Entrevista | Clara Sánchez Escritora y académica de la RAE
«La pobreza de pensamiento se nota en la dejadez por el lenguaje»
La autora reflexiona sobre el tiempo y otros enigmas vitales en su novela «Lo inexplicable», donde combina suspense psicológico y realismo sobrenatural. «Creo que soy escritora porque desde niña he mirado las cosas desde el margen», dice

La filóloga, ensayista y académica Clara Sanchez. / Javier Ocaña
-En su discurso de ingreso en la RAE habló de la literatura como una máquina del tiempo. ¿Lo inexplicable nace también de esa obsesión por el tiempo?
-Completamente, la trama de la novela, el desarrollo de los personajes o cómo se comportan dentro de la historia están envueltos en el tiempo. Hay dos personajes que aportan otra mirada para ofrecernos otro ángulo de visión de la realidad. Yo parto del hecho de que estamos todavía anclados a una realidad muy decrépita, que lo que nos está proporcionando la ciencia, la física cuántica, la filosofía, etcétera, son recursos para poder ir imaginando o estructurando otra realidad más compleja, que por un lado nos puede deprimir, pero por otro puede aliviarnos porque nos ofrece cierta explicación y cierta esperanza.
-¿Con lo cual, la novela busca más consolar al lector o inquietarlo?
-Ambas cosas. El que quiera inquietarse puede inquietarse muchísimo y de hecho se va a inquietar. Pero también ofrece alivio de que todo esto puede ir más allá, de que realmente puede haber un trasfondo que todavía no logramos ver ni entender, pero que existe y nos indica que somos algo más que las piezas de un rompecabezas.
-La novela parte de un bebé que parece recordar una vida anterior. ¿Qué le interesaba más: la reencarnación como misterio o como forma de hablar de la muerte?
-Como forma de hablar, sobre todo, de la vida. Es precisamente un chico muerto el que nos está hablando de la vida, proporcionando otros recursos de vida, él se cuestiona ¿quién soy yo?, ¿qué hago aquí?, ¿qué significa esto?, ¿será el vacío?, ¿será la nada?, ¿soy una conciencia?, se está formulando las preguntas que nosotros nos estamos haciendo constantemente en nuestra realidad. Hugo, ese personaje muerto, es una conciencia que nos habla desde después de la muerte, desde un lugar al que nada más ha accedido.
-La otra narradora, Alicia, es niñera: alguien que está dentro de una familia, pero no pertenece a ella. ¿Por qué le interesan tanto esos personajes que miran desde el borde?
-Creo que soy escritora porque desde niña he mirado las cosas desde el margen. Ese tipo de personajes te aportan una doble visión: en el caso de Alicia se ha colado en una familia que no es la suya, se ha tenido que adaptar a esa pareja, al niño, pero al mismo tiempo tiene un ángulo de visión muy atractivo que no tienen los padres porque su mirada es también desde fuera. De hecho, todo lo que le pasa al niño, a Rafael, está filtrado por cómo lo ve Alicia.
-¿El bebé, Rafael, hasta qué punto es un personaje sobrenatural o una licencia literaria para narrar lo inexplicable qué tenemos los seres humanos a esas edades?
-Es que si nos fijamos en todo lo que hacen los bebés de cero a tres años es completamente extraordinario. En esa etapa el niño aprende a gatear, a andar, a comer, a hablar, a pensar, o sea, lo básico, las herramientas que utilizamos durante toda la vida. Eso me parece también muy enigmático porque no recordamos nada de esos años, por eso Rafael me parecía el personaje apropiado para contar lo que yo quería.
-Ha contado que ser abuela le ha hecho mirar de otra manera el crecimiento infantil. ¿Que vio en los niños que antes como madre no pudo ver?
-La edad biológica en la que una mujer tiene un hijo, si trabaja, si tiene aspiraciones y está inmersa en algo como la escritura, que es lo que me ocurrió a mí, te impide estar observando al niño constantemente, lo que hacemos es llevarlo a la escuela infantil o tener a alguien que nos ayude. Entonces yo no podía permitirme lo que me he permitido con mi nieta, que es enfrascarme en su crecimiento de otra manera, ver esa etapa de la infancia con esos ojos nuevos que se los he prestado a Alicia en la novela.
-Mezcla suspense psicológico y realismo sobrenatural. ¿Le interesa borrar las fronteras entre la novela literaria y la novela de género?
-Nunca he tenido en cuenta qué género de novela estoy escribiendo ni la encajo en nada; luego aparecen rasgos de un género o de otro, pero eso ya a mí no me preocupa absolutamente nada, no está en mis en mis prioridades como escritora, solo me interesa contar la historia que quiero.
«Me reencarnaría en mí misma, un poco más frívola, porque de los otros no me fío. No me preocupa mi imagen como escritora, bastante tengo con ser fiel a mí misma»
-¿Tiene miedo de que la etiqueta «sobrenatural» aleje a lectores que la asocian con una literatura menos realista?
