Opinión | A los pies de los caballos
Locales con estigma... o no

Dos personas se abrazan ante la sala Bataclan, tras los atentados de París en noviembre de 2015. / Thibault Camus | AP
Dicen los expertos que nunca deberías ponerle tu nombre a tu negocio: si cierra la peluquería Rafa López, al ver el local con el cartel de «se alquila» todo el mundo sabrá que el tal Rafa López ha fracasado y le será más difícil levantar cabeza en lo comercial. ¿Y qué ocurre con los negocios donde pasan cosas dramáticas o truculentas?
Cuando fue el atentado de Hipercor, en 1987, pensé que la cadena de hipermercados tendría que cambiar de nombre, por el recuerdo del asesinato de 21 personas en su centro de Barcelona. Como todos sabemos, no ha sido así.
También mantiene su nombre la Bataclan. El jueves se cumplirán 10 años de aquel horrendo atentado en el que fueron masacradas 90 personas a manos del ISIS. Probablemente franquear las puertas de esta sala parisina le produzca un escalofrío a más de uno, incluido quien esto escribe.
Mantiene también su denominación el bar La Cepa de San Sebastián, donde el bueno de Gregorio Ordóñez fue vilmente asesinado, hace ya más de 30 años, por un etarra que nunca ha sido identificado. Habrá a quien el nombre del local le sugiera respeto; o todo lo contrario, porque de todo hay, buena y mala uva, en la viña vasca.
En Estados Unidos, en cambio, convirtieron el Motel Lorraine de Memphis, donde fue asesinado Martin Luther King, en el Museo Nacional de Derechos Civiles, manteniendo la estructura del edificio y su emblemático cartel.
Nunca se sabe si ciertos establecimientos sucumbirán por el estigma o se convertirán en destino de morbosos. ¿Qué ocurre con El Ventorro, el restaurante de Valencia donde Mazón compartió mesa y (larguísima) sobremesa con una periodista el día de la dana? ¿Habrán aumentado las reservas de quienes quieren ver sus reservados?
Con connotaciones menos trágicas, menos conocen el nombre del restaurante madrileño en el que se refugió Mariano Rajoy durante la moción de censura que lo desalojó del poder en 2018, el Arahy. Su chef dijo hace unos años que el político gallego le había hecho «la mejor campaña de publicidad». Así que un hecho negativo puede traer mala fama a un local... «o no», como diría Rajoy.
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