 aniversario de la Fundación Alba Torres Carrera y, como está ligada a una agencia de comunicación y nuestro poder son las palabras, dijimos «lo que podemos hacer que tenga más impacto a nivel mundial es crear una palabra». Ahora no tenemos los medios para hacer grandísimas donaciones, pero sí para crear conciencia.
Nuestro punto de partida fue un vídeo de una abuela de Palestina. En ese vídeo se veía a su nieto diciéndole que tenía que irse de allí y ella decía que no, que se iba a quedar con sus olivos, que iba a permanecer ahí arraigada con sus árboles. Nos hizo entender que había un hueco en el lenguaje para ese lugar que te da tu sentido de identidad, tu sentido de pertenencia, que va por encima de cualquier frontera, por encima de cualquier color político, y es un poco tu esencia, tu raíz.
Ese lugar al que prefieres pertenecer por encima de cualquier otra cosa, en este caso un árbol, pero puede ser una casa, un parque, puede ser lo que tú quieras. Creíamos que no había palabra ni en inglés ni en español para ponerle nombre. Ahí surgió un la idea de «tenemos que dar nombre a eso», darle forma; porque una vez que lo nombras, tienes la capacidad de entender lo que duele perderlo, ¿no? Creemos que en un momento donde hay tanto sentimiento contra los migrantes, donde hay tantos refugiados a lo largo del mundo... era una forma de crear empatía. Decir: primero valora tu suerte de poder estar en tu tierra, poder estar cerca de tu Beland, y tener la sensibilidad de toda esa gente que ha tenido que dejarlo atrás.
Cuando nos enfrentábamos al problema de «¿cómo das a conocer una palabra? ¿Cómo demuestras que es una palabra que todo el mundo puede entender y que no tiene edad y que es universal?». Y ahí surgió el cuento.
Esta palabra va más allá del libro. También la queréis convertir en Palabra del Año.
Bueno, es una forma de pedir la luna, ¿no? Y a ver hasta dónde llegamos. Nos parece bonito que cuando se escoge una palabra del año no solo es una palabra popular, normalmente es una palabra que define el año. Por ejemplo, en el 2020 la palabra que escogió Oxford University Press fueron «pandemia», «COVID» y «cuarentena». Es una palabra que, de alguna manera, encapsula el espíritu del año. Entonces nos parece bonito pensar, ojalá llegue un año en que la palabra que defina la realidad del mundo sea una palabra como beland, que es una palabra de esperanza y de solidaridad.
Hablas del contexto político y social actual. Guerras, inmigración, desplazados… Esta historia es una forma de hacerle llegar un mensaje complejo a los niños. ¿Crees que faltan más historias de este estilo?
No sé si faltan, pero creo que nunca son suficientes. Y sí, un poco, llevamos ya varios tours por colegios, donde voy yo como autora, hago el cuentacuentos, hacemos talleres... Y los niños yo creo que nos sorprenden a los adultos con lo presente que tienen estos temas. El libro como tal lo lleva a algo muy cotidiano, que es un niño enfrentándose a una mudanza. Algo que puede pasar a cualquiera en cualquier momento.
Siempre pregunto «a ver, ¿en esta clase quién se ha mudado?», y siempre hay un montón de manos levantadas. Pero, esa mudanza, los sentimientos que despierta, también es una pregunta que les hago: «¿cómo os haría sentir si os tuvierais que mudar?». Y despierta miedo, enfado, no lo entienden, algunos me dicen «con ganas de vomitar». Creo que la historia es una forma de, a un niño pequeño, abrirle un poco la puerta a una realidad social súper compleja como la migración, los desplazados climáticos, los desplazados por guerras, por violencias... En general, a todas estas personas que tienen que dejar atrás su beland o están en un lugar que no es el suyo y lo que necesitan es ser recibidos con un poco de empatía.
Los niños conectan con esas emociones como con todo lo demás. Hacer los talleres es una pasada, los niños sabían más que yo, sabían más derechos que yo, tenían más interiorizado el concepto de derecho humano. Este tipo de historias son una forma de crear ese diálogo y ese espacio de conciencia.
