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El concierto de mi vida: cinco gallegos destacados nos cuentan sus mejores recuerdos

Preguntamos a cinco gallegos destacados por el evento musical del que guardan mejor recuerdo. Marilar Aleixandre escoge el Festival de la Isla de Wight en 1970; Antonio García Teijeiro, Bob Dylan en Barcelona en 1995; Pepe Solla, Pearl Jam en Londres en 2010; Pedro Feijoo, los Ramones en Vigo en 1991; y Marta Larralde, los «Leiva vs Ferreiro»

De izda. a dcha.: Marta Larralde, Pedro Feijoo, Pepe Solla, Antonio García Teijeiro y Marilar Aleixandre

De izda. a dcha.: Marta Larralde, Pedro Feijoo, Pepe Solla, Antonio García Teijeiro y Marilar Aleixandre / Juan Herrero|EFE / Marta G. Brea / Rafa Vázquez / Alba Villar

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La oferta de festivales y conciertos al aire libre se multiplica durante los meses de verano. Es el momento de vibrar con las actuaciones de los grandes músicos y sumergirse en el ambiente de los sonoros atardeceres y, sobre todo, noches y madrugadas repletas de energía y espectáculo para entregarse a una experiencia que tal vez permanecerá indeleble en nuestra memoria el resto de nuestros días.

Consultamos en este reportaje a cinco personalidades gallegas, tres escritores, un chef y una actriz, por el concierto de sus vidas y estas han sido sus elecciones: Marilar Aleixandre ha señalado el festival de la Isla de Wight en 1970; Antonio García Teijeiro no duda en escoger el recital de Bob Dylan en Barcelona en 1995; Pedro Feijoo se queda con los Ramones en Vigo en 1991; Pepe Solla se decanta por uno de sus grupos fetiche, Pearl Jam, en el Hard Rock Calling de Londres de 2010; y Marta Larralde recuerda cualquiera de las noches de música en directo en los chiringuitos de Vigo, al tiempo que destaca el Leiva versus Iván Ferreiro del Náutico de San Vicente y su encuentro con Roger Waters en el Wizink Center de Madrid.

Marilar Aleixandre en el «Woodstock europeo»

Con 23 años, en 1970, y la carrera de Biología rematada el año anterior, Marilar Aleixandre, que ya trabajaba como profesora en su Madrid natal (no se afincó en Galicia hasta 1973), tenía desde sus primeros años en la facultad un grupo de amigos rockeros asiduos al programa radiofónico ‘Caravana Musical’ y al espacio en directo ‘Vuelo 605’, que conducía el locutor y radiotelegrafista de Iberia Ángel Álvarez los fines de semana desde un cine de la capital. «Presentaba os discos que acaban de saír en Estados Unidos e sorteaba algúns; teño discos de Os Doors daquela e doutros músicos», indica.

Fue en ese entorno de amigos de la carerra y otros que hizo en esas sesiones radiofónicas donde se enteró de que se celebraba un gran festival en la Isla de Wight en 1970. «Non sei se acordei máis tarde ca eles pero non me resultou fácil conseguir vós, así que apunteime a unha lista do sindicato español universitario e conseguín un billete de ida de Madrid a Londres, onde mercamos as entradas por tres libras para os tres días, do 28 ao 30 de agosto de 1970».

Marilar Aleixandre y sus amigos en el lugar donde acamparon en la Isla de Wight en 1970.  | // ARCHIVO MARILAR ALEIXANDRE

Marilar Aleixandre y sus amigos en el lugar donde acamparon en la Isla de Wight en 1970. / Archivo de Marilar Aleixandre

Un tren a Portsmouth y un ferry a Isle of Wigth condujo al grupo de jóvenes españoles al lugar del festival, una superficie de más de mil acres (más de cuatrocientas hectáreas) en terrenos agrícolas y forestales. «Puxemos a tenda e os sacos na parte de máis arriba –a de debaixo non chegaba a ser un val, os ingleses chámanlle downs, eran terreos sen árbores–», explica Marilar. «Chegar preto do escenario onde eran os concertos era imposible, había moita xente que se colocaba alí coa toalla, un bocata e o que foxe e durmían alí mesmo».

