Mauricio Schwarz, escritor, periodista y fotógrafo: «Creo que toda secta trascendentalista y cerrada puede resultar enormemente peligrosa»
«Llaman la atención los asesinatos, los suicidios y los abusos sexuales porque dan primeras planas, pero esta gente renuncia a conocer el universo, a investigar, a experimentar por sí mismos la realidad»

Mauricio José Schwarz. / Cedida/FDV
Azote de magufos y charlatanes, Mauricio José Schwarz (Ciudad de México, 1955) fomenta el pensamiento crítico y desmonta falsos misterios en su canal de YouTube «El rey va desnudo». El pasado 8 de mayo habló en Santiago de Compostela sobre «Los ovnis: 80 años de cuentos voladores», dentro del ciclo de conferencias Mes Escéptico que organiza el Círculo Escéptico.
–¿Qué impresión le ha causado conocer la existencia en Vigo Del Cielo a la Tierra, que sigue las enseñanzas de Eugenio Siragusa y a Giorgio Bongiovanni?
–Es enormemente sorprendente. Siragusa empezó cuando todavía se hablaba de planetas habitados en nuestro sistema solar. No recuerdo si hablaba con venusinos o marcianos. Era imitador de George Adamski [famoso contactado estadounidense]. Conforme avanzó el conocimiento del sistema solar y esos testimonios fueron quedando en ridículo, uno pensaría que se evaporarían. El caso de su seguidor, Bongiovanni, es aún más ridículo: se pintaba los estigmas, que le cambiaban de forma, de color, se le movían... El Padre Pío los tenía en el mismo lugar, pero a Bongiovanni le salían cruces gigantes en la frente solo mientras estaba en televisión. Era tremendamente esperpéntico. Es muy extraño que sigan teniendo credibilidad a estas alturas.
–El periodista mexicano Jaime Maussan ha ayudado a este grupo y aparece como colaborador en su página web. Usted lo conoce bien. ¿Qué puede decir de él?
–Maussan tiene orígenes como periodista, pero enloqueció con lo paranormal y los ovnis a principios de los 90, cuando yo lo conocí. Poco después se asoció con Bongiovanni, lo paseó por México y lo monetizó al máximo. Cuando la gente dejó de creerle, Maussan cambió a versiones cada vez más escandalosas y raras para mantenerse en esto. En 1991 le dije en televisión que iba a vivir de ello porque era un sujeto sin escrúpulos; casi me pega [ríe], pero tenía yo razón. Siempre deja la duda de si cree al menos una parte de lo que dice, si tiene problemas mentales graves o si todo es una farsa. Ha vendido medicamentos, ha tocado todos los palos de la charlatanería: ovnis, curanderismo... Demostramos en televisión que uno de sus trucos, unos niños que venían sin ojos, era falso y se puso como loco. Es un sujeto tremendamente atrabiliario y exagerado. Llegó a presentar en el Congreso mexicano unos muñecos de escayola diciendo que eran extraterrestres y obtuvo credibilidad entre diputados. Ahora trae una pelota de baloncesto cromada...
–Precisamente de la supuesta aparición en Perú de esa bola cromada versó la charla que dio Del Cielo a la Tierra en Vigo hace unas semanas. Desde su conocimiento de la ufología, ¿en qué ocasiones las sectas ufológicas han tenido un carácter verdaderamente peligroso? ¿Cuándo han ejercido coerción o sus doctrinas apocalípticas han llevado a delitos graves?
