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Padres y adolescentes: claves para tender puentes y mejorar la comunicación según los expertos

Cuando termina la tierna infancia parece que, en muchos casos, los menores se convierten en auténticos desconocidos, pero ¿estamos realmente creando espacios de diálogo con ellos? ¿Estamos dispuestos a escucharlos?

Imagen de unos padres con su hija adolescente.

Imagen de unos padres con su hija adolescente. / Envato

Vigo

En la película de Sofia Coppola Las Vírgenes Suicidas, la menor de las hermanas Lisbon, Cecilia, pronuncia esta frase en el hospital después de un episodio de autolesión: «Obviamente, doctor, usted nunca ha sido una chica de 13 años».

Aunque, en efecto, no todos los adultos han sido una chica de 13 años, la cita refleja bien ese sentimiento de incomprensión que tanto caracteriza la adolescencia. Un sentimiento que parece olvidarse nada más adentrarnos en la vida adulta y que resulta aún más lejano cuando se vive desde el otro lado: el de los padres o los familiares a cargo de un niño o de una niña de más de 12 años.

«Muchas veces sienten que no les entendemos, que no les escuchamos o que no les hablamos con respeto», explica a FARO la psicóloga especializada en terapia infanto-juvenil Ana María Sieiro, «es curioso, porque estamos más acostumbrados a escuchar que son los adolescentes los que no respetan a sus padres. Sin embargo, muchas veces los adultos les decimos cosas que no le diríamos a un compañero de trabajo. ‘Ya empiezas con lo mismo, ya estás con tonterías’....». ¿Cómo entablamos, entonces, un diálogo fructífero con ellos?

La ruptura

Está claro que la adolescencia no es una etapa sencilla. De repente, el niño o la niña que hasta entonces observaba con devoción a sus padres y habitaba el mundo con un aura de candor e inocencia se transforma en una persona que, aunque todavía muy joven, empieza a reclamar cierta independencia.

«Sus cerebros son diferentes y sus experiencias son diferentes», afirma Sieiro. Durante esta etapa, el lóbulo prefrontal no ha madurado por completo, lo que provoca un comportamiento mucho más reactivo e impulsivo. También son más sensibles a la presión del grupo y a la validación externa. «Si nosotros nos centramos en por qué han perdido las formas o qué es lo que les ha llevado a esa desrregulación emocional, quizá no lo vivimos tanto como un tema de falta de respeto, sino como una dificultad para controlar la situación que están viviendo».

«Las mentiras de los adolescentes son, sobre todo, para proteger el vínculo que tienen con los padres»

Ana María Sieiro

— Psicóloga infantil juvenil

Ellos mismos son conscientes de que las cosas cambian —a pesar de no expresarlo en voz alta— y de todo lo que eso conlleva en el núcleo familiar. «En las consultas con adolescentes los padres ocupan un tema principal en la sesión y creo que muchos ni se lo imaginan», reconoce la psicóloga. Tal y como explica, cuando los chicos y las chicas se acercan a la adolescencia «empiezan a ser más como van a ser en el futuro» e identifican mejor su identidad. Ahí surgen miedos como, «¿me seguirán queriendo, aunque ahora ya no soy aquella niña o aquel niño al que le encantaba que fueran con él al fútbol o a clases de música?».

«Las mentiras de los adolescentes son, sobre todo, para proteger el vínculo que tienen con los padres», subraya la experta.

Tender puentes

Ante este escenario, muchos padres sufren al sentir esa distancia y tratan de acercase sin éxito a los menores. No es porque no les quieran; a veces simplemente no saben cómo hacerlo.

Uno de los errores más comunes es no escuchar. La psicóloga Ana María Sieiro lo expone de esta forma: «Tendemos a finalizar por ellos las frases o a quitarle importancia a lo que están planteando. Escuchar activamente significa pararse, callarse y prestar oídos, respetando su manera de ver las cosas». «Muchas de las cosas que trabajamos las personas adultas en terapia tienen que ver con situaciones que nos han pasado en la adolescencia, en las que no hemos sido escuchados o hemos sentido que no se nos había tenido en cuenta», asevera.

«Muchas de las cosas que trabajamos las personas adultas en terapia tienen que ver con situaciones que nos han pasado en la adolescencia»

Una forma de combatir esto es mostrar interés por sus hobbies y hacerles partícipes de las conversaciones que se dan en el hogar.

La psicóloga propone a las familias sentarse a escuchar la música que les guste a sus hijos adolescentes y, en vez de escandalizarse con las letras, probar a preguntarles de qué hablan o qué significan para ellos: «A lo mejor en esta canción que los niños están repitiendo una y otra vez hay un montón de mensajes de lo que ellos están viviendo y estamos pasando por alto».