Comentas que ya habéis hecho presentaciones. ¿Con qué se quedan las niñas y niños cuando conocen la historia? ¿Qué es lo que más les llama la atención?
Lo que más les llama la atención es la palabra. Siempre pregunto: «¿Alguno ha escuchado la palabra beland?» Siempre hay alguno que se tira un triple: «Sí, yo la conozco, es alemán». Y una vez que la aprenden, me sorprende que enseguida se quedan con ella. Les hacemos pintar sobre cuál es su beland y me encanta cuando los escucho «a ver, ¿y tú qué beland te has pintado?». Creo que cuando les metes una palabra nueva y se la explicas, la cogen con muchísima energía y con esa idea de un lugar que les guste mucho y que les haga sentir muy tranquilos, muy en paz.
Me parece maravilloso porque es algo que se les queda superbién y que les encanta compartirlo, les encanta contarte qué lugar es para ellos o qué personas. En el fondo a todos nos gusta sentirnos escuchados y cuando les das la oportunidad de hablar de su beland les encanta. Esa parte del libro les gusta mucho.
¿Es una historia para los niños que tienen que irse o para generar empatía en los que reciben a alguien nuevo en su entorno?
Yo quiero pensar que es para los dos. Sí que creo que a lo mejor es un libro para un niño que se tenga que enfrentar a la mudanza porque es una forma de no sentirse solo, de ver que hay un personaje que probablemente tenga las mismas emociones que él. Quizá incluso es un libro para los padres que tienen que afrontar una conversación difícil con sus hijos o hijas. Recoge los diálogos más típicos de padres y niños cuando se enfrentan a un cambio así, de «pase lo que pase estaremos juntos», «te prometo que vas a ir a un cole nuevo donde habrá muchos niños con los que jugar».
Puede ser útil como herramienta para las familias, pero también para cualquier niño que lo lea. Y los niños para eso tienen muchísima imaginación y capacidad de proyectarse. Es una forma de pararse a pensar «fulanito que ha llegado nuevo al cole, cómo se debió sentir ese día», que es un poco lo que trabajamos mucho en los talleres. Hay de hecho un taller que plantea: qué podríamos hacer entre todos si Daniel, que es el protagonista del libro, se muda a Vigo y llega a esta clase. Es una forma de abrir un debate para que entre todos reflexionen sobre cómo recibir a alguien nuevo.
En tu propia experiencia te has movido mucho por el mundo, has tenido muchas mudanzas y la historia refleja esta experiencia personal, ¿Cómo le explica una familia a un niño o niña que se tienen que mudar?
Trabajando con Raquel Aparicio, la ilustradora, ella me preguntaba cómo lo vivía o cómo recordaba el miedo por la noche antes de una mudanza, cómo recordaba el momento de ver a mis padres metiendo las cosas en cajas... Creo que tanto el texto como las ilustraciones están basadas un poco en mis recuerdos, pero un poco también en los de Raquel. No quiero hablar por ella, pero creo que las ilustraciones reflejan un poco el cómo tú recuerdas ese momento de la infancia cuando pasan cosas que no acabas de entender, que por mucho que te expliquen, para ti simplemente son cambios, y los cambios son buenos.
Y sí, me resultó muy fácil escribir el texto porque es algo que yo tengo súper presente. Al final pasé por siete coles distintos. Me resultó muy fácil conectar con ese recuerdo de las conversaciones previas, de los miedos, un poco también el entusiasmo. Por ejemplo, tuve un cole en el que, cuando pregunté cómo sentirían si se tuviesen que ir, una niña me respondió: «Contenta porque me encanta conocer gente nueva». Y me pareció muy tierna, porque dije «es verdad, no todo es negativo». Un niño también tiene ilusión. Intenté de alguna manera reflejarlo en el texto y creo que Raquel intentó reflejarlo en las ilustraciones.
Tanto tú como Álvaro Sánchez estáis detrás del proyecto Beland. Ambos sois vigueses que ahora viven en Madrid, una situación que se repite en mucha gente joven ¿Crees que Beland también puede ser una historia para ellos?
Absolutamente. Creo que la gente que más se ha emocionado cuando cuento la historia es justamente los inmigrantes del interior. Creo que los gallegos tenemos muy presente la tierra, como todos mis amigos de Madrid, que ninguno es de Madrid, Madrid.
