Entrevista | Grazyna Wasiak-Maxwell Escritora polaca afincada en Vigo
«Siento que Vigo es mi lugar en la tierra»
La autora ha fijado su residencia en la ciudad olívica, tras 35 años viviendo en Londres. Forma parte de la Unión de Escritores Polacos en la Diáspora y es «embajadora de los séniors»

La escritora polaca Grazyna Wasiak Maxwell. / Cedida
Grazyna Wasiak-Maxwell, escritora y periodista, nació en Polonia, donde completó sus estudios de Ciencias Políticas en la Universidad de Wroclaw y también estudió Africanística. Vivió en Londres durante 35 años, estando siempre muy activa entre los círculos de sus compatriotas en Inglaterra y muy conectada con la Unión de Escritores Polacos de la diáspora, por lo cual figura entre las polacas distinguidas en la publicación ‘Tworcy Wizerunku Polonii’. Afincada desde hace un año en Vigo, donde vive su hija, es embajadora de los ‘séniors’ de Polonia e intenta crear un mundo más amigable para los jubilados en todos los sitios donde esté. Su relación con la ciudad olívica ha sido de embrujo a primera vista. «No soy de aquí, pero pertenezco a aquí», afirma, al tiempo que siente que su destino se ha esculpido frente al mar gallego y prepara un libro sobre la que ya considera su tierra adoptiva.
–Ha vivido entre Polonia, Londres y Vigo, ciudad que conoció porque su hija se estableció en ella. ¿Qué le ha llevado a afincarse aquí?
–Cuando era niña, recuerdo que al mirar al cielo y ver las nubes viajar, deseaba con fuerza saber: ¿Dónde estaría yo si no estuviese aquí? Medio siglo después, como una escena de fotograma de película, estoy de pie en el puerto de Vigo, junto al monumento a Julio Verne y el gran pulpo, contemplando el lejano horizonte marino. ¿Cuánto hay en esto de casualidad y cuánto de destino? No lo sé. Quizás aquí esté todo lo que subconscientemente buscaba; sobre todo, un espacio libre de las limitaciones terrestres. Las ciudades portuarias siempre han sido ventanas al mundo; simbolizaban la posibilidad de cambiar de rumbo y tener un nuevo comienzo. Aquí se entrelazan los destinos de emigrantes, marineros, comerciantes, contrabandistas y fugitivos. Y para una buscadora de aventuras como yo, este es un paraíso soñado en la tierra, envuelto en esperanza, añoranza y melancolía.
–¿Dónde empieza realmente una patria: en el pasaporte, en la lengua o en el afecto?
–A menudo me he preguntado qué es en realidad la patria: si un hogar, un lugar de residencia o más bien un sentimiento que llevamos en el corazón. Guiados por la intuición, buscamos un sitio donde la geografía de la tierra sea afín a la geografía de nuestra alma. A diferencia de lo que parece, la respuesta a esta pregunta no es sencilla, pero una cosa es indudable: la nacionalidad se hereda, mientras que la ciudadanía hay que ganársela. Si sentimos y tratamos al país adoptivo como un puerto de refugio o como una prisión, significa el fin del camino, no su comienzo. Muchos maestros espirituales afirman que, si no nos gusta nuestra vida, debemos cambiarla. Sin embargo, en ese momento surge un problema mayor: definir la propia identidad, tanto nacional como individual.
«Guiados por la intuición, buscamos un sitio donde la geografía de la tierra sea afín a la geografía de nuestra alma»
–Ha dicho que la nacionalidad se hereda, pero la ciudadanía hay que ganársela. ¿Cuándo sintió que empezaba a «ganarse» Vigo?
–Todo depende del papel con el que llegamos a una nueva ciudad y país: si como viajeros, turistas o peregrinos. Yo sentí que era una invitada que venía de visita y que la ciudad llevaba mucho tiempo esperándome. No fue amor a primera vista, sino una especie de misterioso embrujo. Tuve la fuerte impresión de que acababa de llegar a mi destino y de que este era mi lugar de pertenencia. Vigo me cautivó con su paisaje sensual; es como una joya suspendida entre el verde de las colinas y el azul atlántico. Es un lugar donde todo puede suceder, donde los sueños pueden emerger cada día de la bruma marina matutina. La ciudad combina lo exótico y lo multicultural; es moderna, pero también cuida con esmero su fascinante historia, tradición y cultura. Es el símbolo de los sueños gallegos de éxito económico y poder marítimo. Vigo es el cardiograma vivo de toda Galicia y ya es mi ciudad, mi lugar en la tierra.
