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El pontevedrés que diseñó un plan de guerra contra Estados Unidos

En 1804 Enrique MacDonnell, nacido en Pontevedra, denunció el peligro de los jóvenes EE.UU. a las fronteras españolas en Norteamérica y elaboró una estrategia de campaña para doblegar al joven país norteamericano

Retrato del teniente general de la Real Armada española Enrique MacDonnell (1753-1823). Museo Naval (Madrid)

Retrato del teniente general de la Real Armada española Enrique MacDonnell (1753-1823). Museo Naval (Madrid) / Dominio Público

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Carlos A. Font Gavira

Hace escasos días los Estados Unidos celebraron su 250 aniversario como nación independiente. La presidencia de Donald Trump no ahorró pompa y discursos engolados para resaltar este hecho. Los Estados Unidos, a pesar de la inestabilidad internacional actual, siguen conservando una hegemonía notable en todo el mundo no sólo por su músculo militar sino por su potencial económico. Sin embargo, desde aquella lejana declaración de independencia, un 4 de julio de 1776, el futuro de la joven república norteamericana no estaba ni por asomo garantizado. De hecho, España, gran contribuyente (en dinero, armas y soldados) a la causa de la independencia de las Trece Colonias británicas de la Costa Este, en menos de veinte años pudo, perfectamente, haber sido el ejecutor de la disolución de la joven república. ¿Por qué? La Corte de Madrid siempre quiso realzar más su contribución a esta causa para debilitar a su secular enemigo, Gran Bretaña, que a un deseo sincero de ayudar a independizar a unas colonias rebeldes. Sin embargo, los Estados Unidos de América era un hecho consumado y el nuevo país, a pesar de su bisoñez, pronto presentó su voracidad territorial e ímpetu expansionista que chocaba, frontalmente, con las posesiones de España en Norteamérica.

El problema de las fronteras y las migraciones sigue igual de vigente hoy que hace más de dos siglos: «Es crecida población que se va a agolpar sobre nuestras fronteras y a la que nos debemos oponer desde ahora y no después con el mayor empeño y la más eficaz energía». Estas palabras nos las pronunció el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sino un militar español de ascendencia irlandesa: Enrique MacDonnell (1752-1823). Lo curioso es que en su advertencia, los que iban a violentar las fronteras, se refería a los angloamericanos, es decir, a los estadounidenses, y el territorio incursionado era entonces español. Poco sabemos de la infancia y primeros años de MacDonnell, pero nos consta que nació en Pontevedra en 1753. Numerosas fuentes nos indican que nació en Irlanda (o que era ciudadano irlandés) cuando, realmente, lo que quieren decir es que su familia era irlandesa y se asentó en Galicia huyendo de la persecución religiosa en su isla natal. MacDonnell se vio atraído por la carrera naval e ingresó el 9 de julio de 1776 (curiosamente cinco días después de la declaración formal de la independencia de los EE. UU.) como teniente de fragata en el navío Paula. Estuvo enzarzado en combates contra los piratas argelinos y tuvo su primer escarceo bélico con los británicos en 1779, con un combate con una fragata enemiga de mayor porte que la suya. El ingreso de España en la guerra contra Gran Bretaña, con el telón de fondo de la rebelión de las Trece Colonias de la costa Este de Norteamérica, hizo que MacDonnell se involucrara en las operaciones navales del mar Caribe. Participó en la afamada batalla de Pensacola (actual Florida), donde los británicos fueron sonadamente derrotados por Bernardo de Gálvez (1746-1786). Tras un breve paréntesis, pues solicitó el retiro del servicio en 1802, lo volvió a solicitar en 1804.

A veces parece que la historia está escrita de antemano con una clarividencia asombrosa. MacDonnell escribió un completo informe en 1804 en el cual detallaba un plan de campaña militar contra los entonces jóvenes Estados Unidos de Norteamérica. ¿Por qué? MacDonnell no temía de los EE. UU. a su ejército, ni a su marina, ni su comercio, lo que realmente veía peligroso a medio y largo plazo era su demografía. La población creciente de los Estados Unidos se nutría, mayoritariamente, de las hornadas de inmigrantes que procedían de Europa, a los que MacDonnell calificaba de «pordioseros» y «holgazanes.»

