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Entrevista | Roberto Leal Periodista, presentador y escritor

«La intimidad no existe como la conocíamos»

El presentador de «Pasapalabra» publica un oscuro «thriller» sobre un personaje que se obsesiona con la vida privada de una mujer

El televisivo Roberto Leal debuta en la novela negra. | // LUIS GRACIA CRAUS

El televisivo Roberto Leal debuta en la novela negra. | // LUIS GRACIA CRAUS

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Roberto Leal es uno de los rostros televisivos más conocidos de España desde que presenta el exitoso concurso «Pasapalabra», actualmente noticia por la sentencia que les obliga a retirar la prueba final del concurso, el famoso «Rosco». El periodista y escritor andaluz debuta en la novela con un thriller turbio, «El sótano», un relato sobre un hombre que se obsesiona con la vida privada de una mujer. La historia nos invita a reflexionar sobre la exposición de la intimidad en la sociedad actual y los peligros reales que nos acechan. Muestra así una faceta más oscura que contrasta con su imagen cercana, amable y familiar del presentador que estamos habituados a ver en la pantalla.

Después de «Mi abuelo Pepe», un cuento que surge tras la muerte de su padre, debuta en la novela para adultos con un thriller psicológico, ¿qué ha producido este giro?

El cuento surgió para contarle a mi hija pequeña, Lola, que ahora tiene 8 años, por qué su abuelo ya no estaba en casa ni iba a estar; la necesidad era hablar del duelo a una persona muy pequeñita y consideramos que una forma bonita de hacerlo era así. Sin embargo, «Sótano» surge a raíz de una historia que me pasó y quería contarla en la novela que siempre quise escribir. Me considero un grandísimo lector desde que sé leer, gracias a mi madre, y en cuanto surgió la oportunidad, planteé a la editorial la idea bastante desarrollada en un borrador extenso y me dijeron: «Ponte manos a la obra porque tienes una gran novela en las manos».

¿Qué hay de autobiográfico en su relato, que nos invita a reflexionar sobre la exposición de nuestras vidas y la intromisión en vidas ajenas en la sociedad actual?

Pensamos que nuestra vida privada es solamente nuestra, pero estamos escrutados por muchísima gente y no solamente por la tecnología y redes sociales, sino también por situaciones cotidianas que hemos normalizado, como dar nuestros datos a cualquier persona que nos los pida, a un repartidor que venga a entregarte un paquete o tú mismo cuando vas a entregarlo y te piden tu teléfono y tu dirección o la de la persona a la que se la vas a enviar. Hay una serie de condicionantes que en la novela, por supuesto, se magnifican y están ficcionados, pero a mí me ocurrió lo mismo que al protagonista principal, al que le llegan unas cartas al buzón para otra persona que no conoce; en mi caso recibí bastantes cartas siempre al nombre de una misma persona de diferentes bancos y otros remitentes, pensé que si yo fuese un perturbado y me da por abrir esas cartas para saber quién se esconde detrás del nombre y apellido que aparece en el sobre seguramente me hubiese enterado de muchas cosas de la vida de esa persona sin que él lo supiera. Ahí arranca la novela: de esa curiosidad-invasión-vigilancia que termina siendo una obsesión, creo que no es un miedo lejano, no es un monstruo que ande por ahí escondido dentro de un armario en la sombra, es algo contemporáneo que nos podría pasar a todos.

¿Le costó meterse en la piel de Samuel, el protagonista?

En lo único que coincide conmigo es en ese arranque de la novela; en el resto, por supuesto me alejo mucho de este personaje, no tengo nada que ver con él, aunque lo haya creado yo. Me gustaba crear un personaje atormentado al que la vida le cae como una losa, cuya pareja desaparece hace 10 años, que es un perdedor y también una persona con una relación tóxica potente; ese perfil de persona existe, no me lo he inventado para poder tener un protagonista oscuro y turbio. Estamos rodeados de personas que no conocemos, que no las ves venir y que luego te pueden sorprender, me interesaba reflejar esa capacidad de vigilar la vida de los demás, esa ventana indiscreta de asomarte a algo que no te pertenece.

La historia recuerda a la serie «You», ¿le sirvió de referente ese u otro thriller?