Considerado el Woodstock europeo, el festival de Wight congregó a unas 600.000 personas, según estimaciones publicadas ese año en los medios de comunicación. Contaba con un cartel muy potente, con cabezas como The Doors, The Who, Jimi Hendrix, Joan Baez, Leonard Cohen, Chicago o Joni Mitchell. «Era todo moi precario pero moi emocionante. Non recordo o son como especialmente bo, para nada, houbo problemas cos altavoces e algún dos concertos dos máis famosos retardouse porque non funcionaban. Algúns días estabamos moi lonxe do escenario e outros relativamente preto; comprabamos antes de entrar algunha bebida, fiame ou o que houbera para comer (café era imposible), había uns baños nos que tiñas que facer moita cola».

De todas las actuaciones que vio esos días, la escritora Premio Nacional de Narrativa en 2022 destaca la de su grupo mítico, The Doors: «Hai algunhas cancións, como When the music is over, das que teño moitas lembranzas asociadas a esa época». Aunque en esos años era, sobre todo rockera, Aleixandre destaca también a Jimi Hendrix, del que tuvo la oportunidad de asistir a su penúltimo concierto antes de su fallecimiento meses más tarde, y a Leonard Cohen, del que le emocionó mucho su directo. «Con Cohen pasoume algo parecido ao que me ocorreu con Joan Manuel Serrat; de feito impactoume tanto que cando voltamos a Londres merquei un par de libros del, a súa novela Fermosos perdedores e o seu recompilatorio de poesía Selected Poems, onde hai algúns que transformou en cancións, como Suzanne».

Como no tenía billete de regreso a España, Aleixandre realizó el viaje de vuelta entre Calais, donde llegó el ferry desde Dover, y Madrid en autostop: por Francia acompañada de un estadounidense al que conoció en el ferry, y ya en España, sola, aunque tuvo una mala experiencia antes de Zaragoza y decidió acabar el último tramo en tren desde la capital aragonesa hasta Madrid.

«Despois estiven en outros festivais memorables, como o de jazz de New Orleans no ano 2000, o de Bruce Springsteen no Monte do Gozo ou os de Siniestro Total, co meu amigo e alumno no Instituto do Calvario Julián Hernández, que ten envexa de min por estares en Wight», comenta Aleixandre, quien todavía guarda la entrada y alguna foto de ese legendario acontecimiento.

García Teijeiro y Bob Dylan en Barcelona

«Tendo en conta que gardo no meu corazón algo moi importante como foi o concerto de Paco Ibáñez e Rafael Alberti en Madrid en 1991, ou o de o Leonard Cohen en Vigo en 2009, para min o concerto de Bob Dylan en Barcelona en 1995 foi algo verdadeiramente excepcional, porque sempre foi para min un referente na maneira de escoitar a música: un poeta que escribía cancións; dende case ao principio que o escoitei engaioloume, tanto os seus discos como os libros que se publicaron hai moito tempo», comenta el escritor Antonio García Teijeiro, quien tiene una colección inmensa de bibliografía y discografía de Dylan, además de diversos objetos relacionados con el cantante.

«Nunca pensara velo en directo, parecíame que iso non estaba ao alcance de persoas coma min», dice García Teijeiro. Por eso, cuando el escritor catalán Jordi Sierra i Fabra le invitó a él y a su mujer a verlo le invadió la emoción. «Foi na Praza Maior do Poble Espanyol de Montjuic un 24 de xullo; a experiencia para min foi única, extraordinaria, moi emocionante; de moi preto sentín a maxia dun Dylan en forma que me conmoveu cando tocou a harmónica, algo que xa non fai actualmente», manifiesta García Teijeiro, quien destaca, además, la entrega del público durante las doce canciones y tres bises que ofreció el intérprete, al que acompañaron un grupo de cuatro músicos «dunha enorme calidade, con Tony Garnier no baixo e dirixindo», Windston Watson a la batería, John Jackson a la guitarra y los coros, y Bucky Baxter con el característico sonido de pedal steel y slide que marcó muchas actuaciones de Dylan en los 90. «Era un grupo cunha enerxía roqueira extraordinaria e con momentos intimistas dunha intensidade maior», apunta García.

Bob Dylan, en un concierto en Santiago en 1999.  | //  LAVANDEIRA

Recortes de prensa sobre la actuación de Dylan en Barcelona, en 1995. / Archivo de Antonio García Teijeiro

Otro de los aspectos que hizo este concierto inolvidable para el escritor gallego desde el punto de vista afectivo fue compartirlo con su mujer, con la que lleva 46 años, casado, y con Jordi Sierra i Fabra, uno de los pioneros de la crítica musical en los 90, quien «inmortalizou ese evento nun libro en catalán que nos adicou e que queda aí como algo marabilloso: Concert en sol major»

García Teijeiro, que guarda la entrada y la camiseta de Dylan que compró en ese concierto, tuvo la oportunidad de ver al músico que más le interesa de todos, según dice, en otras ocasiones y en otros lugares, como Vigo, Santiago, Bilbao y Madrid. «Pero ese concerto foi para min a gran referencia, por Dylan intentei aprender inglés –eu viña dunha educación en francés, a que se facía antes nas escolas–, pero iso non puido ser posible e agardei ata que saíu o primeiro libro das súas cancións en castelán».

La relación de García Teijeiro con Dylan va más allá de la de un fan con su ídolo. «Durante moito tempo cubriu tardes e tardes de escoita musical e poética que a min me fixo moito ben para o meu desenvolvemento persoal como escritor». Conferenciante sobre Dylan en mesas y palestras, García Teijeiro recibió numerosas felicitaciones cuando le concedieron el Nobel de Literatura a su referente en 2016. «Curiosamente, ao ano seguinte gañei o Premio Nacional de Literatura Infantil e Xuvenil e volvéronme a felicitar», apunta.

Pepe Solla y Pearl Jam en Londres

«Elegir uno va a ser complicado. Tengo bandas que para mí son fetiche, a las que voy a ver y sigo: recuerdo el concierto de Pearl Jam en Hyde Park, en Londres, en el festival Hardrock Callings en junio de 2010», expresa el cocinero estrella Michelin Pepe Solla. Su elección responde a dos motivos: actuaba de telonero Ben Harper, del que es muy fan, y fue acompañado de su hijo, Jose, y de su sobrino Javier, en el que era casi el primer gran concierto para ambos jóvenes, quienes le contagiaron su ilusión. «Había 150.000 personas, fue brutal, de esos conciertos que se te van a quedar ahí metidos por lo que significan».

El cocinero pontevedrés recuerda también su primer concierto como espectador, el que ofreció la banda británica de rock progresivo Camel en el Pabellón de Deportes de Pontevedra el 2 de diciembre de 1979. «Yo tenía 14 años y fui con dos primas de veintipocos, hasta recuerdo la canción con la que abrieron el concierto de la gira de su disco I Can See Your House From Here: era Echoes».

Jimi Hendrix, en un concierto en 1970.

Pearl Jam Rotterdam, 2009. / RICK NEDERSTIGT | EFE

Solla menciona también uno de los últimos, el que ofreció la banda escocesa Biffy Clyro el pasado 3 de julio en Finsbury Park, en Londres. «Son atronadores, para mí de las mejores bandas en directo, con una fuerza, una energía, una vitalidad y un sonido increíbles». En su concierto en solitario en Londres invitaron a subir al escenario a varios grupos, como Marmozets, Wavves, Don Broco y Nothing but Thieves, el último de ellos «nos encanta a mi novia, Bego, y a mí».

Melómano, rockero y guitarrista, Pepe Solla también ha tenido la oportunidad de vivir conciertos desde el escenario, tanto con su grupo como acompañando a otros artistas. «La primera vez que subí a un escenario grande fue con Eladio y los Seres Queridos en un festival PortAmerica en Porto do Molle». Fue en verano de 2015; después se subió otras veces con el artista vigués y con otros músicos, como Xoel López, Iván Ferreiro, Viva Suecia, Siloé y Love of Lesbian.

