Más allá del aula: los (otros) imprescindibles en los colegios
Cuidadoras, conserjes o limpieza y comedor se vuelven "indispensables" en el día a día de todos

María José Lemos y Nieves Martínez, equipo de limpieza y comedor del Colegio Don Bosco / Alba Villar
Lo más preciado de cada familia crece aquí, en los pasillos que de mayores recordarán como su segunda casa; y no solo los profesores forman parte de una familia que enseña en el sentido más amplio del término, que cuida y acompaña. Ha sido masiva la respuesta de claustros y hogares cuando les hemos preguntado por la labor del personal no docente en sus centros y un adjetivo ha destacado entre todos los demás. Por eso, el título de este reportaje no podía ser otro.
“En el cole, todo el mundo sabe quiénes son María José y Nieves”
Educar parece quedarse corto para describir la labor que María José Lemos y Nieves Martínez, a cargo de la limpieza y el comedor, ejercen en el Colegio Don Bosco (Salesianas). Juntas suman 24 cursos en el centro, 12 exactos cada una, porque fueron contratadas “el mismo día y a la misma hora” y desde entonces son inseparables, el “tándem perfecto”, en palabras de los profesores de Primaria del colegio: “Los niños les tienen un respeto impresionante, y a la vez sienten puro amor por ellas”.
En el centro, el comedor es una asignatura más y es que aprender a alimentarse es fundamental. Aquí es donde Lemos y Martínez consiguen con naturalidad que los niños quieran otro potaje, que el orden sea “impresionante” o que se cambien los mandilones: “Es supergratificante ver que un niño que no comía nada a principio de curso empieza a hacerlo muy bien, pero también hay que picar mucha piedra”, nos cuenta Nieves: “¿El truco? No sé… Diría que hay que ser firme, muy simpática sí, pero muy firme a la vez”.
Además y a mayores de encargarse del rincón de los buenos modales para que los peques aprendan a comportarse en la mesa, también les inculcan con gracia la limpieza y el orden: “Cuando dejan mal el aula, les dejan notas en la pizarra o colocan los estuches en la papelera para que sepan que tienen que ir a buscarlos”, sonríe una profe del centro mientras nos lo cuenta: “Desde los tres años, los niños las adoran. Todo el mundo en el cole sabe quiénes son María José y Nieves”. “Ah claro, cuando son un poquito mmmm… que tiran las cosas al suelo, les dejamos notitas: ‘el material no se tira’ y cosas por el estilo”, se ríe Nieves, que confirma que son un poco “las Pili y Mili del cole” y que a menudo las confunden.

María José Lemos y Nieves Martínez, equipo de limpieza y comedor del Colegio Don Bosco / Alba Villar
“Ni se me pasa por la cabeza jubilarme”
“Me encanta mi trabajo. Cocina y comedor somos un gran equipo. A la edad que tengo podría estar pensando: ‘qué ganas tengo de jubilarme’, pero ni se me pasa por la cabeza. Trabajamos muy a gusto, es un cole muy familiar, lo siento como mi segunda casa y hay niños que dices…: ‘Es que para mí es como si fuese un nieto’”, cuenta Nieves, que también tiene relación con las familias: “Es que es supergratificante que llegues y un niño te dé un abrazo: ‘¡Hola, Nieves!’. Merece la pena el esfuerzo; es un trabajo muy chulo, el ambiente en el cole es genial”.

