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Opinión | Sálvese quien pueda

Contra el derribo de la memoria histórica

Kammerer, ante las viviendas amenazadas por derribo.

Kammerer, ante las viviendas amenazadas por derribo. / URS JAUDAS / TAGESANZEIGER

Conocí hace un puñado de años al suizo Bruno Kammerer en Vigo, y tras tomarnos más de un vino en diferentes parroquias y conocerle, le hice para este periódico sus memorias, fascinado por la riqueza de su vida. Estos días está embarcado en una lucha contra el gobierno de su ciudad, Zúrich, que quiere derribar unos edificios ocupados tras la guerra civil por exiliados españoles. Y es que si Bruno buscara sus recuerdos más precoces hallaría unas imágenes de la infancia en las que aparecen en su casa de Zúrich comiendo, callados, extraños invitados. Eran refugiados republicanos españoles que recibían hospitalidad en el hogar paterno.

Si mirara más atrás, cabalgando sobre la memoria de su padre, uno de los fundadores del Partido Comunista Suizo, cuando él aún no estaba ni en proyecto, vería a Lenin y a su mujer, Nadezhda Krúpskaya, acogidos en la casa familiar antes de la revolución rusa, Luego vino una larga vida llena de experiencias en la que España fue protagonista, Galicia se convirtió en patria adoptiva y el vino en un reto. Diseñador gráfico, de antecedentes ligados a la revolución mundial y socialdemocracia suiza, concejal de Zúrich 28 años, 12 de ellos en Cultura y 6 en Tráfico y Urbanismo, a España llegó al principio de los años 60 contratado por una agencia alemana como fotógrafo taurino pero también para retratar su despertar turístico.

A Galicia llegó en 1965 de la mano de Paco Camino, extraño compañero de viaje un torero para un suizo; ese mismo año volvería para hacer por su cuenta el recorrido desde Ribadeo a Tui y, ya fascinado, desde 1969 estableció una relación regular con Galicia que le llevó hace 30 años a alquilar una casa en Hío, que comparte con su hogar y estudio de diseñador en Suiza. Buen comedor y excelente catador de vinos al que invitan de jurado en catas como Salvaterra, promotor de los gallegos en su tierra, hacía años que había dejado toda política activa hasta que una noticia afectó a su memoria personal y a su sensibilidad por la memoria histórica.

El Ayuntamiento de Zúrich iba a demoler un bloque de viviendas del año 1928, en que metían y se refugiaban los exiliados españoles tras la guerra civil. Él recordaba a muchos de ellos en su juventud porque organizaciones suizas como Ayuda Obrera Suiza ayudaban a estos fugitivos en su viaje a Suiza, incluidos los procedentes de campos de concentración para fugitivos españoles en el sur de Francia o los transportes de niños huérfanos españoles a Suiza. Su padre había sido uno de estos organizadores.

Bruno nació en el ano 1936 y creció en este Barrio 4 entre estos exiliados a los que ayudaba su padre y vivió esa solidaridad cada día con los menores españoles como compañeros de juegos. En su infancia he vivido esta solidaridad cada día. Sus compañeros de juego eran chicas y chicos de toda España. Quieren derribar esas casas y contra esa decisión Kammerer ha iniciado una campaña cuyos resultados se decidirán estos días en un referéndum entre los locales. Piensa, y piensa bien, que estas casas son un monumento de reflexión sobre la solidaridad entre dos países, uno como España en apuros y el otro como Suiza en su suerte de la neutralidad. Que estas casas son esculturas vivas en recuerdo de resistencia contra guerra y represión. Y que hoy en día, cuando renace el fascismo en todo el mundo, es necesario mantener esa memoria mas que nunca.

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