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Opinión | Alfabetización en la nueva longevidad

Carmen Álvarez Basso

Carmen Álvarez Basso

Experta en liderazgo, en longevidad y escritora

¡No es tu edad, son tus ganas!

Gráfico de etapas de la vida propuesto por la experta Avivah Wittenberg-Cox.

Gráfico de etapas de la vida propuesto por la experta Avivah Wittenberg-Cox. / FDV

Cuando explico que me dedico a temas de longevidad, muchas personas me dicen: «¿Para qué quiero vivir 30 años más si van a ser de decadencia?» Y nunca me da tiempo a explicar lo más importante: ¡depende de ti!

Sí, con la nueva longevidad tenemos mayor esperanza de vida, lo que se conoce como «Lifespan»: cantidad total de años que podemos llegar a vivir. Si consideramos una esperanza de vida de 100 años y la dividimos en cuartos de 25 años cada uno (la propuesta de la experta mundial Avivah Wittenberg-Cox), esta nueva etapa de la vida se añade en la etapa de la madurez (Q3, de 50 a 75 o más), no en la última etapa de la vida (Q4, de 75 a 100). Con la esperanza de vida anterior, la vida se dividía en 3 cuartos (25, 50 y 75). El primer cuarto era para prepararnos y aprender; el segundo era el desarrollo de la vida productiva y (a veces) reproductiva; y el tercero era la etapa de retiro y jubilación, (65 años), con una expectativa de vida entre 2 a 10 años. Esa vida lineal de tres etapas ya no existe.

Todas estas etapas vitales están cambiando; la adolescencia «extendida» hasta los 30 años; la maternidad a los 40 años. Pero la etapa que más está cambiando es el tercer cuarto, porque es la que más se está extendiendo y son años que se insertan en la mitad de la vida, no al final. Esta etapa requiere atención: estamos cada vez más sanos, activos y comprometidos con aspiraciones personales y profesionales. Una etapa en la que podemos dar un nuevo significado a nuestras vidas.

El cuarto cuarto (75 a 100), es la etapa de declive cuando nos enfrentamos a la falta de autonomía y de salud más aguda. Aunque nos vemos en el reflejo de cómo envejecieron y murieron nuestros padres, ahora, también podemos plantearnos un envejecimiento más consciente y contemplar, cada vez más, la posibilidad de una muerte asistida (ya son 10 países que la regulan).

Aquí introducimos dos conceptos más para este tercer cuarto de nuestras vidas (50 a 75 años):

Esperanza de vida saludable («Healthspan»), son los años en los que vivimos con buena salud física, cognitiva, psicológica y emocional. No se trata de llegar a los 90, sino de llegar activos, autónomos y con calidad de vida.

Esperanza de vida plena («Fullspan»), implica no solo tratar de vivir más y con salud, sino también en plenitud, con bienestar integral. Eso incluye disfrutar la vida en todas las dimensiones: relaciones sanas, sentido de propósito, buena gestión de los recursos, vivienda adecuada, ocio, espiritualidad y energía vital.

Vivir bien no es solo la ausencia de enfermedades es sentirse pleno y conectado. Ahora que podemos expandir nuestra vida activa y saludable más años, si sabemos cuidarnos, podemos intentar comprimir los años de enfermedad y dependencia lo más que podamos, en los últimos años de nuestra vida.

Entonces, ¿no es mejor dejar de culpar nuestra edad? A veces lo que nos sobra no son los años, sino que nos faltan fuerza, equilibrio, sueño, curiosidad o motivación. Mantenernos bien tiene más que ver con la mentalidad y el compromiso que con el cuerpo. Y, la buena noticia es que esas habilidades también se entrenan.

Como dijo David Bowie: «El envejecimiento es un proceso extraordinario en el que te conviertes en la persona que siempre deberías haber sido».

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