Bea Polo / FDV
Una conserje que “vale su peso en oro”: “Sin Bea, este centro no sería ni la mitad de lo que es”
“Siempre está ahí para lo que necesitas; tiene grandes ideas y, si hay que decorar, poner música, arreglar un proyector, está ahí la primera, incluso para los problemas informáticos; pero es que además conoce a todos los niños, sabe exactamente cómo es y qué necesita cada uno. Y todo lo hace con alegría y buen humor. Por eso te digo que vale su peso en oro. Sin ella, este cole no sería ni la mitad de lo qué es”.
Así nos describe Charo Martínez, profesora de 5º de Primaria y responsable de la Biblioteca escolar del CEIP A Carballeira, el papel imprescindible que Bea Polo, conserje del centro desde hace más de 15 años, juega en el colegio, una de esas personas que todo el mundo querría tener cerca; que, cuando te dice ‘estoy aquí para lo que necesites’, te lo dice de verdad.
De agrónoma a ordenanza para conciliar
Hay historias de libro, de cine, de todo tipo; pero a menudo las mejores son las que nos encontramos en el día a día, en la vida real.
Perito agrícola y cansada de horarios desbordados, incompatibles con la maternidad, Polo decidió dejar su trabajo y opositar a ordenanza: “Es que no tiene nada que ver un trabajo con el otro, haces de todo: pintar, arreglar bombillas, decorar el cole... ”, nos cuenta la conserje del CEIP A Carballeira de Vigo.
Siempre en contacto directo con profes, familias y alumnado, ella lo tiene claro: “La alegría te la dan ellos, los niños, sus caras por las mañanas. Cuando se olvidan la merienda, se ponen malitos, cuando alguna profesora tiene que salir y jugamos a Pasapalabra... Les ves crecer desde los 3 a los 12 años, es que es mucho tiempo”, dice y responde: “¿Qué es el cole para mí? El cole para mí es mi segunda casa, mis hijos se criaron allí; es mucho tiempo…; mi segunda familia”.

Begoña Porto / FDV
Un espacio seguro en el aula: “La necesitamos para enseñar”
Que “si no estuviese ella en el aula, sería muchísimo más difícil enseñar”; que “todos los niños la tienen como una referencia absoluta, que les da tranquilidad”; y que, en definitiva, “se trata de la cuidadora perfecta” es lo primero que nos cuenta María Aurea Fernández, profesora en el CEP Plurilingüe Igrexa-Valadares, para describir a Begoña Porto, cuidadora del alumnado con Necesidades Educativas Especiales (NEE) en el centro: “Cuando llega al patio, los niños la buscan, les trata a todos con muchísimo cariño, está pendiente de todo… Se nota mucho la diferencia cuando no está”.
Ser uno más para que ellos también lo sean
“Claro como estoy en el aula, los alumnos me ven como a una más y yo encantada. Porque, además, así también integran mejor a los de NEE”, nos dice ahora la propia Begoña Porto, que parece haberse convertido en todo un espacio seguro en el cole. Cuenta que siempre le han gustado los niños, que por eso estudió Magisterio Infantil y que le encanta su trabajo: “Es duro y hace falta paciencia, pero es muy gratificante. Con los niños, cualquier avance lo vives mucho… Tenemos un ambiente muy bueno, trabajo con gente muy guay, que me trata como a una más”.

Olalla González Costas / FDV
Referencia de “paciencia, amor y respeto” para todos: “Hace un trabajo maravilloso”
“Su actitud frente a las situaciones difíciles es la de mejorar, anticiparse, buscar soluciones. Siempre con buena cara, con buenas palabras”. Todos sabemos que cumplir con nuestra labor con una sonrisa pase lo que pase no siempre es fácil y, en cambio, hay quien que lo consigue cada día y nos inspira al resto.
Olalla González Costas es cuidadora del alumnado con NEE del CEIP Valle-Inclán y un ejemplo de trabajo para Paula Rey, la directora del centro: “Es que siempre se adapta a las necesidades de cada uno; ya no se trata solo de hábitos higiénicos o de aprender a comer, su acompañamiento es también emocional. Hace un trabajo maravilloso”.
De hecho, nos cuenta Rey, gracias a la empatía y comprensión de González, el alumnado la tiene como referencia y la busca cuando necesita un desahogo en el aula. Saber que hay alguien tan competente supone una gran tranquilidad para las familias y también para el equipo directivo; ver la paciencia, el amor, el respeto que tiene por ellos, más aún”.
“Aprendo mucho de ellos. Veo la vida con otros ojos”
“No es que no me enfade, es que entiendo lo que les pasa”, nos cuenta por su parte Olalla González Costas, que siempre había trabajado en el área más asistencial con personas mayores y niños y que por eso se apuntó a las listas de la Xunta de Galicia para auxiliar técnico educativo (ATE - cuidador).
Tras diez años en este puesto, cuenta que le encanta trabajar con niños por lo que aprende de ellos, y añade: “El alumnado con NEE me aporta todavía más si cabe. Ellos me ayudan mucho: a ver la vida de otra manera, con otros ojos; a ser más flexible”.

