Hace casi una década que esa puerta permanece cerrada para España, una selección que ha transitado por los bajos fondos de los grandes torneos, mirada de mala gana por los demás, incapaz como fue de defender con dignidad la corona que se ciñó en la Eurocopa del 2012. Desde entonces, la nada.

Al rejuvenecido grupo de Luis Enrique le toca esta tarde en Copenhague encontrar la llave, perdida ya hace años, para derrotar a Croacia, una selección que está ya en la recta final de su gloriosa época, y abrir esa puerta que le permita abandonar ese páramo deshabitado. En el Parken Stadium de la capital danesa se librará un conflicto realmente generacional. Unos que quieren llegar y otros que andan de vuelta.

Una España que ha hecho del ataque una forma de entender la vida futbolística. Y una Croacia cuyo oficio se ha convertido en un pasaporte hacia el éxito, más pendiente de su pasado que del futuro que le queda por delante. Un partido que coloca al grupo de Luis Enrique en el umbral del cambio. Si gana pisará un territorio desconocido en las tres últimas citas: cayó en la primera fase del Mundial de Brasil-2014, era echada a casa en los octavos de final de la Eurocopa de Francia-2016 por Italia, idéntico límite con el que topó en el Mundial 2018 ante Rusia, la anfitriona. “Una palabra para definir mis sensaciones? Confianza, confianza a tope”, casi gritó ayer Luis Enrique, que prepara con su tradicional optimismo “la segunda final del torneo”. En la primera, su selección solventó el match-ball con un contundente 0-5 a Eslovaquia que le permitió subirse al avión camino de Copenhague, la ciudad que, tal vez, determinará su futuro inmediato.

Hay partidos que marcan, en realidad, la proyección de una generación de jugadores. En Croacia aún resisten, liderado por el mágico Modric, 13 jugadores que fueron subcampeones del mundo hace tres años. En España, sin embargo, solo hay seis supervivientes de aquella cita, lo que prueba la verdadera magnitud de la revolución acometida por Luis Enrique, técnico tan valiente que prescindió de los jugadores del Madrid, sin temblarle el pulso por deja a Ramos, el capitán, en su casa. Jugó sin red ante Eslovaquia y le salió bien.

“No, no ha cambiado nada. Yo vi la misma actitud que ante Suecia cuando creamos diez ocasiones claras o contra Polonia. Lo que te da un resultado de esta contundencia es un subidón de energía y confianza, que le viene muy bien al equipo. Eso es lógico”, admitió el seleccionador, quien no quiso dar pistas sobre si repetirá el once que goleó a los eslovacos o introducira cambios. “Cualquiera de los 24 me da garantías para jugar unos octavos de final y lo digo desde la más absoluta honestidad”, subrayó.

En los tres primeros partidos, Luis Enrique ha ejercido de entrenador y, sobre todo, de psicólogo, tarea que corresponde oficialmente a Joaquín Valdés, el especialista que le acompaña siempre en el banquillo. Al asturiano se le amontonó trabajo en la gestión de la falta del gol, unido a las críticas, que han sobrepasado todos los límites, hacia Morata, amenazado tanto él como su familia. Incluso hasta de muerte, como reveló el delantero de la Juventuts en una entrevista concedida a la Cadena Cope. “La situación es tan grave que debe ser puesto en manos de la Policía porque es un delito grave. Insultar a los familiares de Morata es un delito”, sentenció el técnico.