Mapa de los Estados Unidos de América durante su proceso de independencia (1776-1783). Extraído de: Altas de la Geografía Histórica de los Estados Unidos de Charles O.Paullin y John K. Wright, (1932).(Lámina 89).

Mapa de los Estados Unidos de América durante su proceso de independencia (1776-1783). Extraído de: Altas de la Geografía Histórica de los Estados Unidos de Charles O.Paullin y John K. Wright, (1932).(Lámina 89). / FDV

A principios del siglo XIX España conservaba aún extensos territorios en Norteamérica: las Floridas, Virreinato de Nueva España que no sólo incluía México sino también los actuales territorios de Arizona, Texas y Nuevo México, así como la extensa Luisiana, con su importante puerto de Nueva Orleans, en el medio Oeste. Los Estados Unidos apenas tenían veinte años de existencia como nación política independiente, desde su independencia de Gran Bretaña en 1783. Con apenas cinco millones de habitantes, los líderes políticos de la joven nación ya tenían en mente la expansión territorial hacia el Oeste del continente con una arrogancia y seguridad, a pesar de su escaso potencial, que crispó al militar pontevedrés: «Esta Nación apenas ha dejado los pañales de su primitiva existencia política que ya quiere presentarse orgullosa y contiendan con insolencia con algunas del antiguo continente a quienes por todas razones debería respetar aun cuando no fuese más que por sus propios intereses.» España había contribuido a crear un país que lejos de agradecerle la ayuda y mantener unas amistosas relaciones hizo todo lo posible por perjudicarlas. Guiada por una política expansionista desaforada la posición española en Norteamérica pronto iba a estar en peligro. El afamado Thomas Jefferson (3º presidente de los EE. UU.) ya declaró en una fecha tan temprana como 1786 lo siguiente: «Nuestra Confederación ha de verse como el nido desde el cual se poblará América entera, tanto la del Norte como la del Sur. De momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, que sólo temo resulten débiles para mantenerlos sujetos, hasta el momento en que nuestra población crezca lo necesario para arrebatárselos parte por parte». Un plan de expansión territorial utilizando la bomba demográfica como arma de futuro.

MacDonnell era un militar veterano e identificó a los Estados Unidos como la principal amenaza y publicó una obra premonitoria bajo este título: «Plan de Campaña Ofensiva combinada de Mar y Tierra Contra los Estados Unidos de la América Septentrional (1804)». Nada más y nada menos que proponía el declarar la guerra a los EE. UU. como única solución viable para conjurar el peligro futuro de su expansión: «No nos queda pues otro partido que la guerra para impedir a los angloamericanos la ocupación de esos puntos tan importantes; es el único partido de una Nación fuerte y valerosa. Jamás ellos desistirán por otros medios de unas posesiones tan lisonjeras con que llevan a cabo su proyecto de elevación y prosperidad». El militar español estaba muy seguro de su propuesta, puesto que entendía que los Estados Unidos no estaban muy consolidados en su estructura política, les faltaba experiencia en la diplomacia y en la guerra, por tanto, era el momento propicio para doblegarlos en el campo de batalla. Si se permitía que los Estados Unidos se desarrollase ya sería demasiado tarde para frenarlos.

Representación de la transferencia de poder entre Francia y Estados Unidos del territorio de la Luisiana en el cabildo de la ciudad de Nueva Orleáns. Dibujo de Thure de Thulstrup. Fecha: 20 de diciembre de 1803.

Portada del «Plan de Campaña ofensiva coordinada de Mar y Tierra contra los Estados Unidos de la América Septentrional», elaborado por Enrique MacDonnell y fechado el 8 de mayo de 1804. Biblioteca Nacional de España (BNE). / FDV

