Opinión | A los pies de los caballos

Jefe de sección de Sociedad y Cultura
Es un cónclave, no «Sálvame»

Un grupo de cardenales. / Irene Savio
Hacía 20 años que no moría un papa durante su pontificado. Quizá por ello se han obrado prodigios casi sobrenaturales, como que aparezcan por doquier vaticanistas sobrevenidos en un país que vive de espaldas a la Iglesia. Su realidad cotidiana apenas interesa, pero cuando muere un papa y se avecina un cónclave, ahí sí hay misterio e intriga. ¡Cuánto daño ha hecho «El código Da Vinci»!
Hay que reconocer que tiene su chicha que varias decenas de señores célibes vestidos de rojo se reúnan a puerta cerrada en la Capilla Sixtina para elegir en secreto a uno de los personajes más influyentes de la humanidad. Ahí está el éxito de «Cónclave», la película, multiplicado por una fabulosa campaña promocional a coste cero. Las televisiones lo saben y envían a sus paracaidistas al Vaticano. A los expertos en «derecho canónigo» (sic) desde los platós «de aquí, de Madrí» se suman los intrépidos reporteros que abordan a los cardenales en la calle, como si fueran la familia de la Pantoja, para preguntarles a quién van a votar. ¡Cuánto daño ha hecho «Sálvame»!
Tampoco crean que las barbaridades en la cobertura de la muerte del papa son exclusivas de los medios no confesionales. El director de un programa de la mismísima cadena episcopal dijo que cuando el papa impartió la bendición urbi et orbi, el Domingo de Resurrección, sabía que iba a morir al día siguiente. Sería el único caso de la historia en que alguien predice su propio ictus. ¡Cuánto daño ha hecho «Cuarto milenio»!
Es lo que tiene interpretar en clave no ya terrenal, sino vulgar, una institución con 2.000 años de historia, por mucho que muchos hayan querido enterrarla antes de tiempo. No olvidemos que Unamuno publicó «La agonía del cristianismo» hace cien años, aunque el sabio bilbaíno aclaró que utilizaba la palabra «agonía» en su sentido etimológico, de «lucha», y no se refería al trance de fallecer. «Cinco veces en la historia el mundo moderno ha creído que la Iglesia estaba muerta, y cinco veces ha asistido a su funeral. Y cinco veces la Iglesia ha resucitado, porque ella tiene un Dios que sabe cómo salir de una tumba». Esto lo dijo un tal Gilbert K. Chesterton… ¡también hace un siglo!
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