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Entrevista | Selena Millares Filóloga y escritora

«España ha olvidado a sus exiliados»

La autora rescata la figura del republicano gallego José Almoina, quien fue secretario del presidente Trujillo en la República Dominicana y fue perseguido y asesinado en México por enfrentarse a él

La filóloga, escritora y catedrática de Literatura Selena Millares.

La filóloga, escritora y catedrática de Literatura Selena Millares. / Pedro Salinas

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José Almoina, un funcionario de Correos republicano, maestro y escritor nacido en Lugo en 1906 y muerto en México en 1960 tras ser atropellado y rematado a tiros, inspira la novela de base histórica «Al calor de tu nombre», un relato en prosa poética que reconstruye la vida del republicano exiliado y su familia, atrapados entre dos regímenes totalitarios: el de Franco en España y el de Trujillo en República Dominicana, una vida entre persecuciones, crímenes, espías, conspiraciones, amor y esperanza, dentro del marco de la guerra europea y la Guerra Fría. Su autora, la filóloga y catedrática de Literatura Hispanoamericana en la UAM Selena Millares, reivindica la figura de un personaje considerado en México como otro Lorca y olvidado por España.Será la invitada del Club FARO del próximo miércoles 10 de junio, en un acto de entrada libre y gratuita que se desarrollara a partir de las 20 horas en el salón de actos del Museo MARCO.

– ¿Cuándo y cómo se encontró por primera vez con la figura de José Almoina?

– La idea seminal del libro nace en el año 2015 de una manera totalmente casual porque yo estaba en Santo Domingo investigando sobre las vanguardias históricas y la poesía de esa época de la dictadura de Trujillo en la República Dominicana y acabé en una librería pequeñita de la Ciudad Colonial, La Trinitaria, cuyo lema es que solo vende libros dominicanos y donde se celebraban tertulias literarias esos años. Le pedí a la librera un libro para conocer esa época, y me dio «Una satrapía en el Caribe», de Almoina, la primera edición que se hacía después de décadas prohibido con su nombre, porque antes iba con pseudónimo. Me lo llevé al hotel, esa noche no dormí, el libro me quemaba, me preguntaba cómo era posible que ese hombre que había hecho algo absolutamente extraordinario, con esa nobleza de arriesgar la vida por un país que no era el suyo, no lo recordemos no solo en Galicia, sino en toda España, cuando debería estar recogido como una personalidad fundamental en nuestra memoria.

– ¿A qué atribuye ese olvido?

– Cuando empecé a investigar sobre él inmediatamente me di cuenta de que había una doble leyenda negra a su alrededor: por un lado, los exiliados no hablaban bien de él porque enseguida le habían hecho catedrático en cuanto llegó al país (Trujillo lo nombró preceptor de su hijo), mientras que otros españoles que eran catedráticos en España quedaron en segundo plano allí; pero sobre todo, la leyenda negra la ha construido Bernardo Vega, un historiador dominicano muy importante que cuando escribe sobre Almoina lo llama codicioso, mercenario, impostor, algo que te llama la atención en un historiador que en principio debe ser objetivo. Buscando más y leyendo a lo largo del tiempo, descubrí que ese historiador es hijo de uno de los cortesanos de Trujillo, contra los que se metió Almoina y al que acusó de una manera muy directa. Trujillo tenía un reino del mal, que se basaba en el asesinato, la violencia sexual (le llevaban niños y niñas todas las semanas para que los violara) y eso es conocido por los historiadores, como también lo es que falsificaba constantemente documentos, en algunos de los cuales se basa Bernardo de Vega para blanquear la memoria de su padre. Un tercer motivo para la leyenda negra es que después de escribir ese libro contra Trujillo, firmado bajo el pseudónimo de Gregorio R. Bustamante, el dictador le pidió a Almoina que hiciera otro libro de su misión para demostrarle que no era él quien había escrito el anterior, y Almoina lo hizo, se titula «Yo fui secretario de Trujillo», y la gente sin leer ese libro decidió que era un infame. Porque realmente si lo lees te das cuenta de que es un ditirambo, una ironía enorme en la que el autor, de manera inteligentísima, se burla del tirano, que era un depredador, el carnicero del Caribe, como lo llamaban.

