Mujeres fuera de serie
Luisa Méndez, la mujer en la cima
Luisa Méndez, ingeniera de automoción y referente del alpinismo, es la única gallega que ha coronado The Nose, la mítica vía de El Capitán, en Yosemite. Para ella, la montaña es mucho más que un deporte: es una verdadera forma de vida

Marta G. Brea
Luisa Méndez no pierde tiempo haciendo fotos en la cima. Cuando llega arriba, después de horas colgada de una pared o caminando entre roca y hielo, prefiere otra cosa: quedarse quieta y mirar. «Vivir el momento», dice ella. Porque para esta escaladora gallega la montaña nunca fue solo deporte o un desafío. Es el lugar donde aprendió a tomar decisiones, gestionar el miedo y convencerse de que casi todos los límites son negociables.
Luisa Méndez es escaladora e ingeniera de automoción. Fue, y sigue siendo, la única gallega que logró coronar la mítica The Nose de El Capitán en el Parque Yosemite de California, además de innumerables cimas por todo el mundo y, sobre todo, en Galicia, la tierra que tanto ama.
La escalada entró en la vida de esta mujer nacida en Chantada cuando comenzó la universidad en Vigo. De niña, su único referente era un tío suyo alpinista que le contaba sus aventuras y plantó en ella una semilla que germinaría más adelante. Aunque también ese amor por la naturaleza lo propició el lugar en que se crio, donde vivían en contacto constante con los bosques y montes y donde sus padres se dedicaban a la plantación de frutales y a la ganadería.
Fue poco antes de los veinte años, cuando se mudó con su hermana, Mónica, a la ciudad olívica para estudiar ingeniería industrial, cuando entró en contacto con compañeros con los que se iniciaron primero en el senderismo y más tarde en la escalada. Luisa ya estaba acostumbrada a moverse en un entorno esencialmente masculino en la carrera. «En el laboratorio éramos solo un par de mujeres, pero eso nunca me frenó, al contrario, me hacía sentir más fuerte y me ayudó a buscar mi camino sin ponerme límites», afirma.
La lucense aprovechaba todos los fines de semana y tiempo libre para hacer lo que más le gustaba: escalar. «Al principio iba también con mi hermano mayor, Xan, que practicaba parapente, pero muy pronto me di cuenta de que lo mío era la escalada», destaca. Se unió al Club Montañeiros Celtas y, junto a ellos, fue formándose, descubriendo nuevas cimas y conociendo a fondo las cercanas, como el Faro de Budiño, en Vigo, del que es una gran experta. «A mis padres [Eva y José Luis] no les gustaban nuestras aficiones pero, sobre todo cuando terminamos la carrera, no podían hacer mucho para evitarlo», sonríe la escaladora.

Julia Méndez, escalando en la costa de Ferrol / Cedida
Para entonces, la montaña ya marcaba el ritmo de su vida. Cuando cursó durante seis meses un Erasmus en Lyon, Luisa también aprovechó para asociarse a un club de la zona y descubrir nuevas aventuras en los Alpes y en Chamonix. «Además, fue una manera excelente para mejorar con el idioma y conocer gente con mis mismas inquietudes», explica.
Cada vez la alpinista se sentía más autónoma y el punto de inflexión, asegura, fue decidirse en 2006 a hacer el viaje a Canadá en solitario. «Ir a Squamish me abrió mucho la mente, me aportó confianza y aprendí a moverme en entornos donde no conocía a nadie; la parte social, el compañerismo que genera, también es muy importante», cuenta.
«La cercanía a los Pirineos fue una de las cosas que me hizo aceptar este trabajo, pero mi casa sigue estando en Vigo»
Tras su trabajo en una multinacional francesa, que montó una sede en Vigo, la gallega fue destinada a Cataluña durante medio año y allí, por supuesto, se alió a un club de montañismo catalán. Después, regresó a Galicia, donde estuvo durante ocho años, hasta que en 2008 surgió una nueva posibilidad laboral en Navarra, donde reside actualmente y trabaja en una empresa de automoción que tiene también sede en México, adonde se desplaza a menudo. «La cercanía a los Pirineos fue una de las cosas que me hizo aceptar este trabajo, pero mi casa sigue estando en Vigo y casi todos los fines de semana regreso, para ver a mi familia y para practicar», dice. «Me sorprendió descubrir que en Pamplona había muchas más personas que practicaban alpinismo, aunque en formación en Galicia no tenemos nada que envidiarles ya que les llevábamos unos cinco años de adelanto», comenta.
Su día a día sigue fiel a su pasión. «Durante la semana no siempre puedo salir a la montaña, pero entonces entreno en el rocódromo y además hago bicicleta, natación, gimnasio…», describe. Y cuando está en México no duda en levantarse a las 4 de la mañana para poder mantener el ritmo con la diferencia horaria.
En 2015, tras tres años de preparación junto a seis compañeros gallegos –Luisa era la única mujer del grupo– cumplió el sueño de tantos alpinistas: abrazar el Parque Nacional del Yosemite y culminar el gran icono mundial de la escalada deportiva: The Nose. «Sigo siendo la única gallega que lo ha conseguido. Fue una gran satisfacción, me hizo mucha ilusión, pero mi deseo es que haya otras muchas mujeres que lo logren», afirma.

