Los edificios más feos de Madrid, objeto de deseo
'España brutal', de Alejandro García Alcántara, reivindica el valor estético y arquitectónico de este movimiento y repasa algunos de los edificios más representativos que se han construido en nuestro país

Las Torres Blancas de Madrid son uno de los mayores exponentes del brutalismo español. / CEDIDA
Eduardo Bravo / Rafa López
A mediados del siglo XX, surgió un movimiento arquitectónico caracterizado por la funcionalidad de sus edificios y la expresividad de los materiales empleados para su construcción, entre los que se encontraban el ladrillo caravista y, muy especialmente, el hormigón. Calificados por el escritor y crítico de arquitectura británico Reyner Banham como brutalistas, esos contundentes edificios que abarcaban diferentes tipologías—desde viviendas a ministerios; desde centros educativos a residencias e iglesias—, se convirtieron en una acertada solución, por económica y eficaz, para un contexto históricos como el de la postguerra europea, en el que había tanta escasez de recursos como necesidad de vivienda y equipamientos.
No obstante, a pesar de su utilidad, funcionalidad y economía, esos edificios fueron denostados por aquellos que las consideraban ornamentalmente pobres y deliberadamente feístas, por no encajar dentro de los cánones estéticos tradicionales.
«El rechazo del brutalismo va ligado a varios factores. Por un lado, el material empleado, casi siempre el hormigón, a menudo suele mostrarse gris, frío y duro. Esto hace que no sea un estilo que entre por los ojos de primeras, sino que se necesite algo de tiempo y estudio para poder apreciarlo. De igual manera, muchas veces este tipo de construcciones, especialmente en materia de vivienda, se han degradado y han formado parte de entornos urbanos desfavorecidos, aunque, en el caso de España, el brutalismo se empleó especialmente para construir viviendas destinadas a las clases medias y altas», explica Alejandro García Alcántara, técnico superior de Artes Plásticas y Diseño y divulgador de la arquitectura brutalista. Una tarea que realiza a través de sus cuentas de Instagram —@madrid_brutalism y @spain_brutalism— y, más recientemente, de España brutal, un libro publicado por Altamarea en el que reivindica ese estilo arquitectónico y aboga por su conservación.
«Posiblemente la estética haya influido en que muchas de estas obras no gocen del nivel de protección que merecen. Esto lleva a que puedan ser abandonados, modificados o en el peor de los casos, demolidos», comenta García Alcántara, que destaca cómo, a pesar de las muchas limitaciones técnicas con las que contaban, «los arquitectos buscaban activamente, y la expresividad de los materiales empleados, a través de detalles constructivos escultóricos, como pueden ser un voladizo, una escalera o la repetición rítmica y modular de ciertos elementos en fachada».

Los interiores de los edificios brutalistas resultan luminosos y diáfanos. / CEDIDA
La belleza está en el interior
Aunque pueda resultar paradójico, frente a esas fachadas sobrias, monocromas y sin apenas ornamentos, los interiores de los edificios brutalistas resultaban luminosos, diáfanos y equipados con elementos textiles, cerámicos y de madera, que los convertían en cálidos y acogedores.
«Esta dualidad entre un exterior rotundo y un interior cálido y acogedor se dio mucho en nuestro país —apunta García Alcántara—. Muchos de los mejores arquitectos del momento formaron parte de esta corriente arquitectónica y crearon espacios interiores verdaderamente genuinos, en los que se daban cita materiales nobles como la madera o los revestimientos cerámicos. La gente suele quedarse muy sorprendida al conocer estos espacios interiores, a menudo inaccesibles».
Como otras muchas ciudades europeas, Madrid alberga un interesante catálogo de arquitectura brutalista, en el que destaca especialmente Torres Blancas. Este edificio, que toma su nombre por un revestimiento de ese color que, por cuestiones presupuestarias nunca llegó a incorporarse, se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de este movimiento arquitectónico sin que tuviera vocación de serlo.
«Sáenz en Oiza no pensaba en Torres Blancas como un edificio brutalista, aunque finalmente terminará siéndolo debido al empleo del hormigón visto. Lo concibió como un edificio orgánico, perteneciente a la corriente organicista, en la que Frank Lloyd Wright es el máximo exponente —explica Alejandro García Alcántara—. Oiza planteó el edificio como un gran árbol en el que la vegetación debía cubrir sus fachadas y en el que, además, hay gran presencia de formas redondeadas, lo que lo aleja también de la arquitectura brutalista inglesa o estadounidense».
Un paseo brutal
Además de Torres Blancas, entre los ejemplos de arquitectura brutalista presentes en Madrid se encuentran el Instituto del Patrimonio Cultural de España —conocido también como la corona de espinas—, la Torre de Valencia o el Edificio Princesa de la glorieta de Ruiz Jiménez. A continuación, García Alcántara propone un recorrido para conocer algunos de ellos:

'España brutal' repasa algunos de los edificios más representativos de este movimiento construidos en Madrid. / CEDIDA
«Mi recomendación sería visitar el campus de la Ciudad Universitaria de Madrid donde, en poco terreno, podemos encontrar magníficos ejemplos. Comenzaría por la facultad de Ciencias de la Información, ícono popular al ser la localización principal de Tesis, la primera película de Alejandro Amenabar. Seguiríamos por la Facultad de Ciencias Geológicas y Biológicas, por ser uno de los ejemplos más notorios de la arquitectura de Fernando Moreno Barberá en Madrid. Posteriormente visitaríamos el Centro de Proceso de Datos de la UCM, edificio construido por Miguel Fisac para albergar el primer ordenador de IBM en España y terminaríamos visitando la biblioteca de la facultad de Derecho, por ser un edificio brutalista que tuvo que responder a la exigencia de integrarse con la ya existente facultad. Un excelente ejemplo de brutalismo construido con ladrillo».
Galicia también es «brutal»
Rafa López
También hay brutalismo en Galicia, aunque no en todas las provincias por igual. No existe prácticamente en Lugo, y A Coruña concentra la mayor parte de las obras destacadas de este estilo arquitectónico. De hecho, en su España brutal, Alejandro García Alcántara solo incluye edificaciones coruñesas en el capítulo dedicado a nuestra comunidad. En concreto, cinco: el Edificio Utande, la Iglesia Nueva de Santa Cruz de Liáns, la Torre Hercón, la Unidad 2 del Polígono de Caranza y la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña (ETSAC).
El complejo de la ETSAC (Juan Manuel Laguna Martínez, Juan Castañón Fariñas y Rodolfo Ucha, 1973) en Bergondo, compuesto por tres edificios, destaca por su volumetría rotunda y futurista, y sus construcciones han recibido motes tan peculiares como La Seta o Mazinger Z. García Alcántara lo considera uno de los ejemplos más representativos del brutalismo en España.

Uno de los edificios de la Escuela de Arquitectura de A Coruña. / Victor Echave
Resulta especialmente imponente el brutalismo de la Torre Hercón (José Antonio Franco Taboada, 1973-1975), que en el momento de su construcción fue el edificio más alto de Galicia y el tercero de España, elevándose 119 metros sobre la ciudad herculina. Menos conocida es la Unidad 2 del Polígono de Caranza (Antonio Vallejo Acevedo, 1969-1971), un conjunto de seis edificios en Ferrol, y la Iglesia Nueva de Santa Cruz de Liáns, construida con hechuras de búnker en Oleiros (1968-1971) por Miguel Fisac, uno de los arquitectos más destacados del siglo XX en España.
En el centro de Vigo, ejemplos claros de brutalismo son el edificio de Policarpo Sanz, 17, muy cerca de la Casa das Artes, obra de 1975 del arquitecto compostelano afincado en Vigo Alberto Baltar Tojo, autor también del edificio del Hospital Povisa; y las viviendas de María Berdiales, 16, también de Alberto Baltar (1977).

El edificio brutalista de Policarpo Sanz, 17, en Vigo. / Rafa López
Pero quizá las obras brutalistas más conocidas de la ciudad olívica sean el antiguo Policlínico Cíes (1967), también de Bar Boo, en la Avenida de Madrid; y la cooperativa de viviendas de Fenosa, proyectada por José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún en la Travesía de Vigo (1963): son las popularmente llamadas «grilleras» de Fenosa, construcciones que primaron la funcionalidad por encima del diseño decorativo.
En Pontevedra destaca el colegio de Salcedo (CEIP San Martiño), de César Portela y Pascuala Campos de Michelena (1970); y en Ourense, el edificio Viacambre (Juan Rodríguez de la Cruz, 1974), cuya estética brutalista parece inspirada en las toldillas de la popa de los antiguos galeones. Por último, también en la ciudad de As Burgas, sobresale la mole de hormigón de la Universidad Laboral de Ourense (1974-1975), obra de Julio Cano Lasso.
Probablemente, la disponibilidad natural del granito propició que en Galicia no sean tan abundantes los edificios de hormigón visto.
Fuente: El Periódico de España
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