La propia editorial la compara con «You» y con «Perdida», tiene algo en común en cuanto hay una persona que de pronto tiene acceso a tu información, pero porque tú mismo la has compartido. A la pregunta de «por qué me ha pasado esto?», la respuesta es «porque tú te has dejado». Yo mismo soy una persona bastante activa en redes sociales y soy consciente de que hay que salvaguardar, por ejemplo, a mi familia, a mis niños jamás les he sacado la cara en redes. Sin embargo, si alguien quiere acceder a tu vida privada la información se la estás regalando tú. El término de intimidad desapareció hace mucho tal como lo conocíamos. En cuanto a referentes, yo he leído a los clásicos, Stephen King, Agatha Christie... y ahora más contemporáneos, a Jo Nesbø, Camilla Läckberg y Manuel Loureiro, que es amigo mío y me encanta; su última novela es de espionaje, pero él ha trabajado también mucho el suspense. Con 46 años, al final, mi acervo cultural también está nutrido de mucha novela, de mucha ficción, pero también de mucha realidad. Llevo 8 años en el entretenimiento, pero he estado 16 años como periodista, como reportero y redactor, cubriendo, por desgracia, sucesos muy importantes de este país, de los más grandes que conozcamos y que podamos repasar en los últimos 20 años yo estaba allí. He visto a mucha familia rota, he visto a muchos investigadores jugándose la piel y he estado en muchos juicios y en muchas situaciones incómodas que al final me han dejado un poso que me ha aparecido de forma natural a la hora de escribir la novela.

¿Podría decirse que ahuyenta sus miedos poniéndolos en una historia de ficción?

Si estoy expuesto es porque elegí estarlo y mi exposición acaba en cuanto tú cambias de canal. No tengo ningún problema porque la gente me conozca, me paren por la calle o me pidan fotos, en mi vida normal soy bastante parecido, por no decirte igual, a lo que aparento en la tele, soy una persona bastante normal que no pretende ser más allá de lo que es un padre de familia trabajador y punto. Pero sí soy consciente de que esa parte de exposición la tengo y trato de proteger mi parcela privada, que es lo que sucede de puertas para dentro de mi casa. Mis hijos viven esto con normalidad, pero no me gustaría que los reconozcan como hijos de Roberto Leal.

Contrasta su imagen de presentador amable, cercano y familiar con la de autor de un thriller oscuro. ¿Le apetecía sorprender con una historia turbulenta?

Me gusta y de alguna forma creo que también ha sido buscado, mi imagen no va a cambiar porque yo sigo siendo la misma persona, pero lo he escrito porque es lo que consumo, desde que tengo capacidad lectora siempre he leído novelas que tengan que ver con la condición humana, con la psicología, con esa parte oscura, con el suspense, pero no solamente a la hora de agarrar un libro, sino en documentales, en series. Creo que hay mucho por analizar y profundizar en cada uno de nosotros, a mí me gustan los monstruos reales, los miedos contemporáneos, cosas que nos puedan ocurrir, no ciencia ficción. Pero es cierto que sorprende, muchos compañeros me han dicho: «Tío, pero yo pensaba que ibas a escribir una novela familiar».

¿Ha querido hacer también autocrítica de cómo tratamos los medios las noticias de sucesos?

Sí, he reflejado en la novela toda esta jungla que hay alrededor de una noticia tan grave como puede ser una desaparición, los periodistas a veces nos dejamos llevar, una vez que apagas el micrófono y desapareces de la pantalla, te dedicas a tu vida y a tu rutina, pero estás dejando a una persona con un pinganillo y con una desgracia que a ti en ese momento te ha servido, pero que mañana la dejarás porque vas a otras cosas, mientras esa persona va a vivir con esa pena toda su vida.

De hecho la novela surge en dos tiempos, por un lado relata la desaparición de la pareja del protagonista en 2016, y por otro lado está la historia principal que ocurre en 2026, en el décimo aniversario de ese hecho, una efeméride que vuelve a poner el caso en el foco periodístico.

Sí. Y ahí también hay algo de autocrítica. Ocuparse del décimo aniversario de una desaparición da un titular perfecto, ahí detrás hay una historia, y si realmente la intención periodística es la de que esto se siga recordando y el caso no se cierre es lícito. Pero si al final buscas reabrir algo que te dio audiencia y da morbo, sabiendo que eso no va a llegar a ningún lado, ya es más cuestionable.

