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Gallegas a la vanguardia

Verónica Mieites, física en la Universidad de Berna: «Burocracia y poca inversión ralentizan la ciencia en España»

La física Verónica Mieites Alonso trabaja en la Universidad de Berna con técnicas ópticas e IA para crear novedosos métodos que detectan el cáncer de forma no invasiva y mucho más rápida

«Burocracia Y POCA inversión RALENTIZAN LA CIENciA EN españa»

«Burocracia Y POCA inversión RALENTIZAN LA CIENciA EN españa»

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Sandra Penelas

Sandra Penelas

La óptica y la inteligencia artificial se alían en un innovador sistema que permite detectar el cáncer en tejidos de biopsia de forma no invasiva y con una enorme velocidad, hasta 20 veces más rápido que los métodos actuales. El dispositivo PoIAInsight ya se utiliza de forma experimental en el Hospital Universitario de Berna (Inselspital), en Suiza, y la física Verónica Mieites (Palmeira, Ribeira; 1996) trabaja en su desarrollo para mejorarlo e implantar más prototipos en otros centros sanitarios del país, además de participar en proyectos que también buscan llevar esta tecnología directamente al quirófano.

Forma parte del Centro ARTOG de Investigación en Ingeniería Biomédica de la Universidad de Berna, donde expertos de diferentes disciplinas colaboran en la creación de innovaciones sanitarias. Y, dentro del grupo de IA en Ingeniería Médica, utiliza técnicas ópticas basadas en la luz polarizada, que responde de «una forma muy específica» a los cambios en los tejidos.

Verónica, en su laboratorio del centro ARTOG de la Universidad de Berna.

Verónica, en su laboratorio del centro ARTOG de la Universidad de Berna. / Cedida

«El análisis de las muestras en los departamentos de patología es un trabajo muy manual y que requiere de mucho tiempo. Y además, cuando se trata de una biopsia de urgencia, no es posible abordar todo el tejido y se obtiene un rango inicial. Con esta nueva tecnología, además de poder hacer el análisis de forma más rápida, buscamos evitar las reincidencias en cirugías. Porque cuando los tejidos no son vitales, por ejemplo, en cáncer de mama, no se hace esa biopsia rápida, sino que cierran a la paciente y, si después descubren que todavía quedaba tumor, la vuelven a operar», explica sobre los objetivos del proyecto dirigido por los investigadores Raphael Sznitman y Aurel Perren.

«El prototipo instalado en Inselspital está dando muy buenos resultados y la idea es crear una herramienta global que puedan utilizar los patólogos con todos los tipos de cánceres. Porque no es una enfermedad única, hay muchísimos cánceres y por eso es tan difícil avanzar. Resulta muy motivador poder ayudar a la sociedad en algo tan crucial como la salud. Y también es muy gratificante trabajar con los patólogos en el desarrollo de una herramienta que de verdad les sea útil en su día a día. Los profesionales del hospital están muy abiertos a colaborar con nosotros para lograrlo», subraya.

Verónica quería estudiar Ingeniería Mecánica. Hasta que descubrió la Facultad de Física de Santiago en una jornada de puertas abiertas. «Y una vez entré, tenía la idea de que la física de partículas me iba a gustar, pero llegué a la asignatura de óptica y me encantó. Y, al final, de alguna manera, también estoy ligada a mi parte más de ingeniera», señala.

Tras graduarse en Compostela, cursó un máster en Ciencia e Ingeniería de la Luz por la Universidad de Cantabria para ir avanzando hacia la aplicación médica que le interesaba. Y en su doctorado abordó el análisis de muestras biológicas con sistemas basados en óptica y luz visible y no invasivos.

«La tesis se centraba en una enfermedad rara que es un tipo de distrofia muscular y para diagnosticarla se utiliza una biopsia con punch que, en el caso de los niños, resulta un poco traumática. Pero, al final, acabamos trabajando en muchas otras aplicaciones de neurociencia, en organoides, con bacterias, con sangre e incluso con muestras arqueológicas, que también son muy valiosas y hay que manipularlas lo menos posible», revela.

Aunque muchas de estas técnicas ópticas ya eran bien conocidas por la comunidad científica, apunta Verónica, están a punto de vivir una explosión «porque en los últimos años se ha avanzado mucho en el desarrollo de detectores y sistemas de iluminación y mucha gente está buscando aplicaciones».

Ya doctorada y en busca del siguiente paso en su carrera investigadora, conoció su actual grupo en Suiza a partir de un artículo, probó suerte y la contrataron. Se incorporó en noviembre del año pasado y está «muy contenta» con esta primera estancia ‘postdoc’.

«La terriña tira, pero al final hay que ganarse la vida e ir adonde haya trabajo. Idealmente, me gustaría no haber tenido que irme de Galicia ni de España, pero en mi campo había muy pocas opciones. Y aquí te encuentras a muchísimos gallegos. Vas por la calle y escuchas hablar a alguien y dices ‘Este es de los míos’. Estamos en todas partes», reconoce entre risas.

También en su grupo del Centro ARTOG convive con más compatriotas: «Es muy internacional y la nacionalidad mayoritaria es la española. También tengo compañeros italianos, franceses, neerlandeses, japoneses y chinos. De hecho, solo hay un suizo», comenta.

Para Verónica esta presencia es un reflejo de la valía de los científicos de nuestro país. «Se nos valora mucho fuera. Realmente, la ciencia en España no está ralentizada por el nivel de conocimiento o de la implicación de la sociedad, sino por la burocracia y la poca inversión. En eso sí se está quedando atrás», reivindica.

«Aquí le dices a tu centro que tienes que hacer un viaje de trabajo y te preguntan para cuándo quieres los billetes. En España te ponen tantas condiciones que acabas organizándolo todo tú. Y la burocracia es de otro planeta. A veces te pedían el presupuesto de varias empresas para comprar algo cuando solo existe una que fabrica lo que necesitas», comenta sobre su experiencia.

Verónica trabaja en Berna, en la Suiza germana, pero vive en Lausana, que está en la parte francesa y donde le resulta más sencillo el día a día por el idioma. «La universidad es muy internacional y se habla inglés, pero de momento el alemán no se me da», admite divertida.

Admira la «cultura muy abierta e internacional» del país y celebra que cuando la morriña aparece «siempre encuentras gente española con la que hablar». Lo que sí cambiaría son los horarios: «Son horribles, el súper cierra a las 6 de la tarde cuando todavía estoy saliendo del trabajo. Me va a costar adaptarme a eso».

Como tantos gallegos emigrados durante el siglo XX, a Verónica le gustaría regresar en algún momento para mejorar la atención sanitaria en su tierra: «Ojalá pueda volver algún día, pero acabo de llegar y quiero ayudar a avanzar esta nueva tecnología y tirar hacia delante».

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