Opinión | Salud&Placer

Psicóloga y sexóloga
Los «y si...»

@A2C_ILUSTRACIONS
¿Qué pasa en la cabeza de una persona cuando empieza a pensar en formato «y si»? Pasa algo muy concreto: la mente se va al futuro. Y el futuro, cuando se vive así, suele traer ansiedad, porque no sabemos lo que va a pasar y aun así intentamos anticiparlo todo.
El run run del «y si» no se queda en lo que está pasando ahora, ni en lo que puedes hacer hoy. Se adelanta. Intenta prever lo que podría ocurrir… y casi siempre lo hace desde el miedo.
Y si no estoy haciendo lo suficiente.
Y si me equivoco.
Y si elijo mal.
Y si luego me arrepiento.
Parece reflexión, pero no lo es del todo. Ese formato de pensamiento no busca soluciones, busca control. Intenta reducir la incertidumbre anticipándolo todo. Y ahí está el problema: no calma, activa más la cabeza. Cuánto más piensas, más vueltas das, más escenarios aparecen y, créeme que no suelen ser los más bonitos.
Y esto no se queda solo en lo mental. También se mete en la pareja y en lo sexual, donde suele doler bastante más. Porque ahí los «y si» se vuelven muy directos, muy concretos. Ellos empiezan con «y si no se me levanta», «y si fallo», «y si no aguanto lo suficiente». Ellas con «y si no lo hago como le gusta» «y si no soy suficiente», «y si no disfruto como debería». Y sin darse cuenta, lo que era un espacio de conexión se convierte en un examen.
Cuanta más cabeza, peor responde el cuerpo. Es así de claro. La excitación no funciona bien cuando estás pendiente de rendir, de hacerlo perfecto o de no fallar. Y entonces pasa justo lo que se teme: bloqueos, inseguridad, menos deseo. En pareja, además, se empieza a mirar todo con lupa. Un gesto, un silencio, una reacción… y ya aparece la duda. Se interpreta desde el miedo, no desde lo que realmente está pasando. Y poco a poco, sin querer, se deja de estar en el encuentro y se pasa a estar en la propia cabeza.
A partir de ahí, las consecuencias son bastante claras. Aparece la parálisis, porque cualquier decisión tiene un «y si» detrás. Aparece la autoexigencia, porque siempre parece que hay un nivel más al que llegar. Y aparece esa sensación de no estar nunca del todo en el sitio correcto.
En el fondo, muchas veces lo que hay es miedo a equivocarse, a no ser suficiente, a perder oportunidades. Y una idea muy extendida que pesa mucho: que a cierta edad ya deberíamos tenerlo todo claro.
Pero la realidad es otra. No se puede vivir con garantías. No hay decisiones perfectas, ni caminos sin duda, ni momentos en los que todo encaje del todo como nos gustaría.
Por eso, el trabajo no es eliminar los «y si», van a seguir apareciendo. El cambio está en no engancharse a todos y usar este sencillo dicho: «cuando lleguemos a ese río cruzaremos ese puente».
Placeres, gracias por la lectura. Nos leemos y escuchamos en www.saludplacer.com.
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