Opinión | A los pies de los caballos

Jefe de sección de Sociedad y Cultura
De Chernóbil al apagón

Visitantes en la sala de control del reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil, Ucrania. / Sergey Dolzhenko | EFE
En estas fechas conmemoramos dos sucesos históricos aparentemente inconexos: el primer aniversario del gran apagón del 28 de abril de 2025 y los 40 años de la catástrofe nuclear de Chernóbil, ocurrida el 26 de abril de 1986. Aunque sin relación entre sí, ambos desastres tienen puntos en común.
El de Chernóbil comenzó durante una prueba en la que se simulaba, precisamente, un apagón. El objetivo era ayudar a crear un procedimiento de seguridad para mantener la circulación del agua de enfriamiento del reactor 4 hasta que los generadores eléctricos de respaldo pudieran suministrar energía. Desde 1982 se habían realizado tres pruebas similares, todas sin éxito.
Los motivos del apagón peninsular de hace un año siguen siendo motivo de controversia, pero se ha especulado con que se estaba intentando probar la viabilidad de una generación eléctrica a partir solamente de fuentes renovables y venderlo como un hito ante Europa y el mundo.
Tras el apagón, el Gobierno insistió en que no fue culpa de las renovables, lo cual es una media verdad. Efectivamente, el error no fue utilizar energías renovables, limpias y sostenibles, sino arrumbar las demás, como la nuclear, también sin emisiones, y cuya inercia hubiera evitado el «cero energético». Es como si alguien enferma por alimentarse únicamente de fruta: su error no sería tomar mucha fruta, la cual es muy saludable, sino prescindir de los otros tipos de alimentos en su dieta.
En ambos accidentes se detectaron señales alarmantes antes del punto de no retorno, pero se decidió seguir con los experimentos; y en ambos, los gobiernos practicaron el secretismo informativo.
El horror por la mayor catástrofe nuclear de la historia, en una central nada comparable en seguridad a las occidentales, causó un miedo atávico sobre el que aún se apoya Pedro Sánchez en su insistencia irracional por abandonar la energía nuclear. Lo peligroso no es la energía atómica, limpia y segura, sino la irresponsabilidad de un Gobierno empeñado en imponer su agenda ideológica a costa del futuro de sus ciudadanos. Chernóbil precipitó el fin de la Unión Soviética, pero el muro de Sánchez sigue intacto.
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