–¿Qué significa para usted ser «viguesa adoptada»?
–Cruzar una frontera estatal conlleva inevitablemente un viaje hacia nuestro interior. Debemos recordar que el patrimonio cultural que recibimos no es solo un regalo para custodiar; hay que madurar para él y enriquecerlo con nuestra propia aportación. Mi romance personal con Vigo apenas lleva un año, y si mereceré el título de «ciudadana de honor de la ciudad», que lo juzguen la historia y sus habitantes.

La autora polaca proyecta escribir un libro inspirado en personas gallegas y el amor. / Cedida
–La mentalidad polaca, más inclinada al «sí» o «no», contrasta con la gallega del «depende». ¿Entiende esa y otras peculiaridades que se le atribuyen a los gallegos?
–Cuando cambiamos de país de residencia, debemos observar el nuevo lugar durante mucho tiempo antes de empezar a emitir opiniones categóricas sobre sus habitantes. Los estereotipos que circulan en el imaginario común también son engañosos. Los propios gallegos son ambiguos en sus respuestas y reacciones, pero son amables y serviciales, aunque quizás un poco desconfiados con los extraños. Pero gracias a esto se crea un cierto espacio psicológico que permite a los extranjeros desarrollarse y sentirse seguros. Considero que esta es la cualidad más valiosa de los habitantes de Galicia. Por ejemplo, se dice que Joseph Conrad se sumergió en el idioma inglés durante tres años antes de pronunciar su primera palabra en inglés. Yo también me encuentro en esa etapa y formularé mis frases sobre los gallegos con mucha cautela.
–¿Y algo de Galicia que le parezca aún indescifrable?
–Una cosa es segura: la burocracia local es una sofisticada carrera de obstáculos donde ninguna brújula ayuda ni funciona. Pero, gracias a Dios, con una buena dosis de calma estoica inglesa, muchas tapas y un buen vino local, se puede sobrevivir a ello sin perder la cabeza ni el buen humor.
– Parte de su filosofía de vida se resume en su «tarro de las 1.300 canicas». ¿En qué consiste?
–Todos sabemos que solo tenemos una vida y que solo se vive una vez. Sin embargo, la afirmación de la vida no es solo un concepto; es un consejo y una estrategia para vivir de manera sabia y consciente. Me gustaría compartir con los lectores mi descubrimiento personal que parte de un cálculo: si asumimos que viviremos otros 25 años y alcanzaremos la edad estadística esperada para las personas mayores, nos quedan aproximadamente 1.300 sábados. Luego vino el método: Compré mil trescientas canicas de cristal, parecidas a las que usábamos para jugar en la infancia. Elegí unas especialmente hermosas, de color azul y dorado, y las metí en una jarra transparente. Y por último, el ritual: Cada sábado saco una canica y observo cómo disminuye su número. Para mí, cada día se convierte tanto en un regalo como en un tesoro.
–Su primer libro, «Dokąd Którędy Po Co?» (¿A dónde, cómo y por qué?’), parte ya desde el título de tres preguntas esenciales. ¿Qué motivó este ensayo y cómo lo formuló?
–Mi libro debut causó una gran reacción entre los lectores y tuvo una acogida entusiasta entre los críticos literarios. El eterno y universal tema del sentido de la vida del ser humano lo presenté en la forma de historias filosóficas cortas. En el entorno de Londres moderno y afluente, mis protagonistas miden el tiempo con sus Rolex dorados, beben champán con mujeres vestidas en trajes de Chanel, contemplan sobre la espiritualidad oriental, decisiones morales y la anatomía de la naturaleza humana. Caminamos por los 10 mandamientos y por terrazas de pecados para recordarnos que una vida sin principios claros está demasiado sometida a casualidades arbitrarias.
–Y en su segunda obra se ancló en la realidad de la población de mayor edad.