Los medios y las redes como punto de (des)encuentro

Escuchar una canción juntos revela más información de lo que parece. También sirve para generar conversación sobre cuestiones que no salen tan a menudo en la rutina.

Con todo, estos momentos parecen escasear cada vez más; en parte, porque los hábitos se están transformando. Por ejemplo: ¿en cuántos hogares se sigue compartiendo mesa para comer con el televisor de fondo y comentar la actualidad?

«La capacidad crítica y reflexiva tiene que seguir existiendo en las familias, aunque sea en contextos diferentes a los de antaño»

Mari Carmen Caldeiro

— Doctora en Comunicación y Educación

«Los hábitos de consumo informativo dentro de las familias cambian debido al acceso inmediato a dispositivos personales, la fragmentación de los horarios o las dinámicas laborales», reflexiona Mari Carmen Caldeiro, Doctora por la Universidad de Huelva en Comunicación y Educación y profesora de la Facultad de Formación del Profesorado de la USC. «Durante décadas el telediario fue un ritual intergeneracional, no solo de los padres, sino del resto de integrantes de las familias, que hace años eran más grandes».

En este cambio de paradigma (en el que entran en juego muchos factores), las redes sociales han ocupado el terreno y se han convertido en la fuente principal de información para los adolescentes. Un estudio del Eurobarómetro de 2024 señala que el 49 % de los jóvenes españoles entre 16 y 30 años recurre a redes como Instagram y TikTok para informarse, frente al 44 % que opta por la televisión.

Los móviles pueden aislarnos dentro del hogar. | // FDV

Los móviles pueden aislarnos dentro del hogar. / FDV

Estas plataformas funcionan a partir de algoritmos de personalización del contenido, por lo que cada usuario vive en una pequeña burbuja que puede no tener nada que ver con la persona que tiene al lado. «En ese punto es donde entra el papel de la alfabetización. En la era digital creo que es fundamental, porque,efectivamente, lo veraz, lo verosímil y lo real no siempre son sinónimos, y dependiendo del perfil y de la óptica de quien lo perciba, menos todavía», analiza Caldeiro.

Además, señala que «se les atribuye a los jóvenes el desarollo de una mayor autonomía informativa, se exponen a múltiples fuentes desde edades más tempranas. Y aunque la familia no haya perdido su papel formativo, de alguna manera, se va desdibujando».

Por tanto, «la capacidad crítica y reflexiva tiene que seguir existiendo en las familias, aunque sea en contextos diferentes a los de antaño». Para trabajar en estas cuestiones, la investigadora propone a los padres que analicen con sus hijos algunas noticias, ‘jugando’ a identificar las fuentes de información o contrastando el enfoque con otros medios de comunicación.

La psicóloga Ana María Sieiro opina que «se lo estamos poniendo muy difícil a los adolescentes de hoy con las redes sociales. Les estamos dando por un lado el veneno y, por el otro, les reñimos porque se lo toman». Caldeiro prefiere añadir luz a este contexto: «Hay muchos estudios que muestran el lado negativo y otros menos que muestran las potencialidades de los jóvenes. Con las redes también reflexionan y crean contenidos de valor, no solo peyorativos. No estamos llegando a una equidad, pero me parece que es de justicia que lo bueno también aflore».

Para poner en práctica:

La psicóloga Ana María Sieiro, directora del centro Achega, explica varias técnicas que pueden aplicar los padres para abrir una conversación valiosa con sus hijos. Por ejemplo, en vez de preguntar simplemente «¿qué tal el examen de Matematícas?» (a lo que el chaval o chaval responderá la mayoría de veces con un escueto monosílabo o incluso entenderá como un ataque), introducir la pregunta con información de la que se tenga constancia: « Oye, estabas ayer preocupado por el examen de matemáticas, ¿ al final salió mejor o peor de lo que esperabas?».

Además, la cosa no solo va de preguntar. Sieiro anima a los adultos a contarles cosas de sí mismos a los adolescentes, para que vean que también confiamos en ellos. «En un ‘buenos días’ puedes contar algo sobre ti, si has dormido bien o no, si has tenido pesadillas. Si tú estás dando una información de ti, es mucho más fácil que él o ella también te responda con algo».

El famoso neuropsicólogo Álvaro Bilbao también ha brindado recientemente unas cuantas pautas prácticas a través de sus redes sociales para conocer mejor a los hijos:

  1. Preguntas sobre sus preferencias: «¿Cuál es la cena que más te gusta?», «¿Qué postre recomendarías a tu mejor amigo?».
  2. Preguntas sobre sus ideas: «¿Tienes alguna invención en tu cabeza?», «¿Con qué crees que vas a soñar esta noche?».
  3. Preguntas sobre sus sentimientos: «¿Cuál es tu recuerdo más feliz?», «Dime una cosa que podría pasar mañana y que haría que te levantaras muy contento/a».
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