¿Dónde se sitúa la frontera entre ser víctima o delincuente?

La línea ahí es muy frágil. Durante el 80% de la novela el lector no va a saber dónde situarse, porque todos son víctimas y todos tienen una parte de culpa también. De hecho, otro título de la novela podría haber sido «Todos son culpables» o «Todos miran». Ese sótano no deja de ser una metáfora del interior de cada uno de nosotros, porque a lo mejor de puertas para fuera estos personajes pueden aparentar una robustez que luego realmente no tienen.

El protagonista cuida a su padre octogenario enfermo de alzhéimer y usted recientemente ha sacado a su madre como coprotagonista del programa de televisión «Nos vamos de madre». ¿Le preocupa cómo trata la sociedad a sus mayores

Me preocupa que la vida nos lleva tan rápido que no nos paramos a disfrutar realmente y de forma honesta de nuestra familia. Yo estoy disfrutando de mi madre ahora más que nunca, porque gracias a ese programa le pregunto cosas que no le he preguntado en mi vida. Siempre la he considerado como mi madre eso, no como la persona que hay detrás del nombre y apellido Mercedes Guillén, que tiene una historia detrás como cualquier persona de este país. En la novela he retratado el paso del tiempo y cómo la vida nos va apagando poco a poco. Yo esto lo viví con mi padre (que no tiene nada que ver con el personaje octogenario de la novela) por una enfermedad que le hizo pasar de ser una persona robusta, fuerte y con temperamento, el pilar de la familia, a irse deteriorando hasta apagarse.

¿Teme que se le prejuzgue por ser «otro rostro conocido que publica una novela»?

Eso lo van a decir, seguro, y me parece superlícito siempre que se den la oportunidad de leerla. Para opinar estamos todos, es normal y esto lo asumo porque es un salto al vacío y cualquiera puede decir: «Venga, ya está otro de la tele que escribe». Si realmente esa persona ama la lectura y le gusta el género, sí que me gustaría que me diesen la oportunidad, porque los prejuicios se rompen de esta forma. Por lo que me está llegando de compañeros, escritores, algunos amigos y otros no, creo que la novela está cumpliendo con lo que se espera de ella: es ágil y entretenida. Y si se consigue que alguien que no lee, simplemente porque me conozca de la tele y le caiga bien, diga «voy a comprarme la novela del de ‘Pasapalabra’, a ver qué cuenta» , habremos ganado todos.

El programa «Pasapalabra» vive un momento de incertidumbre por la sentencia que le obliga a retirar «El Rosco», ¿cómo le afecta estar en las noticias y salir a presentar el programa como si no pasara nada?

En el momento en el que estamos el titular que te puedo dar es que «Pasapalabra» va a continuar en Antena 3, lo digo porque a lo mejor a mucha gente no le ha quedado claro. Y el presentador seguiré siendo yo, a menos que la cadena me dé una sorpresa, que espero que no. Hemos visto que ha habido una sentencia, esto no se puede negar, que hay que acatar y se va a solucionar de la mejor de la forma. Cuando llegue ese momento, será la propia cadena la que lo cuente.

¿Qué ha aprendido de su madre en esa experiencia televisiva con ella?

He descubierto muchas cosas de ella, sobre todo que es una mujer muy fuerte, muy positiva, –yo esto lo sabía–, pero que también tiene sus miedos y sus sueños por cumplir. El mensaje que me gusta dar con este programa es ese de reposo, de pausa, de calma, de que nos paremos aquellos que tengan la suerte de tener a sus padres, que se sienten con ellos y que le pregunten a la cara: ¿Tú eres feliz?, ¿lo has sido?, ¿qué te queda por hacer?, no solamente ¿dónde están mis llaves? o ¿dónde me dejaste el pantalón», esas preguntas solemos hacer de adolescentes cuando vivimos con nuestros padres. Se trata de pararte y preocuparte por la personas que está detrás de ese concepto que llamamos madre o padre. Una cosa que siempre vivo con pena al recordar cuando falleció mi padre es que me puse a repasar todos sus últimos mensajes en el móvil. Muchas veces somos capaces e contestar antes a un compañero de trabajo o a alguien que te pida cualquier cosa que a tus padres, que piensas que los vas a tener para siempre.

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