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Entrevista | Juan Luis Arsuaga Paleoantropólogo

«Me sorprende que no seamos capaces de superar el tribalismo»

«Solo cuando nos comparamos con otras especies descubrimos de verdad quiénes somos; y nos queda mucho por aprender», señala el científico, que indaga sobre la evolución en «La respuesta»

Juan Luis Arsuaga.

Juan Luis Arsuaga. / LOLA G. GARRIDO

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María José Iglesias

Juan Luis Arsuaga ya no solo excava fósiles: en «La respuesta» se adentra también en las preguntas esenciales que atraviesan al ser humano. El paleoantropólogo regresa con un libro más íntimo y reflexivo, escrito –como él mismo admite– «con la mente y con el corazón». A través de la evolución, la ciencia y la memoria personal, Arsuaga traza un relato sobre la conciencia, las contradicciones y la fragilidad de la especie humana. Lejos de limitarse a explicar el pasado, el científico se pregunta qué hacemos aquí y por qué seguimos tropezando con los mismos conflictos tribales. En esta conversación, reivindica la ciencia como parte inseparable de las Humanidades y defiende una mirada evolutiva capaz de aportar calma en tiempos dominados por el ruido y la inmediatez.

–En «La respuesta» parece haber menos voluntad de explicar fósiles y más necesidad de describir al ser humano. ¿Es el libro más personal que ha escrito?

–Sin ninguna duda. Es un libro escrito con la mente y con el corazón, en el que hago homenajes a grandes científicos y científicas que he conocido y de los que me acuerdo mucho. Cuento lo que he aprendido en medio siglo de investigación. Pero también lo que me ha pasado a mí.

–Usted lleva décadas estudiando los orígenes. Después de tantos años mirando hacia atrás, ¿qué es lo que más le sorprende del ser humano?

–Me sorprende que no seamos capaces de superar el tribalismo, porque somos una especie sociable y buena con nuestro próximo, pero despiadada con los que pertenecen a otras tribus. Las diferencias culturales nos separan y nos enfrentan más que las biológicas. Y el desprecio por los otros incluye también al resto de las especies.

–El libro plantea una cuestión enorme: ¿qué somos y por qué estamos aquí? ¿La evolución ofrece respuestas suficientes o solo ayuda a formular mejor la pregunta?

–La evolución explica cómo hemos llegado a ser lo que somos, pero nuestro ser es una fuente inagotable de sorpresas. A veces pienso que somos la especie peor conocida. También la más compleja.

–En sus páginas aparece la figura del «viejo de la tribu». ¿Cuánto hay en esa voz del científico veterano que ha visto cambiar teorías, certezas y generaciones enteras?

–Todo. No sé cómo ha sucedido, porque yo solía ser el más joven de la tribu. Pero soy un viejo con muchas ganas de aprender.

–A menudo se presenta la evolución como una sucesión de especies y fechas, pero usted la convierte en una narración sobre emociones, cooperación y conciencia. ¿Qué hemos entendido mal sobre la evolución humana?

–El error ha sido estudiar al ser humano en sí mismo, ignorando a las demás especies, como si no tuviéramos nada que ver con ellas, como si solo fueran un decorado. Solo cuando nos comparamos con las otras especies descubrimos de verdad quiénes somos. Es un trabajo de biólogo, más que de antropólogo, el que yo hago. Y nos queda mucho por aprender porque hace muy poco que de verdad hemos empezado a buscar nuestro lugar en la Naturaleza.

–Usted defiende que la ciencia, cuando está bien contada, conecta con el pensamiento y con la vida cotidiana. ¿Por qué sigue existiendo esa falsa frontera entre ciencia y humanidades?

–Realmente es absurdo. La frontera existe porque nos hemos repartido al ser humano dividiéndolo en dos mitades. El espíritu para las humanidades, el cuerpo para las ciencias. Pero esa división es radicalmente falsa, porque las ciencias son humanidades, ¿qué otra cosa habrían de ser?

–Después de estudiar durante tanto tiempo cómo surgió nuestra inteligencia, ¿cree que estamos utilizando esa capacidad de manera sabia como especie?

–Tenemos una doble manera de pensar. El pensamiento mágico y el pensamiento lógico, racional. El pensamiento mágico nos lleva al fanatismo y al dogmatismo en ocasiones, pero también es la fuente de nuestra creatividad. Sin él, seríamos robots.

–El libro transmite una idea fascinante: la evolución ha producido una especie capaz de preguntarse por su propio origen. ¿Es esa conciencia nuestro rasgo más extraordinario?

–Somos una forma de materia única, la materia consciente de sí misma, que es capaz de estudiar la propia materia. Eso es lo que hace la ciencia, estudiar la materia, y es asombroso: unos átomos organizados que estudian otros átomos e incluso a sí mismos.

–En una época dominada por la inmediatez y el ruido, ¿qué puede aportar la mirada evolutiva para entender mejor el presente y relativizar nuestros conflictos actuales?

–Este es un libro para leer sin prisas. Aporta calma.

–Tras toda una vida excavando el pasado y pensando el futuro, ¿ha encontrado usted alguna respuesta personal al sentido de la vida?

–Yo creo que la vida es un regalo. Lo que hay que hacer es disfrutar de este regalo maravilloso que hemos recibido sin hacer nada para merecerlo, y ayudar para que no sea una pesadilla para otros y de esa manera merecer ese regalo.

–De lo que no cabe duda es de la vulnerabilidad del ser humano. ¿Somos más débiles para enfrentarnos a las adversidades?

–Somos como las hormigas. Muy débiles como individuos, pero muy fuertes como grupo.

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