Opinión | Sálvese quien pueda

Periodista, cronista, coleccionista de momentos y de amistades
Los nuevos conversos: de lector a seriéfilo

Una pareja se dispone a ver la televisión en el salón de su casa. / FARO
Hace 20 o 30 años, cuando vi que a mi alrededor amigos habituados a leer se habían entregado al mundo de las series, me juré que nunca caería en esa imagen de la parejita bajo una manta viendo como abducidos una tras otra estas herederas de las radionovelas o novelas de folletín. Me engañé a mi mismo porque hacerlo , robando horas a la lectura de libros, es uno de mis placeres, bien es verdad que habiendo resistido sin entrar en ellashasta hace dos o tres años. Vivimos culturalmente en la era de las series, pero yo tengo la sospecha de que se han rebajado intelectualmente los que antes tenían por principal dedicación en tiempo libre la lectura, que es un ejercicio individual y no compartido. Los libros son lentos. «Hasta los libros más cortos requieren mucho más tiempo y atención que una película», me dice un amigo.
Yo tengo la idea de que leer libros es bueno para nosotros. Incrementa nuestros conocimientos y nos hace pensar. El ver la televisión, por otro lado, mata nuestras neuronas. Tampoco quiero ser radical y decir que si lees un libro durante un día eres un intelectual, pero si lo pasas viendo tus programas favoritos no eres más que una patata hervida. Salvo si lo que estamos viendo es Tele 5, porque si ese es nuestro gusto ni siquiera creo que lleguemos al nivel de la patata. Ya sé que es un insulto pero estoy tranquilo, nunca lo leerán porque a estos televidentes o seriéfilos ver mazacotes de tinta en que se exponen ideas y no sentimientos primitivos les producen alergias. Luego están los que pierden su tiempo en el mundo de las redes, TikTok, X... toda esa mierda huérfana de inteligencia y sobrada de odio. Yo creo que un tipo con clase no puede hundirse en esos barrios bajos, ese submundo en el que cabe todo y abunda el odio. No sé cómo es posible estar ahí un minuto y que no te dé una embolia cerebral. Yo nunca hablo con gente escondida.
Puñetero capitalismo digital. A pesar de decir todo esto, también veo series aunque sea un novato en la materia y no sepa elegir, todo lo haga a la brava. Pero en mi casa impera la ley del libro, ensayos sobre todo de política o sociedad, aunque últimamente esté dando más espacio a la novela. De este género acabé ayer las 510 páginas de El Enjambre, de la viguesa Goretti Irisarri y José Gil Romero. No sé cómo hacen pero hacen a dos manos. No digo que no haya sido un placer, que no tenga seductora trama literaria, que me haya mantenido en tensión el argumento, que al tener Vigo como escenario me haya parecido más atractivo al igual que situar la acción en la guerra civil.
Lo que digo es que podrían ser menos prolíficos en número de páginas estos autores porque me esperan las 410 páginas de Javier Cercas con El loco de Dios... si lo acabo, como no acabé Trilogía de la guerra de Agustín Fernández Mallo porque solo me interesaba la parte dedicada a la isla de San Simón como cárcel franquista. Ese Franco del que hablan bien esos chavales que, por supuesto, solo ven series o leen en redes. Imposible que hayan leído un libro.
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