Opinión | Dramatis Personae
El buen español

Manifestación contra la obra «Lorca eran todos» de Rubianes en 2006 / J. J. Guillén
Yo nací siendo español, aunque en ese instante aún lo ignoraba. Lloré , y dice mi madre que escandalosamente, por añorar el vientre del que me habían arrancado; no por maldecir la tierra a la que me entregaban. Soy español incluso desde antes. Desde mi misma concepción. Aquel esperma y aquel óvulo ya eran también españoles. Español, el amasijo de células que me conformó, si acaso se hubiera malogrado. Desconozco qué primer pensamiento español iluminó mi cerebro. Patear y revolverme en la placenta constituyeron sin duda mi primer y españolísimo acto.
Provengo, hasta donde sé, de una larga estirpe de españoles. Posiblemente españoles desde que existe España, sin que hayamos podido concertar cómo ni cuándo sucedió tal cosa. Españoles viejos, en cualquier caso, como antaño los castellanos viejos. Ninguna gota extranjera nos ha contaminado, pese a que nuestras suelas sí han hollado el extranjero. De hecho, si hubiera nacido en Francia, a donde emigró mi padre, habría nacido también francés; en cambio si en Suiza, donde emigró mi madre, no habría nacido suizo. Pero siempre, siempre, español. Así rueda la ruleta del destino.
Recuerdo asimismo una infancia española. Lo sé porque estaba allí, si bien nunca debe uno fiarse de los testigos. Juraría sobre la Biblia y prometería sobre la Constitución que en el descampado del barrio, en clases de pretecnología y en la misa de los domingos, en todas y cada una de mis circunstancias, era y me comportaba como un niño español; de Mayra en el «Uno, dos, tres», chorizo de merienda y palma en Pascua.
Todo esto lo cuento porque en algún momento dejé de ser español o tan español como había sido hasta entonces. Todavía sí de carnet, claro, cualquier apostasía resulta burocráticamente complicada, pero no de sentimiento. Desde mi adolescencia me considero gallego y ya que compatible, especificaré que mayormente o sólo gallego. Algunos días hasta mayormente o sólo vigués. Por esta nacionalidad menguante quizá acabe sintiéndome mayormente o solo del apartamento que habito. Lo seré de la urna o del nicho. Me estoy haciendo mayor.
En general, y a la espera de la patria común de la muerte, militaré en el nacionalismo gallego. Con mis contradicciones, como la obvia de este idioma en el que habitualmente escribo, mientras mi otro idioma se agosta, o mi repelús por las gaitas. Un nacionalismo algunas veces animoso y las más desencantado. Nacionalismo de colonia pobre y tribu india, abismada a su ocaso.
En ocasiones, no obstante, me he vuelto a sentir español. Un porcentaje, al menos, o durante un rato. Con un regate de Iniesta o con el matrimonio igualitario. Con la ilusión, a la postre frustrada, de que en España todas las formas de ser y sentirse español, e incluso de serlo y no sentirse, puedan encontrar acomodo. Y luego sucede algo, como que me quieran priorizar por español, que me arroja nuevamente de ese barco.
El nacionalismo español niega por igual a los que quieren dejar de ser españoles y a los que quieren llegar a serlo. En esa paradoja nos hemos enredado. Me he acordado de Pepe Rubianes, gallego, catalán, español. «Que se metan a España por el puto culo», exclamó y lo encausaron por ultraje. Luego aclaró: «Insulté a la España que mató a Lorca». Seguimos sin reconciliarnos y no hablo sólo de tantos restos aún extraviados. Tan obsesionados con ser buenos españoles, tan airados, se nos escurre entre los dedos ese país que soñó Machado de españoles, en el buen sentido de la palabra, buenos.
Suscríbete para seguir leyendo
- El caso de los asesinatos de cuatro hermanas gallegas
- Luca, el “terremoto” de los circuitos gallegos
- Los famosos gallegos de la lucecita
- Tesoros forestales para (no) perderse en otoño
- «Ramsay llega tarde, la carne gallega lleva tiempo siendo la mejor del mundo»
- Cuando la movida madrileña invadió Vigo: 36 horas de sexo, drogas y rock and roll
- De un vestido de lentejuelas de su abuela a millones de reproducciones: así se labra el éxito en redes esta influencer viguesa
- Los Quesada Legido, una saga de artistas