-Tampoco me importa mucho. La cuestión es que lleguen a la novela, no soy una purista de mí misma ni estoy muy preocupada por mi imagen de escritora en el sentido de que vayan a pensar si soy esto o lo otro, eso me da exactamente igual. Yo escribo lo que tengo que escribir, digamos que soy fiel a mí misma y luego los lectores que lleguen por la vía que sea. Tengo lectores muy fieles que me reconocen en lo que hago y no dicen «oye, que ahora Clara escribe una novela que parece un poco sobrenatural», dicen que es una novela de Clara Sánchez y punto. Y la gente que no me conoce si se acercan porque les atrae eso, pues bienvenidos sean, me encanta.
-En la novela habla de creer, de dudar, interpretar señales. ¿Vivimos en una época más crédula de lo que pensamos?
-Hemos vivido en épocas muy crédulas, creo que fue en 2008 cuando se empezó a destapar el asunto de las preferentes que vendían los bancos cuando se quebró la poca confianza que tenía el ciudadano en los poderes económicos y políticos. Más que el desastre económico, lo que más dolió fue el hecho de decir ahora no voy a poder confiar en el director de mi sucursal porque a lo mejor me está encasquetando algo extraño. Ese momento marcó un antes y un después, hasta entonces todavía confiábamos en las personas, en que el de la tienda o el del banco no te iban a engañar. Ahora viene otro tipo de credulidad, pero una que nos la queremos creer nosotros, que es toda esa imagen que nos llega a través de internet, impostada, todo mentira, todo el rollo este de los influencers.

La escritora Clara Sánchez, en su casa. / José Luis Roca
-Usted ha ganado los premios Alfaguara, Nadal y Planeta y ahora es académica. ¿Sigue sintiéndose observada por el prejuicio entre literatura popular y literatura prestigiosa?
-Nunca me han encasillado, que yo sepa. Sí que es cierto que cuando vendía menos, al principio de estos 35 años que llevo escribiendo, me clasificaban en un tipo de literatura de excelencia, minoritaria, y luego tampoco han llegado a decir que yo fuese comercial. Sin embargo, en países que he venido muchísimo a lo mejor se me ha considerado más comercial. La verdad es que no me preocupan esas tonterías, bastante tengo con ser fiel a mí misma.
-Italia es un país muy importante para esa recepción de lectores a su obra, de hecho Lo inexplicable se ha publicado antes en italiano que en castellano. ¿Qué le sucede con ese país?
-Desde que publicaron Lo que esconde tu nombre, que fue precisamente el premio Nadal aquí, ha sido impresionante: estuvo 5 años en el top 10 de los más vendidos, se han hecho muchísimas ediciones y luego han publicado toda mi obra. Llevo unas cuantas novelas que las publico antes allí porque el ritmo editorial es diferente y allí desde el principio siempre han querido tener todos los años una novela mía, así que el principio iba tirando de lo de atrás, hasta ha habido un momento que ya no tengo más. De todos modos, cuando no les doy algo, ellos están reeditando constantemente de todo lo anterior. Es un país con el que anteriormente no tenía más relación que haberlo visitado por primera vez con 18 años, además de haber tenido un medio novio italiano. Italia siempre me atraía y me gustaba pero hasta el 2011 en que tradujeron mi novela con el título El perfume del follaje de limones no tenía esa relación tan hermosa que tengo ahora, con más de tres millones de libros vendidos.
«Me reencarnaría en mí misma, un poco más frívola, porque de los otros no me fío. No me preocupa mi imagen como escritora, bastante tengo con ser fiel a mí misma»
- Como académica, ¿le preocupa más la degradación del lenguaje o la pobreza de pensamiento que puede haber detrás?
-Esa pobreza de pensamiento se nota mucho en la despreocupación, en la dejadez por el lenguaje en general. Yo creo que esto sido bastante abonado por la tecnología, por esta rapidez con la que tenemos que escribir en un chat o en un correo electrónico. Esa despreocupación hacia algo tan nuestro y tan íntimo como el lenguaje luego se refleja en otras despreocupaciones; o sea, ya crea como un tipo de conducta, repercute en otros comportamientos. Por ejemplo, todos podemos tener faltas de ortografía, pero que no te dé ningún pudor, se ponga de moda y hasta dé igual… Y ahora ya con ChatGPT pues olvidémonos.
- ¿La inteligencia artificial le interesa, le incomoda o le parece un episodio más de nuestra vieja fantasía de vencer el tiempo para poder hacer muchas cosas?
-Voy cambiando de opinión, pensaba que era una cosa banal y ahora me he dado cuenta de que tiene mucha importancia para nuestras vidas, por ejemplo, puede venir bien para una operación de corazón. Pero creo que también nos va a hacer más vagos, más dejados. Cualquiera pueda decir: «Sí, y la máquina de vapor también nos hizo más perezosos», pero no tenía que ver tanto con lo mental, con relegar pensamiento a una máquina. Es interesante el devenir de todo esto, a lo mejor acaba ya con nuestra civilización de una vez por todas y fenomenal para el universo, para el cosmos y para la Luna, que ya hemos dejado ahí un montón de sacos de excrementos.
-¿En quién le gustaría reencarnarse?
-Yo creo que ya tengo reencarnaciones, porque tengo pensamientos y cosas y actitudes que me parece que me vienen de otras vidas, pero nunca he pensado en quién me gustaría reencarnarme, no tengo modelo. Creo que en mí misma, pero si pudiera ser sin tanto sentido de la responsabilidad, más despreocupada y un poco más frívola. En mí misma, porque de los otros no me fío.
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