Alejandro Mateo / FDV
Así se crea comunidad: “Las risas, la música y los acertijos matemáticos están asegurados en secretaría”
Fan de los Rolling Stones o de The Doors y un auténtico apasionado de juegos de mesa como Dixit, el secretario del Colegio Monterrey Vigo, Alejandro Mateo, es la primera persona a la que tanto alumnado como familias se encuentran cuando llegan al centro desde hace ya diez años, un tiempo en el que ha sabido ganarse su confianza y convertirse en toda una institución: “Al final, tu trabajo es administrativo, pero les ves todos los días y les coges cariño; tú también fuiste niño e intentas entenderles, te cuentan sus cosas y sus propuestas…”, comenta y se ríe cuando le preguntamos por la música de hoy en día: “Claro, pues también intento hablar de trap, reguetón, me culturizo con la música de ahora, también por mis hijas. A mí también me decían: pero cómo escuchas eso. Intentas compartir… No es cierto que la juventud de ahora sea peor, las épocas cambian y hay de todo, exactamente igual que hace 20 años”.
Cuenta la profesora del centro Adela Domínguez que Mateo es un ejemplo de que la comunidad educativa se crea en equipo y, con sola una conversación telefónica con él, creemos entender por qué. “Tiene un carácter muy alegre y muy cercano, que hace que el ambiente de acogida sea muy cálido. Los alumnos acuden a él ante cualquier duda o necesidad”, cuenta la maestra y es que, detalla, “las risas están aseguradas en secretaría”: “Siempre les tendrá preparada una prueba de ingenio matemático o un acertijo para ‘conseguir’ el material que van a buscar o recoger la mochila que se habían olvidado”. “Además, a los alumnos de los últimos cursos les encanta charlar con él durante algún recreo sobre música y es el encargado de dinamizar la zona de juegos de mesa de la biblioteca escolar”.
Hay dos formas de sacar adelante cualquier trabajo: simplemente hacerlo o hacerlo de la mejor forma posible y, a lo largo de este reportaje, hemos descubierto una cosa: que la segunda opción nos hace sentirnos más plenos: “Si tengo que ir al curro y estar amargado… Intento pasarlo lo mejor que puedo. Me encanta trabajar en un colegio y ahora mismo no lo cambiaría por nada. Es como volver a la infancia, al espacio seguro de un cole, como una segunda casa”.

Ángela Gameiro / FDV
Recibirles con la legaña puesta, hacerles sentir “como en casa”
Monitora en el servicio de madrugadores, Ángela Gameiro recibe cada día a los peques de Infantil del CEIP Emilia Pardo Bazán prácticamente aún con la “legaña puesta”, en “uno de los momentos más complicados del día”: “A ellos les cuesta separarse de nosotros, pero a nosotros como familias también; y supone una tranquilidad enorme tener esa garantía que de hay alguien pendiente de ellos, no solo de que no se caigan o de que no se marchen, sino, también y sobre todo, de cómo se sienten. Los conoce a todos por su nombre y circunstancias. Realmente tienes la sensación de que los cuida como si fuesen sus propias hijas”, nos cuenta visiblemente agradecida una madre del centro.
“Para mí, la etapa de Infantil es la más importante”
“A ver, claro, es que para mí son mis niños”, nos dice Gameiro, que decidió sacarse el curso de monitora de Ocio y Tiempo Libre precisamente por lo mucho que le gustaba trabajar con ellos: “Lo que más me gusta es estar con ellos, entenderles, mediar en sus conflictos. Aprendo muchísimo”, cuenta y responde: “Intento implicarme mucho porque para mi la etapa de Infantil es la más importante y, al igual que quiero que para mis hijas sea superbonita y entretenida, pues intento que sea así para todos los niños del cole”.
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