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Los viejos oficios: Adrián Pena Iglesias, maestro tornero

El pulso de la madera del maestro torneo vigués Adrián Pena

Entre la tradición y la creación artística, las obras de Adrián Pena viajan a cualquier punto. Desde su taller de Matamá le gusta experimentar con diferentes técnicas, volúmenes y acabados tanto en piezas funcionales como decorativas. Volcado en mantener el oficio, es presencia ineludible en encuentros internacionales de torneros como el de Xermade

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Su madre le decía de niño que había heredado de su abuelo Amado, cantero de profesión, la maña, la paciencia y la capacidad de crear formas con las manos. El joven Adrián Pena Iglesias se quedó con una pequeña navaja que le había regalado el abuelo y con ella ya era capaz de tallar «pequeños pedazos de madera para hacer colgantes y regalarlos». El adolescente creció y hoy este vigués del 80 es uno de los torneros más reputados de Galicia, con trabajos tanto funcionales como decorativos y presencia habitual de encuentros internacionales como el de Xermade, en Lugo, referencia ineludible del sector.

Los caminos de la vida le llevaron a estudiar electrónica industrial, aunque nunca dejó de tallar. El punto de inflexión llegó cuando Adrián compró un piso y decidió hacer todos los muebles de la casa, «desde el dormitorio en madera de castaño tallado, a la mesa del comedor con sus sillas en madera de cerezo y otras piezas», cuenta este artesano que en 2007 conoció a su maestro Fernando Vérez Tojeiro, de As Pontes, «el que fue mejor tornero artístico de madera de España», dice. En aquel virtuoso vio algo que solo poseen los grandes: hacer fácil lo difícil. De él aprendió técnicas y, sobre todo, el amor por el oficio.

Adrián siguió formándose, tanto en encuentros como con maestros de distintos puntos de España, también varias veces en Inglaterra y en Francia. «Todo ello para aprender todas las técnicas posibles y poder desarrollar todo tipo de piezas que me pasaban por la cabeza», explica. Hoy es él el maestro que enseña y ha participado como «demostrador» en Xermade, Castellón, Pravia y Breville, enseñando lo que sabe.

Adrián Pena, en su taller vigués de Matamá, donde hace todo tipo de piezas, tanto funcionales como decorativas

Adrián Pena, en su taller vigués de Matamá, donde hace todo tipo de piezas, tanto funcionales como decorativas / Alba Villar

En su taller vigués de Matamá trabaja fresno, acacia robinia y otras muchas maderas (chopo, castaño, boj…) que le permiten jugar con vetas, volúmenes y acabados. Hace cajas, cuencos, jarrones, piezas para restauradores y encargos para particulares y empresas, aunque su obra más reconocible se mueve en el terreno decorativo contemporáneo, con creaciones de gran formato. «Aunque se puede decir que debido a todas las técnicas aprendidas en estos años casi hago de todo», refiere Adrián, que tiene trabajos por todo el país y también por Europa.

No presume de premios, aunque los tiene –primeros, segundos y terceros en encuentros nacionales– porque el auténtico reconocimiento, dice, es el de los propios torneros que saben cuánto tiempo, técnica y acabado se esconden tras una pieza.

Artesano volcado en el oficio, le apasiona el proceso de ver cómo a partir de un tronco surge un objeto significativo y bello. En un futuro le gustaría hacer una gran exposición en Vigo para que las personas conozcan de cerca todo lo que encierra la madera torneada.

Su trabajo puede verse en Instagram en @adrianpenaiglesias.

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