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Opinión

Carmen Álvarez Basso

Carmen Álvarez Basso

Experta en liderazgo, en longevidad y escritora

El arte de «Editar la vida»

El arte de «Editar la vida»

El arte de «Editar la vida»

Solemos dedicar la primera mitad de nuestras vidas a acumular: estudios, relaciones, activos financieros, propiedades y una colección de experiencias y recuerdos. Ahora, con la nueva esperanza de vida, este guion cambia un poco. Lo que, hasta ahora, era un patrimonio estable, ahora, al llegar a esta etapa vital, puede convertirse en un lastre que comprometa nuestro bienestar.

En esta etapa de vida, pueden surgir necesidades que nos indiquen que quizá tenemos que empezar a «desacumular» o «editar» parte de lo que atesoramos hasta ahora. Esto no es una simple limpieza doméstica, sino una reevaluación estratégica de todo lo acumulado (activos y pasivos). El objetivo es asegurar que nuestros activos –financieros, vivienda, nuestra identidad, aprendizajes y, a veces, relaciones– nos ayuden a mantener una buena calidad de vida.

Para lograrlo, es necesario aprender a «soltar» y «editar». Esta segunda mitad de nuestras vidas requiere una preparación proactiva y reevaluar los recursos con los que contamos. Esto tendríamos que hacerlo antes de que variables críticas como la salud, la autonomía o las finanzas entren en declive. Una buena «edición de vida» abarca desde la prevención sanitaria, el ajuste del presupuesto, hasta el lugar en el que vivimos y con quién nos relacionamos, para que lo que hemos acumulado nos aporte bienestar y no estrés.

Uno de los obstáculos para enfrentar esta «edición» es el fuerte peso emocional y financiero que tiene lo acumulado. Desapegarse y desprenderse siempre exige desmontar creencias limitantes muy arraigadas en nuestra educación y cultura. Además, depurar nuestros activos mientras aún tenemos autonomía se convierte en un acto de generosidad hacia la familia.

Muchas veces, esta «edición» no solo trata de depurar la acumulación de cosas, también implica adaptar la vivienda (bañeras, escaleras, alfombras, comprar camas articuladas). Otras veces, mantener la casa de «toda la vida» implica soportar unos gastos (mantenimiento, reformas, adaptación) que ya no se pueden asumir con los ahorros ni los ingresos de la pensión.

Esta tarea incluye pensar en los cuidados que necesitaremos en la etapa que perdamos autonomía. Lo ideal es reflexionar sobre cómo y dónde queremos ser cuidados y crear un fondo de ahorro que ayude a nuestra familia a apoyarnos cuando lo necesitemos.

También es clave saber que lo que es importante para una generación a menudo carece de relevancia para la siguiente. Aquello que conservamos con celo hoy, probablemente, no tendrá significado para nuestros hijos mañana.

Algunas ideas prácticas para iniciar este camino de la «desacumulación» de manera efectiva son:

1. Empezar por lo más grande: Deshacerse de muebles grandes genera la percepción de que se avanza rápido, lo que nos motiva a avanzar.

2. Digitalizar el afecto: El recuerdo reside en la memoria, no en los objetos. Soltar lo material no significa perder el vínculo emocional.

3. Vender lo innecesario: Si hay bienes que no se utilizan, es preferible venderlos o donarlos. Es muy probable que a los hijos no les interesen o no les quepan esos muebles, los cuadros o los libros acumulados durante décadas.

4. Revisar habitación por habitación: y analizar qué objetos tienen un uso real y cuáles se mantienen por apego.

5. Establecer prioridades: hay que distinguir qué es esencial para el presente: «cuando todo es importante, nada es importante».

«Editar la vida» es un ejercicio de reflexión diseñado para vivir mejor el presente y asegurar el futuro. Se trata de definir qué necesitamos para sentirnos tranquilos. Al simplificar nuestra existencia, ganamos bienestar y dejamos un legado más ordenado a nuestra familia.

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