La filóloga, escritora y catedrática de Literatura Selena Millares.

La filóloga, escritora y catedrática de Literatura Selena Millares. / Pedro Salinas

– ¿Dónde ha puesto el límite entre la fidelidad histórica y la libertad de la novela?

– El libro, por supuesto, no es una biografía de Almoina, un hombre masón que vivía su vida en silencio, que nunca buscó la gloria, por eso hay muy poca información, y yo simplemente con los vestigios que tenemos de él, con la enorme documentación que he ido recabando, también de sus escritos, he ido recreando su vida en una ficción que además habla de la intrahistoria. La historia es una veta importante de esta novela, es como el cimiento que sostiene el edificio para que la casa sea sólida, de hecho entre la documentación que he consultado se encuentra la biografía de Almoina y su mujer, Pilar Fidalgo, que escribió el autor gallego Xurxo Martínez en 2009 y que se puede encontrar en internet. A partir de esa base construyo el cosmos de la novela, que también es una novela de amor, se puede entender como novela negra porque habla de espías, de conspiraciones y de persecuciones, y es también una novela de viajes, porque son personajes que van de un lado a otro y están constantemente viajando por sus persecuciones.

– Ha dicho que hemos borrado la memoria de los exiliados. ¿Qué parte de esa memoria le parecía más urgente recuperar?

– Hay muchísimos estudios y novelas sobre nuestra guerra civil, todos los años salen porque es una herida histórica que este país tiene que coser, pero sobre los exiliados no hay ninguna obra en conjunto, hay alguna novela suelta sobre algún personaje, pero no se trabaja sobre el exilio, o sea, la gente que se fue se quedó totalmente olvidada y fueron muy importantes los desheredados. En México, que fue el gran país de acogida, los exiliados fueron los grandes artífices de la fundación de la cultura a partir del periodo de Cárdenas. Ahí fundaron el Ateneo, el Colegio de España, y ahí estaba Almoina como fundador. Cuando él muere, en México era un tipo querido, lo consideran como otro Lorca, como un personaje realmente muy importante porque él sembró mucho, era un hombre muy sabio que sobre todo luchaba por la paz y por su ideario erasmista. Me parece importante recuperar el lado humano, es decir, la historia que contiene este libro, «Al calor de tu nombre» es una historia que habla de una familia rota por la guerra, un arquetipo universal que está en la Odisea, ocurrió en la guerra civil, pero también ocurre ahora si miramos Ucrania y Palestina.

«En la vida de Almoina podemos ver un espejo de la actualidad en las migraciones, el dolor de las guerras y el auge del totalitarismo»

– La novela habla de exilio, migraciones, miedo y autoritarismo. ¿La escribió pensando también en el presente?

– Creo que podemos ver ahí un espejo de la actualidad en las migraciones, en el dolor por la guerra y en el auge del autoritarismo. No lo hice con esa idea porque para mí lo importante era poner en pie a los olvidados, cuando me puse a escribir la novela todavía no estábamos en este momento tremendo postpandemia en que se ha acelerado todo ese proceso de violencia y de polarización que puede poner a la novela como un antecedente de lo que está ocurriendo ahora.

– ¿Qué faceta le atrajo más de su personaje: el político, el intelectual, el padre de familia y esposo o el hombre atrapado en una maquinaria dictatorial?

– Creo que un poco de todo. He intentado trabajar la faceta pública y la privada. Obviamente la biografía habla de los sucesos históricos objetivos, pero queda la pregunta de qué hay detrás de ese personaje, y ahí es donde traté de explorar e indagar sobre lo que pudo ser la vida de familia de alguien que luchaba por su sueño, pero al mismo tiempo luchaba por su familia, la cual a su vez estaba pagando las consecuencias de su sueño. Esa situación somete al personaje a una dicotomía tremenda, la de poner en una balanza tu familia y tu sueño. Él intentó siempre equilibrarlo, de hecho para salvaguardar a su familia escribió ese segundo libro por el que llegó a ser considerado un infame. Sin embargo, él no fue condenado a muerte por Trujillo por la sospecha de haber escrito «Una satrapía en el Caribe», sino que fue después, cuando se negó a cumplir el encargo de Trujillo de escribir un libro contra Galíndez, el exilado vasco que también se puso a escribir contra el tirano. No le importó condenarse a sí mismo a la desmemoria y al olvido, pero sí quiso salvaguardar a otro hombre, esa lealtad es también muy admirable.

