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El torneo que nadie puede imaginar

El Italia-Turquía abre esta noche en Roma la Eurocopa más extraña de la historia debido al efecto que pueda tener la pandemia y el hecho de jugarse en once países diferentes - Portugal pone en juego su corona

El torneo que nadie puede imaginar

El torneo que nadie puede imaginar

Portugal pone en juego su corona europea con un año de retraso y la duda del efecto que la pandemia y el sistema de competición –con una decena de sedes repartidas por el continente– tendrá en buena parte de las veinticuatro selecciones que toman parte en una Eurocopa abierta, llena de incógnitas, en la que no existen demasiadas certezas y que abre la puerta a cualquier pronóstico. Habrá importantes sorpresas y batacazos antológicos.

El Estadio Olímpico de Roma baja el telón esta noche con el Italia-Turquía (21:00 horas, Tele5) a un torneo que hace un año se aplazó en busca de la ansiada normalidad. No la hemos alcanzado, pero por lo menos se dan unas condiciones mínimas para que haya público en los estadios (alrededor de un tercio en las primeras semanas de competición) y el fútbol pueda separarse un poco de ese desamparo que durante meses han sido las gradas vacías y el eco de los gritos de los futbolistas atronando por la televisión.

En 2012, y con España habiendo firmado meses antes en Kiev un triplete histórico en el fútbol mundial, la UEFA dio el visto bueno a la idea de su entonces presidente Michel Platini, de conmemorar el 60 aniversario de la cita de selecciones con un formato de multisede que recorriese los principales países del continente. Por entonces, nadie atisbaba que una pandemia se fuese cruzar en ese deseo, pero el coronavirus “sólo” ha logrado retrasar su celebración y reducir el número de espectadores de un torneo que tuvo que modificar algunas de las sedes previstas. Dublín se cayó de la lista hace unas semanas y sus partidos se han desplazado a San Petersburgo. Junto a ellos acogerán partidos Alemania (Allianz Arena/Múnich), Inglaterra (Wembley/Londres), Italia (Olímpico/Roma), Dinamarca (Copenhague/Parken), Azerbaiyán (Olímpico/Baku), Países Bajos (Johan Cruyff/Amsterdam), Rumanía (Arena National/Bucarest), Hungría (Puskas Arena/Budapest), Escocia (Hampden Park/Glasgow) y España, con La Cartuja de Sevilla relevando finalmente por temas sanitarios a San Mamés y Bilbao. El frío estadio sevillano acogerá los partidos del grupo de España y uno de los encuentros de octavos de final que se disputarán.

Para las rondas finales, los escenarios elegidos para los cuartos de final son San Petersburgo, Baku, Munich y Roma, mientras que las semifinales y la final del 11 de julio se disputarán en Wembley, donde se coronará al ganador, honor para el que hay muchos aspirantes entre las 24 selecciones que participan, entre ellas debutantes como Finlandia y Macedonia del Norte.

La responsabilidad de defender corona le corresponde a Portugal, algo que únicamente ha podido conseguir en toda la historia la selección española, que encadenó los títulos de 2008 y 2012. Los de Fernando Santos acuden con un buen bloque para optar a todo, con nuevos valores y la todavía “·voracidad” de Cristiano Ronaldo, pero empezarán en el denominado “grupo de la muerte”.

Ahí también están otras dos favoritas como Francia y Alemania, sobre todo la primera, actual campeona del mundo y que quiere quitarse la espina de haber perdido la final de su edición. Los de Didier Deschamps atemorizan con su equipo y con una línea ofensiva donde ha vuelto Benzema para unir fuerzas con Mbappé y Griezmann.

Los de Joachim Löw, en su último torneo como seleccionador alemán, no parecen tan solventes como hace unos años y España fue capaz de derrotarles 6-0 en la Liga de Naciones, pero cuentan con argumentos para volver a estar en la terna tras su fracaso en el Mundial de Rusia.

También hay que contar con dos equipos al alza y aspirantes a todo como son Bélgica, número uno del ranking FIFA y que sigue con su gran hornada de jugadores, pero pendiente del estado físico de Kevin de Bruyne y de las dudas de Eden Hazard tras sus discretos años en el Real Madrid, y de una Inglaterra, avalada por el poderío actual de los clubes ingleses y que tiene artillería en todas sus líneas para intentar acabar con una sequía que data desde 1996 y una Eurocopa que nunca le ha sido benévola.

Y a partir de ahí se abre una nómina de candidatos entre los que pueden estar la renacida Italia, a la que Roberto Mancini, ha dotado de mucha solidez, los Países Bajos, siempre con talento. En esa lista, a juicio de su entrenador, debería estar España aunque resulte complicado asumir tal cosa.

España llega al torneo enredada en mil problemas y polémicas. Un clásico del fútbol nacional. Y no siempre ha encontrado en el clima enrarecido un refuerzo anímico (deseo que ayer mostró el seleccionador). Desde hace días solo se habla de vacunas y Covid. La ridícula gestión de este tema ha provocado que los días anteriores a su estreno solo se hable de la inmunización de los futbolistas. Sucede justo después de que Busquets diese positivo y tuviese que retirarse a su casa a la espera de pasar la enfermedad a tiempo de regresar al torneo. Eso ha convertido la concentración de la selección en una chirigota con los futbolistas entrenando de forma individual, tres burbujas con meritorios por si aparecían más positivos (entre ellos el céltico Brais) y el entrenador dando explicaciones de por qué no llamó a más futbolistas (opción que la organización concede este año precisamente por lo particular de la situación sanitaria). El Covid ha aparcado el debate generado por Luis Enrique con la elección de jugadores. Una lista extraña, con muchos suplentes de sus equipos y notables ausencias como las de Ramos, Navas, Canales y sobre todo Aspas que no ha tenido sitio tras firmar unos números escandalosos en el Celta. Su fantasma será uno de los que persiga a Luis Enrique como las cosas se tuerzan.

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