Opinión | El mundo 4.0
Robots humanoides: ¿destructores de empleo o salvadores?

Gala televisiva Año Nuevo Lunar de China. / Cadena estatal CCTV
Llega una nueva tecnología imparable. Un robot que podría eliminar progresivamente el trabajo manual en todas las fábricas de la tierra. Y no es un prototipo, ya se están fabricando en serie, marcando el año 2026 como el inicio de su despliegue masivo, especialmente en China y Estados Unidos.
Durante décadas, los robots humanoides han sido patrimonio de ferias tecnológicas y laboratorios universitarios. Caminaban con torpeza, realizaban movimientos básicos y ofrecían más espectáculo que utilidad productiva. En 2026, el escenario es distinto: China comenzó la celebración del Año Nuevo Lunar, una tradición milenaria que dura quince días, con un espectáculo imponente: un despliegue de robots humanoides realizando complejas rutinas de acrobacias, volteretas y artes marciales con espadas que dejó atónito al mundo. La aparición en la gala televisiva de los robots de cuatro fabricantes chinos: Unitree Robotics, Galbot, Noetix y MagicLab, acaparó todo el protagonismo del evento, y, aunque no es la primera vez que aparecían en una gala, esta vez el salto tecnológico fue evidente: un avance increíble en estabilidad, velocidad y coordinación.
En Estados Unidos el interés por esta nueva tecnología también es máximo: en la reciente feria tecnológica CES Las Vegas el gran protagonismo fue para el androide Atlas de la empresa Boston Dynamics, propiedad de Hyundai, que presentó su versión final y comercial bajo la incrédula mirada del público asistente: una imponente estructura de aluminio y titanio de 1,88 metros de altura y 90 kg de peso, con un cerebro NVIDIA que integra la supercomputadora Jetson Thor, permitiendo aprendizaje automático y toma de decisiones en tiempo real sin intervención humana.
La historia de la automatización nos muestra que cada salto tecnológico genera siempre resistencia inicial, seguido de integración progresiva. Los robots industriales tradicionales tardaron décadas en generalizarse, pero los humanoides podrían avanzar más rápido gracias a la convergencia entre IA, computación en la nube y simulación digital. Sin embargo, el éxito dependerá de tres factores: reducción de costes, autonomía energética y demostración de fiabilidad en entornos reales. Si estos pilares se consolidan, la figura de los androides podría convertirse en una presencia habitual en almacenes y líneas de ensamblaje antes de que termine la década. En esa carrera, la industria de fabricación está claramente polarizada entre dos potencias: China y Estados Unidos, con Europa, Japón y Corea del Sur desempeñando roles más modestos y específicos. China domina en términos de producción, industrialización y cadena de suministro. El país ha generado cerca del 78% de las patentes de robótica en las últimas dos décadas y cuenta con una demanda interna capaz de absorber producción a gran escala. Empresas como Ubtech Robotics ya desarrollan humanoides tanto para aplicaciones industriales como de servicios. Estados Unidos, por su parte, es líder en inteligencia artificial avanzada y humanoides cognitivos, y su músculo financiero otorga una gran ventaja a compañías como Tesla, que impulsa el proyecto Optimus, o Figure AI. Europa destaca en robótica médica, mientras que Japón mantiene su innovación en telepresencia y robots sociales; y Corea del Sur, que sobresale en locomoción, desarrolla el robot Dreamwalker, capaz de caminar de manera estable en terrenos diversos sin el uso directo de cámaras o Lidar.
El sector industrial, por su parte, está muy atento a los avances que se están produciendo en este nuevo campo de la tecnología, y no es para menos, pues está en juego la eficiencia productiva que va a definir quienes son los ganadores y los perdedores en la competencia global que se libra en sectores industriales que requieren automatizar tareas repetitivas, peligrosas o físicamente exigentes, con la industria automotriz como el sector pionero en su implementación. Hyundai planea integrar flotas de androides Atlas en sus fábricas para 2028, marcando el inicio de la sustitución en tareas peligrosas o poco ergonómicas. Los humanos tenemos limitaciones físicas, no podemos girar en ciertos ángulos. Pero el Atlas puede girar 360º y levantar 50 kg sin fatigarse. Además, no se detiene para cargar, porque tiene la capacidad de cambiarse la batería de forma autónoma. Y lo que puede resultar más diferencial, si uno de ellos aprende un truco lo clona a todo el enjambre a distancia, de forma que las fábricas se optimizan para ser más rentables en cada minuto. BMW, por su parte, está realizando pruebas en la fábrica de Spartanburg, en Carolina del Sur, con el robot Figure 02 de la empresa Figure AI. El humanoide fue preparado para insertar piezas de chapa en el taller de carrocería, una tarea que exige precisión milimétrica y repetición constante. Según los datos compartidos por la compañía, el robot logró completar hasta 500 turnos sin interrupciones durante las pruebas. En paralelo, Mercedes-Benz ha firmado un acuerdo con Apptronik para implementar el robot Apollo en su planta de Kecskemét, Hungría, en donde el humanoide se encargará de tareas logísticas y pruebas de inspección técnica de componentes.
Al igual que los vehículos eléctricos modernos, los humanoides están diseñados para recibir actualizaciones remotas. Un robot desplegado hoy puede adquirir nuevas capacidades en cuestión de meses, es lo que se denomina actualizaciones «over the air». En lo referente a entrenamiento, empresas tecnológicas como NVIDIA ofrecen plataformas de simulación que permiten entrenar robots en entornos virtuales antes de exponerlos al mundo físico. Esta estrategia acelera el aprendizaje y reduce riesgos, aunque no elimina la necesidad de validación en entornos reales. Por otra parte, la incorporación de nuevos modelos de lenguaje permite que los humanoides interpreten instrucciones verbales y adapten su comportamiento.
La pregunta es inevitable, ¿los robots humanoides van a destruir el empleo o lo van a salvar? Esta tecnología está enfocada inicialmente para asumir tareas «3D» (Dull, Dirty, Dangerous: aburridas, sucias y peligrosas). Y, si bien reemplazará progresivamente estos roles de trabajo, lo cierto es que también generará demanda de técnicos de mantenimiento robótico, supervisores de flota y entrenadores de IA. La automatización no elimina necesariamente empleo, pero sí transforma perfiles profesionales. El principal interrogante empresarial no es tecnológico, sino financiero. Si el precio unitario desciende hasta el umbral de los 20.000 dólares, la cifra proyectada públicamente por Tesla para su robot Optimus, el retorno de la inversión podría situarse por debajo de un año en determinados escenarios. Sin embargo, este cálculo depende también de otras variables críticas: mantenimiento, fiabilidad operativa y obsolescencia tecnológica.
A mi juicio, la automatización con robots humanoides no implica necesariamente un colapso laboral, pero sí una transformación profunda, con un gran impacto económico, político y social. Que los robots humanoides trabajarán no está en duda, pero lo que no está claro es cómo se beneficiará la sociedad de esa disrupción. La renta básica universal podría ser una herramienta útil, pero el trabajo no es solo salario. Si los robots sustituyen gran parte del empleo humano, como sociedad deberemos redefinir qué significa contribuir, ser productivo y tener propósito. Porque esos son pilares importantes de la felicidad.
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