–Está dedicado a los séniors y plantea preguntas dolorosas: ¿La vejez tiene futuro? ¿El principal adversario de la vejez es la juventud o el tiempo? ¿La edad avanzada puede ser una fuente de fuerza? Si entendemos que en 10 años en muchos países desarrollados hasta el 40% de las sociedades serán personas que han pasado los 60 años, entonces tenemos que tener la vejez más en cuenta. Más porque en el mundo de la vejez han empezado revueltas y disturbios; ‘vejez’ es una palabra fea y anticuada. Aunque tratamos a las personas con respeto, a nadie le gusta la ‘vejez’. Yo me he puesto en la defensa de las personas que entraron en la quinta estación del año, utilizando la metáfora musical de Vivaldi. En mi libro comparto las penas y alegrías de la gente mayor, muestro sus sueños y esperanzas. Al final, solo con suerte nos convertiremos en personas mayores.
«Me gustaría crear un club de personas mayores despiertas a la vida. Envejecemos porque perdemos la capacidad de asombro; mi receta es aprender a volar de nuevo»
–¿Qué significa ser «embajadora de los séniors» y qué proyectos contempla llevar a cabo?
–Aquí en Vigo, mi intención es fortalecer la comunidad polaco-inglesa; como naciones tenemos mucho que ofrecer y compartir. Sobre todo, mi pasión está con gente envejecida y sufriendo con la soledad, la parte menos deseable de las sociedades modernas, que ha quedado apartada a la periferia. Me gustaría crear un interesante club para personas mayores, despiertas a la vida, basado en muchos proyectos con éxito en Polonia e Inglaterra, y así enriquecer el sistema de cuidados de jubilados y personas avanzadas en edad. Porque la vejez no es solo un tema individual y privado, sino un fenómeno en la sociedad a gran escala. Las sociedades han apartado a la gente mayor del mundo actual, donde se juega lo de todos los tiempos: el poder, el dinero y el amor. Son como olvidables e invisibles; ya no juegan en el escenario principal de la vida. Envejecemos no porque vivimos más años, sino porque perdemos la capacidad del asombro. Propongo otra receta para los años avanzados, el cansancio y la resignación. Hay que aprender a volar de nuevo. La vejez tiene que jugarlo todo con la carta del amor, que es la fuerza más poderosa y la medicina mágica que rejuvenece. En el último capítulo de cada persona no se pregunta por el saldo en el banco, ni por cuántas propiedades se tiene, sino por cuánto se ha amado.
–¿Qué aprendizaje cultural se extrae viviendo su vida de adulta en al diáspora y qué lazos mantiene con su Polonia natal y con Inglaterra?
–Después de muchos años viviendo en Londres empecé a comprender el significado del concepto ‘identidad multicultural’ y la necesidad de abrirse a lo nuevo, lo diferente y lo desconocido. La tolerancia y la aceptación no son frases vacías. Tengo dos patrias cercanas a mi corazón, dos miradores al mundo: a Inglaterra la llamo «mi isla de plenitud», pero nunca me olvido de regresar al lugar de donde vengo y mantengo un vínculo cultural y emocional fuerte con Polonia. Por eso, me fascina la hermosa y melodiosa palabra gallega ‘morriña’, que contiene tantos matices de sentimiento, de añoranza por la tierra de la infancia y los lugares natales. La morriña es el concepto más importante de la cultura gallega, envuelto en melancolía y nostalgia. De pie en el puerto de Vigo, mi lugar favorito para relajarme, cada ola cuenta una historia de valentía y añoranza, de regresos y despedidas, de soledad y de sueños.
–También está preparando un libro sobre Vigo y los gallegos. ¿Qué clase de Galicia quiere retratar?
–No voy a viajar por Galicia por los caminos de los peregrinos, ni siguiendo lugares de interés cultural, ni por las rutas de comida, ni siquiera del vino... He programado el compás para un viaje entre los hombres gallegos y el amor. Sí, es así. Voy a flirtear con la vida. No es una historia sin precedentes entre libros y películas; una mujer con un reloj que ya mostró la medianoche hace tiempo, hablando metafóricamente, decide que este es su momento para enamorarse. ¿Una mujer madura es más sabia en el amor? El aprendizaje de este viaje puede ser inmenso, porque para empezar voy a tener que conocer a mujeres gallegas de ciudades y de aldeas para conocer sus opiniones sobre sus hombres y compararlas con el estereotipo del hombre español, que está fuertemente dibujado en la escena europea. ¿Podré añadir algo a este catálogo ya tan extenso sobre el conocimiento de los hombres? Deseadme suerte.
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