–Hay casos graves y conocidos. Uno es el de Puerta del Cielo: unas treinta personas que esperaban que los extraterrestres vinieran a recogerlos. Cuando se acercaba el cometa Hale-Bopp (1997), sus líderes les dijeron que detrás venía la nave nodriza que se los iba a llevar porque la Tierra se acababa. Cometieron una castración colectiva y se suicidaron todos. Otro fue la Orden del Templo Solar, que también tenía fuertes vínculos con el mundo ufolátrico y devino en asesinatos y suicidios. Hay muchas más que no conocemos porque, tras esos casos, se clandestinizaron. Pueden hacer el mismo daño que cualquier secta, explotan los mismos mecanismos: la necesidad de pertenencia, de saber más que el vecino, la esperanza de la salvación y la vida eterna... En cuanto a abusos sexuales, el caso más claro es el de Raël (Claude Vorilhon), que lleva décadas diciendo que trae un mensaje de los extraterrestres mientras mantiene un grupo de hermosas jóvenes que le prestan servicios sexuales.
–¿Cree que el grupo Del Cielo a la Tierra tiene rasgos que lo hacen potencialmente peligroso?
–Creo que toda secta trascendentalista y cerrada puede resultar enormemente peligrosa. Ojalá no sea el caso, pero hay que preguntarse cuántos años llevan los más veteranos en este grupo y cuánto han renunciado de su vida. Llaman la atención los asesinatos, los suicidios y los abusos sexuales porque dan primeras planas, pero esta gente renuncia a conocer el universo, a investigar, a experimentar por sí mismos la realidad. Viven por interpósita persona, a través de Siragusa o Bongiovanni. Esa renuncia a la experiencia propia y a la vida personal es gravísima, aunque no salga en los diarios.
–¿A qué responde el nuevo auge de la ufología? Trump publicó un montaje con IA en el que aparecía junto a un extraterrestre. J.D. Vance dice que los alienígenas son demonios. Se han desclasificado documentos del Pentágono... ¿Todo esto responde a una convicción real o es una cortina de humo?
–Lo de la cortina de humo es un pretexto muy fácil. Estos fenómenos son cíclicos. En Estados Unidos, muchos conspiranoicos del entorno MAGA han exigido que se revelen los «horribles secretos» sobre extraterrestres. No quieren la verdad, sino la validación de sus creencias. Esperaban la resurreción del hijo de J.F. Kennedy y cosas así de delirantes. J.D. Vance es un fanático religioso que cree que los extraterrestres son demonios. Trump juega al doble sentido: dice que «hay cosas que se van a saber». El nuevo programa de estudio de los UAP (Unidentified Anomalous Phenomenon, ya no los llaman ovnis) ha sacado material similar al de antes: cosas raras en el cielo que no sabemos qué son, como los Foo Fighters de la Segunda Guerra Mundial, pero dicen que son naves extraterrestres. Los ejércitos ocultan información, sobre todo en la Guerra Fría. Las suspicacias que había entre la Unión Soviética y Estados Unidos fueron tales que se dedicaron a estudiar telepatía y cómo matar cabras mirándolas fijamente.
–Hay una película que trata de eso: «Los hombres que miraban fijamente a las cabras» (2009).
–Sí, estaba basada en hechos reales, en el proyecto MK Ultra. Si tus espías no sabían si los soviéticos investigaban la visión remota, tú también lo investigabas, por si acaso. Esa paranoia forma parte de la naturaleza de la inteligencia militar, que es una contradicción en los términos. La paranoia del ejército es natural, es parte de su esencia, oculta cosas que luego, cuando las revela, la gente espera que sea algo muy trascendente. Y queda Spielberg...
–En los 70 triunfó «Encuentros en la tercera fase», y ahora Steven Spielberg estrena «El día de la revelación», que puede potenciar el tema ufológico...
–Seguro, porque es una película bien hecha, no de serie B. En una entrevista reciente con Stephen Colbert, dijo que no asegura que existan, pero que tiene muchísimas ganas de que existan. Su primera película de adolescente en Super 8 ya era de extraterrestres. «Encuentros en la tercera fase» generó una oleada de contactos, sobre todo en EEUU: el 80% se producen allí. Es un fenómeno que nació en la Guerra Fría, en 1947, con Kenneth Arnold, y es principalmente estadounidense.
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