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Opinión | A los pies de los caballos

Rafa López

Rafa López

Jefe de sección de Sociedad y Cultura

Nuestra vida en mundiales

Fotografía de archivo del jugador argentino Diego Armando Maradona con la Copa del Mundo tras derrotar la selección argentina a Alemania por tres goles a dos, en la final el 29 de junio de 1986 disputada en el estadio Azteca en Ciudad de México

Fotografía de archivo del jugador argentino Diego Armando Maradona con la Copa del Mundo tras derrotar la selección argentina a Alemania por tres goles a dos, en la final el 29 de junio de 1986 disputada en el estadio Azteca en Ciudad de México / EFE

Los mundiales nos definen, tanto da si nos gusta el fútbol o lo aborrecemos. Por ejemplo: quien esto escribe comparte su vida con una mujer excepcional, también por el hecho de que ella pertenece al selecto porcentaje de españoles –y mucho españoles– que en la noche del 11 de julio de 2010 ignoró por completo la final de Sudáfrica y no se enteró del gol de Iniesta ni cuando lo gritó todo el vecindario. Esta anécdota dice más de ella que otros datos biográficos.

El hecho de que se celebren cada cuatro años –y ojalá siga siendo así– convierte a los mundiales en perfectos indicadores generacionales, al igual que las olimpiadas. ¿Cuál fue tu primer mundial? Uno conserva vagos recuerdos del de Argentina 78, escasas imágenes grabadas en la mente de un niño de 5 años con nula comprensión del juego: la melena de Kempes, las patillas de Asensi, los papelitos blancos sobre el césped y el cabreo de mi padre por el fallo casi a puerta vacía de Cardeñosa, apellido que desde ese instante pasó a convertirse en sinónimo de pifia imperdonable. Hacía algunos meses que había muerto su padre –mi abuelo–, seguidor del Sporting de Gijón, que solía venir a casa coincidiendo con el fútbol televisado.

Después llegó España 82: Naranjito, la paloma saliendo del balón en el Camp Nou, la elegancia de Sócrates, el descubrimiento de Maradona, la conmovedora celebración de Tardelli por su gol en la final y la sabiduría de mi tío Pepe, que pronosticó que aquella Italia que había saldado la primera fase en Vigo con tres rácanos empates iba a coronarse en el Bernabéu ante un eufórico Sandro Pertini.

El de México 86 fue, para muchos de mi generación, el mejor mundial. Los que pudimos ver en directo el cósmico gol del Pelusa ante Inglaterra damos gracias a D10S por ese recuerdo imborrable.

Alguien apuntó en X que ha pasado el mismo tiempo entre este mundial 2026 y el que ganó España en 2010 que entre ese y el de Estados Unidos 1994. Los que ya peinamos canas casi colapsamos al leer el dato. Como en un partido de fútbol, conforme avanza la vida el tiempo se percibe como más fugaz. Disfrutemos, pues, porque no sabemos si veremos un próximo mundial o, como se dice ahora, este será nuestro último baile.

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