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Opinión | A los pies de los caballos

Rafa López

Rafa López

Jefe de sección de Sociedad y Cultura

Líbranos, señor, de los cursis

José Luis Rodríguez Zapatero.

José Luis Rodríguez Zapatero. / Kike Rincón | EP

En una hipotética escala de cero a cien de la cursilería, siendo cero el difunto Chuck Norris y cien Carlos del Amor, José Luis Rodríguez Zapatero, apodado Bambi, puntuaría 99. Muchos han recordado aquella frase en la que, citando a Gómez de la Serna, el del talante dijo que, una vez retirado por la política, «el mejor destino es el de supervisor de nubes».

A día de hoy, y parafraseando a Isabel Coixet, las nubes de Zapatero huelen peor que las emisiones de la fábrica de celulosas de Pontevedra, el lugar de donde procede, por cierto, el señor que lo jubiló: un Mariano Rajoy que mantenía una excelente relación personal con quien le antecedió en la Moncloa.

El gallego llevaba a gala leer el «Marca», mientras que el leonés devoró «La península de las casas vacías», exitosa novela de David Uclés que le regaló María Jesús Montero durante un acto del PSOE. Dicen quienes lo han leído que Uclés, un escritor-cantautor con boina y acordeón tan cursi que parece sacado de un vídeo de Pantomima Full, no fue tan sectario en su aproximación a la Guerra Civil desde el realismo mágico como lo fue Zapatero con su maniqueo engendro de la memoria histórica.

Tal vez por su parecido con el despistado Mr. Bean, muchos lo consideraban tan solo un ingenuo neojipi capaz de soltar en un mitin del PSOE que «el infinito es el infinito» y que la Tierra es el único sitio del universo «donde se puede leer un libro y donde se puede amar».

Quién iba a decir que el cursi que primero nos enfrentó con EEUU, desenterró el guerracivilismo; disparó el paro; negó la crisis hasta que le obligaron a recortar las pensiones; ocultó un déficit descomunal; alentó el secesionismo catalán; pactó con ETA y elogió a Delcy Rodríguez iba a convertirse en el primer expresidente en ser investigado por corrupción. Se empieza blanqueando un régimen dictatorial y se termina blanqueando dinero en connivencia con esa misma narcodictadura. Una pena que no se hubiese dedicado a supervisar nubes.

Un análisis relevante de la cursilería política, en fin, debería incluir también a Iván Redondo, que en su reciente libro habla de sí mismo en tercera persona como «el Director», pero semejante cursi de manual merecería un artículo mucho más extenso que este.

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