Opinión | Alfabetización en la nueva longevidad

Experta en liderazgo, en longevidad y escritora
¿Dónde vamos a vivir cuando nos quedemos solos?

Recreación digital de un proyecto de «cohousing senior» en Porto do Molle, Nigrán. / FDV
Muchas veces, cuando hablamos entre amigas de mi generación, surge un tema relevante para todas: dónde vivir en esta etapa de vida cuando nos quedemos solas. Nuestros hijos están a punto de independizarse o ya se independizaron. Las parejas, es duro decirlo, pero es necesario mencionarlo, generalmente, no tienen la misma esperanza de vida. Las mujeres suelen vivir más que los hombres y, por lo tanto, enfrentan esta etapa de vida en soledad.
En España, las soluciones habitacionales adaptadas a la segunda mitad de la vida han ido cambiando. De los asilos decimonónicos a las residencias de la tercera edad, a partir de la segunda mitad del siglo XX. En los 90s, empezaron a crearse centros residenciales con enfoque comunitario, como alternativa más adecuada a una etapa de vida más activa, con la intención de paliar la soledad no deseada, evitar el ingreso en las residencias de mayores y mantener una vivienda propia.
Estas alternativas son: los «cohousing senior» o viviendas colaborativas (cooperativas) y los «senior living», que son residencias privadas en una comunidad con servicios complementarios de ocio y de apoyo. Son comunidades donde los adultos maduros pueden disfrutar de un estilo de vida activo e independiente. A ellas se puede acceder a partir de los 55 o más años y suelen ser comunidades grandes de alto nivel. Las residencias para mayores se adaptan mejor a las personas a partir de los 80 o cuando la persona pierde la autonomía (física o cognitiva) y ya necesita una atención más especializada.
Esto deja un vacío. Si tienes 60 o 70 años, estás sano, activo y quieres disfrutar de compañía ¿dónde debes vivir? Porque no todos queremos vivir en una gran comunidad, ni necesitamos asistencia, todavía.
Pero, cuando se analiza lo que se está proyectando y construyendo, en general, son más residencias para mayores y no alternativas intermedias adaptadas para convivir los próximos 15 o 20 años de vida activa, en especial, para la generación más grande de la historia (Babyboomers). El gran fantasma que nos acecha a todos y, cuando digo todos, incluyo a los Gobiernos (locales, regionales y estatales), es la soledad no deseada, que ya se considera un problema grave de salud.
Muchos, en esta generación, tenemos claro que no queremos ser una carga para nuestros hijos, que podemos mantenernos más saludables y plenos si no estamos solos. Que tendremos una longevidad más regenerativa si compartimos risas, paseos, ocio, comidas, apoyo mutuo y la reconfortante certeza de que hay alguien más a tu alrededor, en definitiva, si estamos acompañados. En realidad, lo que todos buscamos es tener un sentido de pertenencia.
Y, por lo general, la sociedad es más innovadora que las instituciones, por eso, ya vemos esfuerzos de grupos de amigos que comienzan a crear iniciativas compuestas de 10 o 12 personas, que tienen afinidad y reforman una solución habitacional adecuada a su grupo. En otros países, ya se están formando grupos que definen por su cuenta que solución habitacional quieren construir y con quién.
Puede que la mayor innovación en vivienda de los próximos veinte años no sea construir más. Puede que sea ayudar a que más personas compartan las que ya hay, con ayudas para reformas, adaptación y preparación de áreas comunes (cocinas, jardines, salones, talleres y comedores), en donde las personas disfruten de su propio espacio. De esto hablamos, cada vez más, con distintos grupos de amigos.
Quizá ha llegado el momento de innovar como enfrentamos estas próximas décadas de vida con mayor intención, rodeados de una comunidad afín y que nos acompañe en esta etapa de vida.
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