Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Salud&Placer

Emma Placer

Emma Placer

Psicóloga y sexóloga

¡Qué gane España… y lo demás, ya veremos!

@A2C_ILUSTRACIONS

@A2C_ILUSTRACIONS

Está claro que el Mundial levanta pasiones. Hoy, a las 21.00 horas, España se enfrenta a Argentina en la final. A esa hora, media España estará delante del televisor y la otra media fingirá que no le interesa mientras pregunta de vez en cuando cómo van.

Imposible olvidar el Mundial que ganó España en 2010. Vi la final con mi madre, una gran apasionada del fútbol, y todavía recuerdo sus emociones desbordadas cuando Iniesta marcó. Mi madre vivía cada jugada como si Del Bosque tuviera conexión directa con nuestro salón y estuviera esperando sus instrucciones. Cuando España se proclamó campeona hubo lágrimas, gritos, abrazos y una alegría tan grande que, durante unos minutos, parecía que el país entero se llevaba bien.

Esta noche puede volver a pasar algo parecido. Porque el fútbol no se ve únicamente con los ojos: también se ve con el cuerpo. Nos aumenta el pulso, sudamos, apretamos los músculos y dedicamos al árbitro palabras que no utilizaríamos en nuestro día a día. Un estudio realizado con aficionados españoles durante la final de 2010 comprobó que sus niveles de testosterona y cortisol aumentaron mientras veían el partido. Los jugadores corrían por el campo y el público completaba su propio entrenamiento hormonal desde el sofá.

La pregunta es inevitable y un clásico: ¿toda esa activación puede terminar en sexo?

Pues puede. Una victoria produce alegría, abrazos, cercanía y ganas de prolongar la celebración. También ayuda que el partido rompa la rutina y que, durante unas horas, las personas compartamos equipo, objetivo y enemigo común. Nada une tanto como protestar juntos por una falta que el árbitro no ha visto. (No hablaré de los arbitrajes de este mundial).

Aunque la testosterona no es el único factor que activa el deseo sexual. El fútbol también puede jugar en contra. Entre la previa, el partido, el descanso, la prórroga, los penaltis, el análisis posterior y la discusión sobre el VAR, la noche puede terminar a una hora en la que ya no queden fuerzas ni para quitarse la camiseta. Y si una persona vive la final como una cuestión de Estado mientras la otra lleva dos horas preguntando cuándo termina, quizá el clima sexual no sea exactamente el ideal.

Luego están los famosos baby booms futbolísticos. Cada vez que un equipo consigue una victoria histórica aparece la teoría de que, nueve meses después, aumentarán los nacimientos. La imagen es preciosa: ganamos el Mundial, se descorcha el champán y en primavera tendremos criaturas llamadas Andrés, Nico, o Lamine.

La ciencia dice que puede ocurrir, pero no siempre. Un estudio publicado en 2024 encontró aumentos de nacimientos o cambios en su distribución después de algunos grandes acontecimientos deportivos, aunque los resultados varían mucho según el país, el torneo y el tipo de victoria. Parece que ni siquiera para esto nos ponemos de acuerdo.

Así que una victoria de España puede aumentar el ánimo, el deseo y las ganas de acercamiento, pero no garantiza una explosión demográfica. Para que nazca un bebé hacen falta bastantes más cosas que un gol, una celebración y una bandera colgada del balcón.

Esta noche volveremos a sufrir (o no), abrazarnos, juntarnos y ojalá la segunda estrella Y, si después alguien decide celebrar la victoria con mucho placer sexual, ¡bienvenido sea!

Placeres, gracias por la lectura. Nos leemos y escuchamos en www.saludplacer.com.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents