Los dos gallegos y el portugués «fabuladores» del secuestro del Santa María: «Un camino a ninguna parte»
Los gallegos Pepe Velo y José Fernández lideraron, junto al portugués Henrique Galvão, la Operación Dulcinea en 1961 secuestrando un trasatlántico en el Caribe. Su objetivo era derrocar a Franco y Salazar. El escritor José Ignacio Carnero novela su quijotesca historia
La madrugada del 22 de enero de 1961, cerca de una treintena de exiliados españoles y portugueses secuestran en aguas del Caribe el trasatlántico de bandera lusa Santa María, que se dirigía hacia Lisboa y Vigo con cientos de pasajeros a bordo. El plan del grupo denominado Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL) era desviar la embarcación hacia la costa africana para iniciar una revolución desde Angola y derrocar las dictaduras de Franco y Salazar. Al frente del comando se encontraban dos gallegos, Xosé Velo Mosquera, un poeta y profesor nacido en Celanova, y José Fernández, un militar republicano de A Pobra do Caramiñal que a lo largo del secuestro se identifica como Comandante Sotomayor; ambos, junto al capitán portugués Henrique Galvão, un militar afín al régimen de Salazar hasta que cayó en desgracia, son los tres cabecillas que lideran la misión.
Este episodio real, que se extendió durante diez días y acabó con los secuestradores recibidos como héroes en Brasil, inspira la novela Los fabuladores (editorial Random House), de José Ignacio Carnero, quien estará hoy firmando ejemplares de su obra en la Festa dos Libros de Pontevedra y mañana en la Feira do Libro de Vigo. El título alude, según el propio autor, a los tres grandes protagonistas de la historia –Galvão, Velo y Sotomayor–, pero también a él mismo como narrador.
Carnero descubrió el secuestro casi por azar y lo primero que le impresionó fue su propia ignorancia: no entendía cómo podía no saber nada de un episodio tan novelesco. A partir de ahí inició una investigación de cinco años, viajando y entrevistando a personas vinculadas a los hechos, entre ellas los últimos supervivientes relacionados con el secuestro: el extremeño Camilo Mortágua, ya fallecido, y Víctor Velo, hijo de uno de los cabecillas gallegos y reclutado por su padre para la acción con 17 años.

José Ignacio Carnero, autor de 'Los fabuladores'. / José Luis Roig
La historia, afirma Carnero, acabó desbordando la novela que tenía en mente: «Era tan inverosímil todo aquello de lo que me enteraba, era tan absolutamente novelesco», dice, que su idea inicial de relatar los hechos ocurridos esos diez días se tornó en plasmar unas biografías «fascinantes, llenas de sucesos extraordinarios, de puntos ciegos, de mentiras».
«Era tan inverosímil todo aquello de lo que me enteraba, era tan absolutamente novelesco»
Durante el asalto, un tripulante murió y otro quedó gravemente herido. Los secuestradores decidieron entonces, según su propio relato, renunciar al proyecto revolucionario para salvar a ese hombre, que desembarcó en Santa Lucía. La maniobra alertó a la Marina estadounidense y el secuestro se convirtió en un suceso mediático internacional. El 2 de febrero, el trasatlántico rebautizado por los secuestradores como Santa Liberdade, llegaba a Recife y el pasaje era liberado, mientras que los secuestradores obtuvieron asilo político en Brasil.
Uno de los ejes de la novela de José Ignacio Carnero es la idea de fabulación: cómo los protagonistas no solo participaron en una aventura política, sino que también se construyeron a sí mismos como personajes. Carnero destaca que los tres eran figuras incompatibles entre sí: un militar portugués anticomunista, un poeta galleguista y un republicano gallego con una biografía marcada por episodios heroicos, traumáticos y también dudosos. Sobre Sotomayor, el autor subraya que su vida era tan extraordinaria que contenía «una parte importante de mentira, de construcción propia de su personaje» algo que para un escritor era «oro».

Portada de la novela de Carnero. / Penguin Libros
El comandante
Procedente de la pequeña burguesía gallega, José Fernández, el comandante Sotomayor, nacido en 1904, luchó contra Franco en España y contra Hitler en Francia, donde estuvo exiliado y se unió a La Resistencia. Sobrevivió al campo de exterminio de Auschwitz y recaló en la Cuba revolucionaria, donde ejerció como profesor de universidad entre 1959 y 1961. Retornó a España tras la muerte de Franco, entre otras razones para presentar su libro Yo robé el Santa María, del que se hizo una versión en gallego editada por Galaxia. Regresó a Latinoamérica y se estableció definitivamente en Caracas, donde falleció en 1986.
El poeta galleguista
Nacido en 1916 en Celanova, donde tiene una calle con su nombre, Pepe Velo era un galleguista de pro, incansable luchador contra el franquismo durante la Guerra Civil y el exilio. Tras el secuestro del Santa María, se afincó en Sao Paulo, donde, animado por su mujer, fundó la librería Nós y la editora Galicia Ceibe, en la que publicó una traducción de Rosalía de Castro al portugués y tenía pensado editar su propia obra. Antes de fallecer a los 55 años, en 1972, creó un periódico de barrio en la ciudad paulista llamado Paraíso Sete Días, concebido para luchar contra la dictadura en Brasil, y comenzó un guión de un proyecto audiovisual sobre la historia de la humanidad destinado a público infantil y juvenil. El cineasta gallego Aser Álvarez le dedicó el documental O libertador ibérico en 2022, con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento.
El fracaso de las utopías
Los fabuladores, según Carnero, no idealiza la aventura de Galvão, Velo y Sotomayor. Aunque el secuestro fue recibido en parte como una gesta antifascista, el autor insiste en su dimensión moralmente ambigua: hubo violencia, una muerte a bordo y vidas destruidas por una imaginación desbordada. «La novela sí es un retrato del fracaso de las utopías, del peligro de las utopías» afirma. Esa imaginación, capaz de producir esperanza, también se convirtió en «un incendio» que arrasó la vida de los protagonistas y de sus familias.
«La novela sí es un retrato del fracaso de las utopías, del peligro de las utopías»
Carnero sitúa el secuestro en el clima político de la época: apenas unos años después de la Revolución Cubana, muchos exiliados creían que una acción espectacular podía desencadenar una revolución. Pero también señala la desconexión de los protagonistas con la realidad de España y Portugal. Vivían en Caracas, influidos por las revoluciones latinoamericanas, y miraban la península como si el Atlántico no existiera. Esa lectura equivocada del contexto contribuyó al fracaso de la operación.
Tres «Quijotes»
El autor también vincula la aventura con el Quijote. Galvão y Velo eran fieles lectores de Cervantes, bautizaron a la misión con el nombre de Operación Dulcinea y Carnero cree que la referencia quijotesca ayuda a entender el carácter literario, delirante y trágico de la empresa. «Los tres acabaron perdiendo la noción de la realidad», afirma, aunque a veces su imaginación ofreciera «muchísima luz». Como el Quijote, fueron consumidos por aquello que imaginaban.
Muerte en el asalto
Otro punto central es la muerte producida durante el asalto al barco. Carnero sostiene que ese hecho es uno de los ejes que vertebran la novela, porque obliga a mirar el lado oscuro de la utopía. «No podemos renunciar a la imaginación», dice, «pero tenemos que corregir los errores del pasado, entre ellos el uso de la violencia». Aun así, recuerda que en aquel contexto histórico la acción fue vista por muchas democracias como un gesto antifascista: «El mundo libre les aplaudía como héroes, fueron portada en Paris Match y en la prensa anglosajona, mientras que la prensa española y portuguesa, que lógicamente se puso al lado de las dictaduras, presentaron a los secuestradores como delincuentes comunes, les arrinconaron».
Carnero evita cerrar del todo algunas incógnitas. Sobre si los secuestradores renunciaron realmente a su plan revolucionario para salvar a un herido, reconoce que «no se sabe». La novela recoge distintas versiones y fabula sobre lo que pudo ocurrir en la enfermería cuando los líderes decidieron cambiar el rumbo del plan. En cualquier caso, considera que desembarcar al herido contiene «una parte importante de valor».
El secuestro fue al mismo tiempo una victoria propagandística y un fracaso revolucionario. Cuando Carnero habló con Camilo Mortágua y Víctor Velo percibió que, pese al impacto internacional de la acción, la sensación de fracaso los acompañó toda la vida. «Esta es una historia crepuscular», resume Carnero, «en la que el fracaso es otro de los ejes de la novela». Camilo Mortágua murió durante el proceso de escritura de la novela y Víctor Velo está en una residencia, con problemas cognitivos. «Llegué a tiempo, en el último suspiro de la capacidad de los supervivientes para relatar lo que sucedió».
«Llegué a tiempo, en el último suspiro de la capacidad de los supervivientes para relatar lo que sucedió»
La historia nos remite a la figura del héroe. Carnero rechaza la visión heroica simple: «los héroes están para los malos libros de historia, no para las novelas». La literatura, dice, trabaja con un material más frágil y contradictorio: no con héroes puros, sino con personas capaces de grandeza, miseria, mezquindad y contradicción. Por eso le interesan más «las personas que los personajes».
Carnero realiza una reivindicación de las mujeres y las familias de sus «fabuladores», presentadas como «la otra cara del heroísmo». Ellas sufrieron el exilio, la pobreza, la persecución y el abandono, mientras los hombres perseguían sus ideales. «Fueron las que sostuvieron el mundo, se ocuparon de la comida, la casa, los cumpleaños y la supervivencia cotidiana, mientras ellos vivían en su mundo imaginario».
Sobre las mujeres y las familias de los «fabuladores»: «Fueron las que sostuvieron el mundo, se ocuparon de la comida, la casa, los cumpleaños y la supervivencia cotidiana, mientras ellos vivían en su mundo imaginario»
El secuestro del Santa María es, para Carnero, un «cabo suelto» de la historia: un episodio difícil de encajar en los grandes relatos políticos, demasiado ambiguo para la épica y demasiado humano para el mito. Por eso concluye que el lugar de estos personajes no está tanto en los libros de historia como en la novela: su gesto fue «un callejón sin salida, un camino a ninguna parte».
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