Ver bien para aprender mejor
La optometrista Patricia González ofreció en el colegio Divino Salvador una charla sobre visión y aprendizaje, explicando cómo la salud visual influye en el rendimiento escolar

Charla sobre Visión y Aprendizaje en el Colegio Divino Salvador
En el colegio Divino Salvador, la optometrista Patricia González logró que docentes y familias miraran la educación con otros ojos. En una charla dinámica, hilada con explicaciones claras y ejemplos muy cotidianos, desveló cómo comportamientos que solemos etiquetar como «problemas escolares»: leer despacio, perderse entre líneas o no terminar las tareas, pueden tener su raíz en alteraciones visuales que pasan desapercibidas incluso para los adultos.
González, que terminó sus estudios en plena pandemia, cuenta que su vocación por la optometría nació del deseo de ayudar. Con un máster en terapia visual y la certeza de que muchos problemas escolares están ligados a la vista, empezó a ofrecer sesiones en los centros educativos. Su empeño divulgativo responde a una realidad clara: aún existe un gran desconocimiento sobre lo que significa realmente «ver bien».
«Ver bien» no es suficiente
Durante la sesión, González explicó que la visión no es solo cuestión de nitidez. «Tener una buena agudeza visual no implica que todas las demás estructuras y sistemas a nivel ocular estén funcionando bien», recalcó. Sistemas como la acomodación, la convergencia o los movimientos oculares son esenciales para leer y escribir con fluidez.
Uno de los puntos más llamativos fue el papel de los movimientos sacádicos, esos pequeños saltos que hacemos de palabra en palabra. Cuando fallan, surgen errores que los docentes conocen demasiado bien: «Si los movimientos sacádicos no son precisos, cuando hacemos el salto nos pasamos a la palabra siguiente», explicó. Entonces, los niños leen «me fui casa a» en lugar de «me fui a casa». Lo mismo ocurre al cambiar de línea: «Podemos comernos una fila, dos, tres…».
«Hay niños que nunca terminan los ejercicios en clase. Tú les preguntas y te dicen: “Nunca me da tiempo”. Ahí está habiendo una dificultad»
Estas dificultades hacen que la lectura exija un esfuerzo tan grande que la comprensión se vea perjudicada. «Le cuesta tanto leer que no comprende lo que está leyendo», apuntó la optometrista. Para González, estas señales no deben ignorarse: «Hay niños que nunca terminan los ejercicios en clase. Tú les preguntas y te dicen: “Nunca me da tiempo”. Ahí está habiendo una dificultad». Y recordó algo esencial: muchas de estas alteraciones pasan inadvertidas porque los propios niños no saben expresar lo que ven. «Ellos no saben cómo tienen que ver. Si siempre vieron así, creen que todos ven igual».
Terapia visual
González explicó que, cuando se detectan alteraciones, puede trabajarse con terapia visual, un entrenamiento que combina sesiones en consulta y ejercicios en casa. «Todo lo que evaluamos tiene solución», aseguró. «Hay ejercicios para mejorarlo y se automatiza para que el niño no tenga que estar pensando en no perderse o en que le van a decir que no sabe leer». Entre los ejemplos, compartió uno tan sencillo como: «Encestar garbanzos en una botella con un ojo cerrado. Parece fácil, pero mejora la localización espacial y el cálculo de distancias».
Uno de los momentos más comentados fue la presentación de juegos como herramientas para trabajar la percepción visual de forma lúdica. Susana Ferreiro, docente del centro y también madre, señaló dos que le entusiasmaron especialmente: «Me han encantado los juegos que nos enseñaron, como Robot Face Race y Fantasma Blitz».

Charla sobre Visión y Aprendizaje en el Colegio Divino Salvador / FDV
Estos materiales, explicó González, «trabajan la atención visual, la discriminación de detalles, los reflejos y la rapidez del procesamiento», habilidades directamente relacionadas con la lectura, la escritura y la concentración. Ferreiro está convencida de su utilidad en el aula: «Incorporar este tipo de juegos puede ser una manera divertida y eficaz de estimular la percepción visual, mejorar la concentración y fomentar la coordinación ojo-mano».
Pantallas y visión cercana
La charla dejó claro que muchos problemas escolares no tienen su origen en la capacidad intelectual del niño, sino en la manera en que sus ojos procesan el entorno. En un contexto en el que la miopía no deja de crecer —«más del 50% de la población será miope en 2050», recordó González— y en el que las horas de visión cercana se disparan, comprender cómo vemos se convierte en una herramienta imprescindible para el aprendizaje. «El sistema visual no está preparado para tantas horas en visión cercana», advirtió la optometrista. Y el problema va más allá del móvil o la tablet: es la suma de rutinas. Clases, deberes, pantallas… y muy poco tiempo al aire libre. «Los niños deberían estar como mínimo tres horas al día en exterior, y no lo está ninguno», afirmó.
«Cada 20 minutos deberíamos descansar 20 segundos mirando a 20 pies, unos 6 metros»
Entre las recomendaciones más prácticas destacó la regla 20-20-20: «Cada 20 minutos deberíamos descansar 20 segundos mirando a 20 pies, unos 6 metros». Un gesto sencillo que permite relajar el sistema visual y evitar el esfuerzo continuado al que lo sometemos sin darnos cuenta. Para Ferreiro, estas advertencias fueron especialmente iluminadoras. La docente confesó que la sesión le hizo replantearse la gestión de las pantallas en casa y la necesidad de compensarlas con actividades al aire libre. También recalcó la importancia de esos pequeños hábitos que suelen pasarse por alto: «Mantener una buena distancia de lectura y cuidar la iluminación son detalles mínimos, pero pueden marcar una gran diferencia en el desarrollo visual de los niños».
¿Qué pueden hacer familias y centros?
El mensaje final de González fue tranquilizador: «Que nadie entre en pánico. Todo esto tiene solución. Tenemos opciones para mejorarlo». Ferreiro lo tiene claro: «Podríamos establecer hábitos sencillos como limitar el uso prolongado de pantallas, fomentar actividades al aire libre y vigilar que tengan una buena postura y distancia cuando leen o hacen tareas».
En el ámbito escolar, ambas coincidieron en que existen líneas de mejora al alcance de cualquier centro: «El colegio podría ayudar incorporando descansos visuales, actividades que estimulen la percepción visual y revisando la iluminación de las aulas», apuntó Ferreiro.
También considera fundamental seguir formando a la comunidad educativa: «Sería útil ofrecer más charlas o talleres para que todos estemos mejor informados y podamos actuar de manera preventiva». Porque «la salud visual también se educa. Y tenemos que educarla», concluye.
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