– ¿Qué papel juega Galicia en esta historia y cómo debería restituirle simbólicamente?

– Él es de Lugo, al leer sus escritos se le nota enseguida que es gallego. Su amor por Galicia está presente a pesar del exilio. Publicó muchos artículos en la prensa gallega antes de su primer exilio, hablaba de la identidad gallega simbolizada con el río Miño, que tiene forma de interrogación, lo cual comparaba con el carácter melancólico del gallego, que se construye a través de preguntas, no de afirmaciones. Hay otra cita suya que lo retrata, dice que la verdadera grandeza se mide por el silencio, y eso es muy gallego también. En sus libros sobre pensamiento es fundamental ese humor que tienen los sabios, un humor irónico, inteligente. Respecto a la restitución de su figura,creo que Almoina no solo ha sido olvidado por la historia, sino que fue expulsado del PSOE, partido que con el paso del tiempo rehabilitó a algunos expulsados como Juan Negrín, Max Aub, Galarza, Álvarez del Vayo, pero no rehabilitó nunca a Almoina, que ha quedado como un paria. Y no solo eso, la propia Pilar, su viuda, vino a España a solicitar los derechos que le corresponden puesto que su marido fue funcionario de Correos muchos años, y se volvió a México sin ninguna pensión. España está en deuda con esa familia, desde luego.

– Pilar Fidalgo tiene un peso importante en su libro. ¿Quería evitar que la historia quedase centrada solo en el héroe masculino?

– Le di ese peso no solo porque siempre es el hombre el iluminado por la historia mientras que la mujer permanece en la oscuridad, sino porque concretamente Pilar Fidalgo tiene un perfil que también hay que recordar. Ella estuvo en las cárceles de Franco y una vez en el exilio firmó un libro contando cómo eran estas prisiones. Cuando acabé mi manuscrito y se lo deje a leer a gente de confianza en busca de una mirada externa, una de las cosas que me dijeron es que quitara la historia de Pilar y me centrara solo en el personaje novelísticamente más atractivo, pero yo me negué radicalmente porque creo que ella es, además, muy importante como contrapunto de Almoina en ese equilibrio binario de la pareja cervantina, del idealista y del realista, de Quijote y Sancho. En ese sentido, Almoina sería un Quijoteloco, insensato y maravilloso porque fue capaz de llegar muy lejos defendiendo un sueño de libertad y democracia. Y Pilar tiene una manera de ser totalmente opuesta, es realista, pero lo sigue por amor. Eso me parece que da un equilibrio a la novela, que creo que está literariamente muy elaborada, con una escritura que busca la prosa poética.

«El quijotismo nos enseña que no hay derrota posible si crees en un sueño cuando nos quieren hacer creer que no hay futuro»

– ¿Por qué escogió el título «Al calor de tu nombre»?

­­– Creo que es un título muy sugerente, que de entrada parece que habla de amor y de hecho dentro del libro hay un poema que tiene ese verso, pero además habla de mucho más porque Almoina era un enamorado de las palabras. Para él las palabras nos dan luz y calor, sobre todo el nombre de la libertad, de la paz y de la democracia.

– ¿Qué nos puede enseñar hoy el quijotismo de los republicanos exiliados?

– Que no hayderrota posible si crees en tu sueño,y no estamos hablando de partidos políticos; el ser humano necesita soñar y por eso también la literatura es tan importante. Vivimos un tiempo que parece que nos quieren hacer creer que estamos ante un apocalipsis, que no hay futuro y que nos tenemos que quedar quietos consumiendo lo que nos mandan las pantallas y totalmente adocenados. El quijotismo español es luchar por un sueño, nos llevó a descubrir América, llevó a que esos exiliados españoles llegaran a América y siguieran luchando por sus sueños, apoyando los movimientos que llevaron al triunfo de la socialdemocracia, por ejemplo, en Guatemala. La República era un sueño de democracia frente a lo que había antes, que era un gobierno autoritario. Y los exiliados llevaron ese sueño a América.

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