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Opinión | salud&placer

Siglos de silencio

@A2C ILUSTRACIONS

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Seguimos repasando la historia, pero esta semana quería detenerme en algo que atraviesa cualquier época y que, por desgracia, sigue demasiado presente. El 25N no aparece por casualidad en el calendario. Nace de una violencia muy antigua, escrita durante siglos en los cuerpos y en las vidas de las mujeres. Por eso, hoy hago un pequeño paréntesis en esta línea histórica para mirar hacia atrás y entender mejor lo que seguimos nombrando cada año.

El origen de la violencia contra las mujeres es mucho más antiguo que los términos que utilizamos ahora. En las primeras civilizaciones, las mujeres no eran consideradas personas con derechos propios, sino parte del ajuar familiar. El Código de Hammurabi regulaba castigos hacia esposas e hijas como si fueran posesiones masculinas. La violencia no se veía como un fallo, sino como parte del orden social.

De la Grecia Antigua al 25N

En la Grecia clásica, cuna de tantas ideas, la vida de las mujeres transcurría recluida y sin acceso a la vida pública o social. La violencia en el hogar se entendía como algo privado, casi natural. Roma reforzó aún más esa estructura con la figura del pater familias, que tenía una autoridad casi absoluta sobre el hogar, incluida la vida de las mujeres. El control del cuerpo femenino no era casual: estaba escrito en la ley y asumido por la cultura.

Durante la Edad Media, la violencia adoptó un rostro moral. La caza de brujas, entre los siglos XV y XVII, castigó a miles de mujeres por su autonomía, sus conocimientos o simplemente por no encajar. Aquellas persecuciones, que se presentaban como un acto de protección, fueron en realidad un sistema de terror que buscaba limitar cualquier forma de libertad femenina.

El Renacimiento nos llenó de arte y pensamiento, pero no de libertad. Se seguía recomendando obediencia y silencio como receta para evitar conflictos. En el siglo XIX, la medicina añadió nuevas formas de control: la histeria femenina se convirtió en un cajón donde cabía casi cualquier emoción, malestar o desacuerdo. Muchas mujeres acabaron internadas en instituciones que buscaban corregirlas más que comprenderlas.

Ya en el siglo XX, la violencia seguía escondida bajo la idea de que los problemas de pareja debían resolverse dentro de casa. En España, la violación dentro del matrimonio no se reconoció como delito hasta 1989. Y hasta 1975, para abrir una cuenta bancaria o trabajar, era necesario el permiso de un padre o un marido. No hablamos de un pasado remoto: muchas de nuestras madres y abuelas lo recuerdan en primera persona.

La historia no se escribe sola, y en Galicia tenemos una figura imprescindible para entenderla: María Lameiras Fernández, profesora e investigadora de la Universidad de Vigo. Es una de esas voces que hacen de guía. Una maestra que ha puesto palabras, datos y claridad donde antes había intuición o silencio. Sus investigaciones sobre violencia sexual, acoso y desigualdad nos recuerdan que lo que denunciamos el 25N no es nuevo sino una estructura que ha atravesado los siglos. Leerla ayuda a ver con más lucidez.

Mirar hacia atrás no sirve para quedarnos en el dolor, sino para comprender por qué aún cuesta tanto nombrar la violencia, por qué tantas mujeres dudan de sí mismas y por qué seguimos confundiendo control con amor. Cada palabra que rompe un silencio, cada límite y cada relación que se reconstruye desde el respeto desafía siglos de mandato.

Nombrar esta violencia antigua es una forma honesta de empezar a transformarla.

Gracias, placeres, por seguir visibilizando, leyendo y compartiendo.

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