Pedro Feijoo y Los Ramones

«He ido a un montón de festivales, a los conciertos de verano en Castrelos, me gustara más o menos el grupo, y como músico he estado en sitios que decía ¿qué hago aquí?, pero el concierto de mi vida es el que hicieron los Ramones en Vigo, en el pabellón de deportes de As Travesas en 1991; lo tengo clarísimo», dice el escritor Pedro Feijoo, que tenía quince años cuando vio a la banda estadounidense de punk rock en su ciudad.

La actriz Marta Larralde. | // RAFA VÁZQUEZ

Los Ramones, en Vigo. / Magar

«Era la primera vez que iba a un concierto que habíamos escogido nosotros, de un grupo que nos flipaba; en aquel momento, como dice mi madre, era como ver a Dios por un buraquiño», comenta Feijoo, quien recuerda los prolegómenos del evento, desde comprar la entrada en la tienda de discos Elepé por dos mil pesetas, cuidarla como oro en paño hasta el día del evento, «no la vayas a perder», y por fin, asistir a la esperada cita del 9 de marzo de 1991, justo dos noche antes de que la banda grabara su disco en directo Loco Life en Barcelona. «Aquello fue pura energía, una barbaridad; habíamos culebreado para colarnos en la primera fila, recuerdo estar allí agarrado a las barandillas antipánico ya en plena vorágine del concierto y la energía era tan bestia que si te soltabas del antipánico, volvías de vuelta a la mesa de mezclas», relata Feijoo, quien guarda en su memoria una divertida anécdota del concierto: «La actuación fue toda una canción tras otra, decían «1,2,3, 4» y empezaban, o sea que casi no te daba tiempo a reconocer la canción y ya estabas en la siguiente; estábamos en Vigo y cuando empezaron a tocar Rockaway Beach, absolutamente todo el público empezó a cantar Rock en Samil. Hubo un momento en el que Joey Ramone se dio cuenta de que la gente decía otras cosas distintas a la que él cantaba (decían «silbo rockabilly en mi pitagol»), apartó el micro, se bajó un poco las gafas y miró como pensando ¿qué cojones están cantando estos tarados?».

Al salir del concierto, el grupo de adolescentes se metió en las obras del túnel de Praza de América, en fase de construcción, para darse un respiro. «Estábamos mis colegas y yo pensando ¿qué cojones acabamos de ver?, y yo les dije: «no sé, tíos, pero yo me quiero dedicar a esto». Fue como una revelación, supongo que como el fogonazo que bajó a San Pablo del caballo».

Marta Larralde y los chiringuitos

«Siempre procuro ir a chiringos donde haya música en directo, esos son mis conciertos favoritos porque mola mucho el ambiente, la onda, la música y el atardecer en la playa», manifiesta la actriz viguesa Marta Larralde, quien lamenta la prohibición de esos recitales en Vigo.

Pepe Solla, en concierto en la calle en Pontevedra.  | // RICK NEDERSTIGT

Leiva e Iván Ferreiro, en concierto en Vigo. / FDV

A nivel más grade, Larralde se decanta por los conciertos «guapos» a los que ha asistido en el Náutico de San Vicente, en O Grove: «desde un versus Leiva Ferreiro, que he visto varios y me lo paso genial por el pique que tienen entre ellos (figurado, porque son amigos) y por descubrir las canciones de uno con la voz y el alma del otro», hasta los de otros grupos como Vetusta Morla o Depedro.

El primer concierto de su vida fue el de Emilio Aragón en Castrelos, con su Cuidado con Paloma que me han dicho que es de goma. Entre los más recientes destaca el de Rosalía y todos los de C Tangana a los que ha ido; y el más emocionante, el de Roger Waters en Madrid. «Soy muy fan de Pink Floyd y estuve todo el concierto emocionadísima», confiesa.

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