Esta obra va más allá de un análisis militar y muestra una radiografía completa de los Estados Unidos describiendo su geografía, su economía, su estructura política… El aspecto que describió a la perfección como la principal debilidad política de EE. UU. fue la esclavitud: «Esta Federación amenaza ruina. Los conflictos de intereses y opiniones se ven palpables en la ley del Congreso para la abolición general de la esclavitud de los negros bajo las más severas penas. Hay además en el Congreso una diferencia de opinión tocante a su sistema de gobierno que nos favorece ampliamente por lo mucho que les perjudica». El militar español se adelantó más de cincuenta años a la causa principal de la desunión política de los EE. UU. y que explotaría, literalmente, en 1860 en la Guerra de Secesión (1861-1865). El gobierno de Washington no perdió el tiempo y apenas unos años después de la independencia ya empezaron a incorporar estados nuevos como Kentucky (1792), Tennessee (1796) y Ohio (1803). Las fronteras de los EE. UU. cada vez se acercaban más a las españolas ante el inevitable choque final. La clave de la geopolítica en Norteamérica la representó el río Mississippi. Con su más de 3.700 kilómetros de longitud, era la frontera natural entre dos espacios políticos destinados a enfrentarse en Norteamérica: Anglo-América vs Hispano-América. España había dominado el espacio del Mississippi gracias a la Luisiana que le cedió Francia en 1763. Tras más de cuarenta años de gobierno español, el ascendente Napoleón se entrometió en los asuntos de Norteamérica y obligó a España a devolver el territorio de la Luisiana a Francia mediante el tratado de San Ildefonso (1800). Un territorio de más de dos millones de kilómetros cuadrados, de fronteras indefinidas, pero de un potencial económico superlativo, fue ofrecido en bandeja a los EE. UU. por el futuro emperador francés. El gobierno de Washington compró el territorio de la Luisiana a Francia, por la cantidad de 15 millones de dólares en el año 1803, en una venta que quizás haya sido la más rentable de la historia. Es curioso que Estados Unidos, más que conquistar su territorio, lo que ha hecho es comprarlo: luego seguirían la compra de las Floridas (1819), la Mesilla (1853), Alaska (1867), etc. Para España supuso, sobre todo, la pérdida del puerto de Nueva Orleans, «la joya de la lid» como la describió MacDonnell, que sería el objetivo fundamental y primigenio de la futura guerra entre España y los EE. UU.

Retrato del teniente general de la Real Armada española Enrique MacDonnell (1753-1823). Museo Naval (Madrid). Dominio Público.

Representación de la transferencia de poder entre Francia y Estados Unidos del territorio de Luisiana, en el cabildo de la ciudad de Nueva Orléans. Pintura de Thure de Thulstrup. 20 de diciembre de 1803 / FDV

El plan de campaña, tanto por mar y por tierra, que presentaría España en Norteamérica para doblegar a los Estados Unidos pasaba por desarticular su frágil federación para que se formaran «naturalmente tres trozos o gobiernos separados.» Las tropas españolas, desde las Floridas, invadirían el estado de Georgia y, probablemente, las dos Carolinas. Los puertos estadounidenses –en ese momento sólo disponían del Atlántico como costa– serían bloqueados por las fragatas españolas. La marina de los EE. UU. estaba en pañales (apenas 15 fragatas), aunque podían armar a los mercantes. ¿Y los indios? La población nativa, al fin y al cabo, los habitantes originarios del continente, ante tanta disputa territorial de los países colonizadores, sería utilizada a conveniencia de los intereses estratégicos de España. Pueblos como los Shawnee, los Iowas, los Wichita, los Creek, o los Cherokee apoyarían el esfuerzo de guerra español, puesto que «no será pues dificultoso ni quedará sin éxito el procurar se declaren a nuestro favor. Los regalos, las promesas y su propio interés los determinará prontamente». MacDonnell abrigaba la seguridad de que España vencería a los Estados Unidos y en el futuro tratado de paz (sólo constaría de cuatro artículos), se les vedaría la navegación por el Mississippi, se les marcaría unos nuevos límites fronterizos que «les quite con los medios la idea de extenderse y propagarse al Oeste y les haga mudar para siempre de un sistema de engrandecimiento tan contrario a nuestros intereses como a los de toda la Europa en general».

En el momento presente los Estados Unidos viven una coyuntura peligrosa y difícil. El extremismo se va adueñando del discurso público mientras que a pie de calle la tensión crece. El actual mandatario de la Casa Blanca ignora o desconoce la historia de su propio país. Hace doscientos cincuenta años los «ilegales» que «asaltaban fronteras ajenas» eran los angloamericanos, es decir, los estadounidenses.

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