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Gallegas a la vanguardia

Marta Morato, arquitecta compostelana ganadora del premio Renzo Piano World Tour: «No hay nada más sostenible que recuperar lo que ya existe»

La arquitecta compostelana Marta Morato Costa, ganadora del premio Renzo Piano World Tour en 2025, trabaja en el estudio GMS de Nueva York, que ha participado en el diseño de la nueva sede de Google o la renovación del icónico Flatiron

Marta Morato, en Nueva York

Marta Morato, en Nueva York / FDV

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Sandra Penelas

Sandra Penelas

Crecer en la zona vieja de Compostela, además de ser un «privilegio», inculcó en ella un interés por el patrimonio histórico y por la recuperación de la memoria que aspira a materializar en algún momento en la costa gallega. La arquitecta Marta Morato Costa (Santiago, 1997), ganadora de premios tan prestigiosos como el Renzo Piano World Tour o el EUMies Award Young Talent, desarrolla su prometedora carrera desde hace tres años en Nueva York y acaba de conseguir una beca de ‘la Caixa’ para realizar en EE UU un máster en Diseño Computacional.

Estudió en la Politécnica de Madrid, su formación académica también incluye un máster en Suecia, y durante dos años trabajó en el estudio Suma Arquitectura, donde fue parte del equipo que diseñó la biblioteca García Márquez de Barcelona y ganó el EUMies van der Rohe de arquitectura emergente.

Fue una beca de la Fundación Arquia que no contaba conseguir la que la llevó a EE UU en 2023: «No estaba preparada para irme, pero me pasó algo increíble y en muy pocos días sentí que Nueva York era el lugar en el que quería estar. Fue un enamoramiento».

Hasta finales de 2025 trabajó en Grimshaw Architects, participando en proyectos como el aeropuerto internacional John F. Kennedy o el Jardín Botánico de Maine. «Fue una oportunidad muy grande. Al contrario que en España, donde el arquitecto es más multidisciplinar, en EE UU hay mucha especialización en cada área. Y es muy interesante para las carreras incipientes trabajar con profesionales que tienen muchísimo conocimiento en su campo. Siempre hay una figura más visible pero me gusta ver cómo funcionan todos estos vasos comunicantes dentro de la maquinaria», destaca.

La arquitecta compostelana Mara Morato, en la India

La arquitecta compostelana Mara Morato, en la India / Cedida

Desde principios de este año, Marta forma parte de GMS Architects and Engineers, que tiene sede en Nueva York y en Los Ángeles. Una mudanza laboral en la que también influyó su experiencia como ganadora del Renzo Piano World Tour de 2025. Fue seleccionada junto a otros dos jóvenes de Italia y Líbano para recorrer durante 40 días la obra del Pritzker en Europa, Asia y Oceanía. Y tuvo la «increíble suerte» de compartir con él la experiencia vivida durante la gira y escuchar sus consejos sobre cómo ejercer la profesión en nuestros días.

«Fue caótico y a la vez muy mágico movernos tan rápido entre ciudades separadas por miles de kilómetros como Hong Kong o Sídney. El concepto del viaje era ir analizando los detalles estructurales y constructivos de las obras de Renzo Piano y de los arquitectos que nos íbamos encontrando por el camino. Mi tesis de máster también tenía una parte técnica. Por eso pensé que era buena idea cambiarme a un estudio más relacionado con este ámbito. Además, todas las obras de GMS están en Nueva York y también me apetecía ir más a obra», explica sobre su decisión.

Su estudio actual es responsable de la recuperación de la fachada del icónico rascacielos Flatiron, entre Broadway y la Quinta Avenida, y también ha participado en la nueva sede de Google en la antigua estación ferroviaria St. John, al lado del río Hudson.

Con Renzo Piano y los otros dos jóvenes arquitectos seleccionados para su World Tour Award

Con Renzo Piano y los otros dos jóvenes arquitectos seleccionados para su World Tour Award / Cedida

Desde que empezó su andadura profesional, la sostenibilidad ha sido un objetivo en cada proyecto. De hecho, la nueva normativa europea exige que todos los edificios de nueva construcción tengan cero emisiones contaminantes a partir de 2030. «El estudio Suma en Madrid estaba especializado en construcción en madera y Grimshaw también tenía un gran compromiso con la huella de carbono. Implica cambiar la forma de entender la construcción y los espacios y esto también es una oportunidad creativa muy grande para los arquitectos», sostiene.

En su día a día Marta convive con compañeros de varias nacionalidades: «Hay personas de todas partes, desde Nepal a Colombia. Además del conocimiento que cada persona tiene en su campo, esta diversidad es una de las maneras más importantes de enriquecer un equipo. Que todos vengamos de sitios y con backgrounds tan diferentes aporta muchísimo a la conversación».

«Lo principal que ha dejado en mí el hecho de crecer en la zona vieja de Santiago es el interés por el patrimonio de las ciudades y su urbanismo»

Hace solo unas semanas, la arquitecta compostelana recibía la noticia de que ha sido seleccionada por ‘la Caixa’ para recibir una de sus becas de posgrado en el extranjero y su idea es cursar con ella el máster de Diseño Computacional en la Universidad de Columbia. «Todos mis trabajos finales académicos y otros que he hecho después para varios concursos han estado relacionados con la recuperación del patrimonio industrial en Galicia y en el norte de España. De hecho, la declaración con la que empezaba mi solicitud era que no hay nada más sostenible que recuperar lo que ya existe», defiende.

«El patrimonio industrial de la costa lo tengo presente desde mi infancia, cuando iba con mis padres a la playa, y me gustaría encontrar un lugar que forme parte de nuestro imaginario y reconvertirlo en algo que la población necesite»

Todavía no ha definido su proyecto para la beca, pero le gustaría relacionarlo con Galicia. De hecho, su intervención soñada tendría lugar en nuestra costa, en la línea de la recuperación del astillero tradicional de Ciprián, en Outes, realizada por el estudio Fuertes-Penedo. «En lugar de dejar morir algo que tenía mucho valor en un entorno privilegiado, lo convirtieron en un sitio que la gente puede disfrutar. El patrimonio industrial de la costa lo tengo presente desde mi infancia, cuando iba con mis padres a la playa, y me gustaría encontrar un lugar que forme parte de nuestro imaginario y reconvertirlo en algo que la población necesite. Me encantaría regresar a Santiago, no descarto hacerlo después del máster, y convertir en realidad mi proyecto», reconoce.

«La gente flipa mucho cuando les explico que crecí en una ciudad como Santiago porque es verdad que tiene una narrativa relacionada con el peregrinaje, la historia y lo místico que llama mucho la atención, da igual de la cultura que seas. Y lo principal que ha dejado en mí es que yo siempre he estado naturalmente interesada en el patrimonio de las ciudades y su urbanismo, los materiales de antes y la recuperación de todo ello. Las cosas que tienen una memoria y algo que contar me llaman mucho la atención y creo que nuestra generación debería darle una vuelta a esto», reflexiona.

Marta proviene de una familia donde la arquitectura está muy presente: «Soy muy afortunada porque siempre tuve oportunidades y recursos para interesarme por ella y por el arte». Y eso que, tras acabar el instituto, también sopesó la idea de estudiar un doble grado de Filosofía y Matemáticas: «Pero estoy muy contenta con la decisión porque, a mi modo de ver, es la profesión más bonita del mundo».

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