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Opinión | A los pies de los caballos

Rafa López

Rafa López

Jefe de sección de Sociedad y Cultura

«Futbolecciones» para la vida

Los jugadores de España celebran su victoria ante Francia.

Los jugadores de España celebran su victoria ante Francia. / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE

No hay límites para lo que un hombre puede hacer ni a dónde puede llegar si no le importa quién se lleve el mérito. Esta frase, que Ronald Reagan mantuvo impresa en una pequeña placa sobre su escritorio, tanto durante su mandato como gobernador de California como durante su presidencia de Estados Unidos (1981-1989), bien podría ser el lema de la selección española, pase lo que pase esta noche ante Argentina.

Parece de Perogrullo, pero no todos aplican en la vida lo que Oyarzabal dijo tras la victoria ante una Francia plagada de estrellas: «Jugamos todos en la misma dirección, con la misma idea, siendo conscientes de lo que uno puede aportar al colectivo». «¡Vaya puto recital!», gritó Cucurella en el vestuario tras la excelente interpretación coral del fútbol por parte del equipo de Luis de la Fuente. Mientras, el capitán, Rodri –único futbolista que juega con la camiseta por debajo del pantalón, como los de antaño–, defendía el trabajo del injustamente criticado Lamine Yamal y su esfuerzo solidario sin balón.

Los jugadores de España, en suma, representan lo opuesto al trepa que se afana en ponerse la medalla ante el jefe de turno.

«Desde los 9 años, los jugadores españoles saben lo que tienen que hacer –analizaba Thierry Henry tras la derrota de sus compatriotas ante España–. Cuando recibas el balón, no seas codicioso con él». Un consejo que tendría que haber atendido el delantero noruego Sorloth ante Inglaterra: decidió tirar él y no pasarle el balón a Haaland, probablemente el mejor goleador del mundo, que estaba completamente solo a su lado. Y falló.

Curiosamente, Cristiano Ronaldo debe su segundo nombre a la admiración de su madre por quien ocupaba la Casa Blanca cuando nació, en 1985. El fabuloso jugador portugués, acusado de estar obsesionado por agrandar sus asombrosos récords individuales, no parece haber llevado a la práctica la máxima de Ronald Reagan, a tenor de su discreta actuación en el Mundial.

En fin, los españoles deberíamos tomar ejemplo de la selección, dejarnos de envidias y zancadillas y pensar más en el bien común. Y si a eso le añadimos buen humor –como dice Rajoy–, mejor. Reagan –no se pierdan sus chistes sobre la URSS– estaría muy de acuerdo.

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