Opinión | Sálvese quien pueda

Periodista, cronista, coleccionista de momentos y de amistades
Leviatán, Behemot y Ziz han tomado Israel

La tragedia del hambre en Gaza. / Andel Kareem Hana
Ya son demasiados corazones rotos, demasiadas vidas partidas, demasiada sangre derramada de inocentes como para seguir, aún desde lejos, mirando hacia otro lado. Con ojos desorbitados por la trágica inmensidad de lo que vemos, asistimos atónitos desde este Occidente desarrollado y aún sostenedor de unos principios que parecen estar en caída libre, a la evolución de un conflicto en el que un país en la órbita occidental, con el que antes manteníamos una memoria solidaria por el genocidio sufrido en los campos de exterminio nazis, antes también admirado por su esfuerzo y saber científico, poblado de premios Nobel, desarrolla una guerra inexplicablemente tribal y genocida nunca vista en el último siglo salvo en países subdesarrollados.
No pretendo entrar en cuestiones geoestrategicas cuya compejidad se me escapa. Las causas por las que Israel asume esa estrategia de tierra quemada vienen de decisiones tomadas mucho antes de la incursión terrorista de Hamás y sus 1200 muertos, y está diseñada desde los centros de poder israelí apoyada por su amigo americano contra la constitución de dos Estados que Israel odia pero defiende el resto de nacionaes del mundo. A Israel le vino al pelo Hamás. Ya decía Sáez-Rañada que estos tiempos se abren con un mundo fragmentado en el que los ideales y esperanzas de los pensadores ilustrados se pisotean cada día. Conquistas culturales irrenunciables en el ámbito de los derechos humanos se vulneran por países como Israel, por no hablar de otros dirigentes que parecen haberse olvidado de ellos.
Se habla de una guerra del estado de Israel contra los palestinos pero ¿qué guerra es esta en el que un solo bando, armado con las últimas tecnologías bélicas, con el ejército mejor pertrechado del mundo, pelea contra civiles desarmados persiguiéndoles a tierra quemada con el argumento, quizás disculpa, de los terroristas de Hamás que están por medio. ¿Dónde queda aquello de designar zonas sanitarias, de seguridad y neutrales que las partes en conflicto (países, ejércitos, fuerzas armadas, etc.) deberán respetar y proteger de los efectos de la guerra? ¿Qué hay en este conflicto sino violaciones graves del derecho internacional humanitario? ¿Es que ya no existe conciencia de la palabra genocidio, de lo que antes se llamaban crímenes de guerra o de lesa humanidad? El Gobierno israelí nos convierte en testigos espantados de una persecución en que hasta el hambre, la matanza indiscriminada de niños, el bomberdeo de los hospitales y el desplazamiento sin cesar de los civiles de sus propias tierras, parecen estar justificadas como armas de guerra. Leviatán, Behemot y Ziz, las tres principales bestias mitológicas que aparecen en la Biblia parecen haberse asentado entre ellos.
¿Conseguirán que esa solidaridad histórica con ellos se disuelva progresivamente ante la visión de tamañas atrocidades? ¿Alguien dará credibilidad a su desatada ocupación de otros territorios cuando los que se consideran de ellos se basan en hipótesis antañonas, bíblicas. ¿Se convertirán en los nuevos genocidas, los que antes fueron objeto del mismo, y todo por hacer de Gaza un inmenso centro balneario?
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