En la cima de Yosemite / Cedida
«Me gusta mucho escalar con mujeres porque nos entendemos muy bien; hice un viaje a los Alpes con una amiga de Bilbao, pero es difícil encontrar cordadas femeninas», advierte la escaladora. «En las cordadas mixtas aún es habitual que las decisiones masculinas se impongan y se subestime a las mujeres, aunque no es mi caso. Además, nosotras cuidamos más la seguridad y no perdemos nunca de vista la bajada» justifica. Y es que una de las grandes virtudes de esta deportista es saber dar la vuelta cuando el peligro acecha y las condiciones no son las adecuadas. «Aunque cueste muchísimo, cuando ha sido necesario he sido capaz de dar la vuelta y eso también es motivo de orgullo», considera.
Desde 2021, la gallega hace además rallies de escalada, prueba deportiva que consiste en escalar durante 12 horas el mayor número de vías de varios largos, y recientemente ganó precisamente en una cordada femenina en un rally celebrado en Riglos, Huesca. «La mujer necesita verse representada para creerse que tiene la capacidad tanto física como psicológica, por eso es importante que haya un relevo generacional», opina la alpinista. Sin embargo, advierte que ese relevo, tanto femenino como masculino, peligra. «Este deporte requiere mucho esfuerzo, y eso es algo que cada vez escasea más», lamenta. Sin embargo, para la gallega ese sacrificio es precisamente parte de la satisfacción. «Llegar a la cumbre cuesta mucho trabajo, pero el éxtasis cuando alcanzas la cima, ver el mundo desde ese prisma, es algo indescriptible», asegura. «Todos necesitamos sueños y retos y eso no lo sustituyen las redes sociales, que creo que están muy ligadas a una falta de autoestima y una necesidad de aceptación», opina.

Julia Méndez con su hermana Mónica y sus sobrinas, Icia y Alba / Cedida
La escalada ha aportado a Luisa infinidad de enseñanzas que aplica en su vida personal y profesional. «La montaña me permite empezar el lunes con la cabeza totalmente despejada y serena. Te enseña a lidiar con la incertidumbre, a manejar el estrés, a tomar decisiones muy rápido y buscar nuevas opciones… Además, al encontrarme bien físicamente tengo fuerzas y un optimismo que se transmite al resto del equipo».
Todas estas enseñanzas, Luisa se las transmite a los alpinistas debutantes, ya que se ha formado como guía de escalada y como árbitro de esta modalidad. «Me gusta ver la motivación de los jóvenes y apoyarles en todo lo que esté en mi mano».
Luisa está culminando la cincuentena pero se encuentra en plena forma. Dice que irá adaptando el nivel cuando sea necesario, pero no piensa bajarse todavía. Porque después de media vida escalando, sigue buscando exactamente lo mismo que encontró al principio: claridad.
Las pioneras: Lucy Walker, la victoriana que desafió los alpes

Lucy Walker, durante su escalada al Cervino. / FDV
Lucy Walker hizo historia en 1871 al convertirse en la primera mujer que alcanzó la cima del Cervino, una de las montañas más peligrosas y simbólicas de los Alpes. Lo consiguió apenas seis años después de la primera ascensión absoluta a esta cumbre, en una época en la que el alpinismo estaba reservado casi exclusivamente a los hombres.
Nacida en Liverpool en 1836 en una familia acomodada, comenzó a escalar junto a su padre y su hermano. Antes del Cervino ya había conquistado otras cumbres emblemáticas como el Mont Blanc o el Eiger. Su rivalidad con la estadounidense Meta Brevoort, que también aspiraba a coronar el Cervino, despertó gran expectación en la prensa europea. Walker realizaba sus expediciones con las pesadas faldas victorianas de la época, aunque ocultaba pantalones debajo para moverse con mayor comodidad. Su figura abrió camino a generaciones de mujeres montañeras y desafió los prejuicios sociales del siglo XIX.
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