Detrás de esta final se esconde, en realidad, el trabajo de dos países para emerger tras tiempos tenebrosos. Inglaterra se asoma al partido que lleva 55 años esperando. Un partido que no han jugado generaciones que se han perdido en el camino, mientras Italia, rescatada del abismo que vivió hace tres años (ni se clasificó para el Mundial de Rusia-2018), disfruta del renacimiento. Southgate encarna un método de éxito, cimentado en el trabajo colectivo del país que inventó el fútbol y Mancini irradia la luz emocional y táctica que despertó a una vieja escuadra.

La batalla del medio

Pasado el mal trago de España donde no fueron nada de lo que habían sido en este torneo, los tres centrocampistas de Italia, con el jefe Jorginho escoltado por sus compinches Barella y Veratti confían en reconquistar el balón. Y tener, como había sido en todo el torneo, el control de los partidos. Ahí nace el origen de la mutación vivida por la squadra azzurra, una selección que adora tener la pelota rechazando aquella vieja idea del catenaccio. Tan culturalmente italiana. No hay mejor defensa que tenerla. Y cuando no la posee, como sucedió en la semifinal con La Roja, recupera el gen perdido de su historia parapetada en esos tiempos en que no había mejor defensa que construir un muro alrededor del portero, en este caso Donnarumma. Inglaterra, sustentada sobre esa pareja que forman Rice (West Ham) y Kalvin Philips (la obra esculpida con paciencia por Bielsa en el Leeds), también quiere la posesión, en lo que representa otro de los grandes cambios culturales vividos en la Eurocopa. Maneja un 54% de promedio, superior al 52% de los italianos, por lo que la batalla de Wembley que se librará en la zona ancha determinará el desenlace de la final.

El factor Harry Kane

A Lukaku, el goleador de Belgica, Italia lo defendió bien. A Dani Olmo, el falso nueve que se inventó Luis Enrique, ni lo detectó como quedó demostrado en el gol de Morata, aunque Bonucci y Chiellini presuman, y con razón, que ellos sí están en la final, mientras los españoles llevan ya días de vacaciones. Con Kane, punto y final del ataque inglés, arropado por la creatividad de un Sterling que se ha desatado tras un mal final de curso con el City, la situación es distinta. Al delantero del Tottenham, que pretende llevarse Guardiola a Manchester, le costó entrar en la Eurocopa. Mientras llegaba Harry iba marcando Sterling, quien firmó tres goles en los cuatro primeros partidos, abriendo camino a su país.

Ahora, Kane suma cuatro tantos en los tres últimos encuentros habiendo encontrado la ruta más sencilla para acreditar su eficacia, necesitado como anda de un gran éxito internacional. No dispara demasiado (15 tiros en 529 minutos de competición, ocho de ellos a puerta y cuatro goles, dos con la derecha, con la cabeza), pero sí tiene un valor que le resultará difícil controlar a Italia. No vive Kane en el área sino que le encanta bajar a recibir para asociarse con los centrocampistas (Rice, Phillips y Mount), abriendo así autopistas para que los jugadores de banda (Sterling y Saka, el joven talento del Arsenal) puedan medirse en situaciones de uno contra uno con los laterales italianos si Bonucci o Chiellini se aventuran a perseguir a Kane en sus viajes fuera del área.

Pickford

Acostumbrada a porteros que han sido verdaderas calamidades, Jordan Pickford, el guardameta del Everton (27 años), ha supuesto un torrente de calma en un país que se echaba a temblar cada vez que el balón se acercaba a su área. Seis partidos, 570 minutos de competición y solo un gol encajado, el del danés Damsgaard en la semifinal con un maravilloso lanzamiento de falta desde fuera del área. Aún así, se escrutó y debatió sobre si Pickford estaba en el sitio adecuado para impulsar su vuelo, estéril vuelo hacia el balón. En los cinco primeros partidos, Inglaterra selló su portería a cero, aunque se ha visto obligado a parar más que su colega Donnarumma.

El inglés lleva 11 paradas en el torneo; el italiano solo nueve, lejos ambos, por ejemplo, de las 21 del suizo Sommer o las 18 del danés Schmeichel. Aunque en la final se enfrentará Pickford, protegido como anda siempre por dos torres como Stones y Maguire, al segundo equipo que más remata. Italia lleva 108 tiros; España es el primero aún y se fue con 111. Para medir el impacto del ataque de la máquina edificada por Mancini en tiempo récord basta recordar que Inglaterra ocupa el quinto lugar, con 58 disparos.