Enseguida entienden el concepto de beland, porque realmente beland es el lugar en el que a lo mejor no vives, a lo mejor solo visitas una vez al año, pero que es tu sitio de referencia, donde te sientes tú y donde recuerdas a todas las personas que han formado parte de tu vida. Y creo que eso, cualquier joven o mayor que ha tenido que irse del lugar donde nació, que vivió lejos de su familia, o que ha tenido que mudarse muchas veces y va dejando a muchas personas queridas detrás, creo que ahí es donde conectas con la palabra y con el concepto, porque nadie mejor que tú sabe lo que es echar de menos un sitio.
Más allá del cuento, ¿qué es el movimiento #Beland?
El movimiento Beland es nuestra forma de respaldar la palabra con hechos. El movimiento #Beland busca sensibilizar sobre el derecho de todas las personas a tener un lugar seguro. Es decir, pasamos de beland como concepto personal a beland como conciencia social y un recordatorio de que todas las personas tienen este derecho.
Es un movimiento que busca promover la solidaridad, la empatía, la convivencia y un poco la responsabilidad colectiva. Igual que a los niños les decimos que entre todos podemos hacer que un alumno nuevo se sienta bien al llegar a la clase, es una forma a nivel social de recordar que todos tenemos la responsabilidad de que las personas se sientan a salvo a nuestro alrededor. Entonces, cuando hablamos del movimiento beland, hablamos del espíritu de la palabra.
Con mis amigos ya he acuñado el término. Cuando vemos algo, un gesto bonito, vemos un acto solidario, vemos una iniciativa chulísima que intenta, yo qué sé, proteger los negocios locales del barrio, es como «que belander». Es una forma así de que no sea solo una palabra, sino que sea algo que te recuerde el valor de las personas y que te inspire a poner tu granito de arena.
Tanto el cuento como el proyecto completo está respaldado por la Fundación Alba Torres Carrera y Save the Children. ¿Cuál es el objetivo de esta colaboración?
Bueno, el objetivo es que nosotros queríamos que además de palabras tuvieran una ayuda real a niños y niñas en situaciones de emergencia. Entonces, buscamos una fundación que estuviera especializada en la infancia y que supiéramos que todo lo que consiguiéramos recaudar fuera a ser utilizado de la mejor manera posible. Y ahí fue cuando nos encontramos con el Fondo de Emergencia para la Infancia de Save the Children que se centra en situaciones de conflicto. Creo que ahora mismo están trabajando en Palestina, Ucrania y Sudán.
Queríamos que todos los esfuerzos que nosotros hiciéramos de la palabra, del libro, del lenguaje; tuvieran una repercusión real. Y así fue como surgió el reto, el 'Reto Beland', que ahora mismo creo que vamos por 6.500 euros o algo así, pero estamos comprometidos con llegar a los 10.000, idealmente, antes de que acabe el año. No sé cómo optimista soy, pero se va a intentar.
Cualquiera que se quiera sumar puede. Por supuesto, hacer una donación directa si busca el reto Beland Save the Children o con la compra del libro; todos los beneficios del libro están destinados a ese reto con este fin solidario.
- Marcos, el niño de 6 años que acertó a última hora con el primer premio del sorteo del Niño
- Argentina autoriza la entrada en sus aguas a barcos chinos por un fuerte temporal; pesqueros gallegos, a la capa
- Una familia lituana-holandesa compra una casa en Santa María de Oia que convertirá en alojamiento para turistas y peregrinos
- Un ingeniero vigués diseña el primer chip capaz de funcionar al filo del cero absoluto de temperatura: -268 ºC
- Familias que deciden no celebrar Papá Noel: «Hay que pararse a pensar qué queremos en vez de dejarse llevar por la corriente»
- Lluvia de millones en Galicia con un repartido primer premio y un segundo casi íntegro en O Porriño
- La Armada Argentina intercepta un pesquero de Freiremar dentro de sus aguas nacionales
- Retiran la incapacidad absoluta a un camionero con agorafobia al poder realizar «teletrabajo»