Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Pablo Novoa Músico

Pablo Novoa, músico: «Siempre he tratado de ser más cola de león»

Repasamos con el instrumentista, productor y compositor vigués su trayectoria desde Golpes Bajos hasta ahora, de ser un músico «en la sombra» a interpretar teatro musical con Coque Malla

Guitarrista, multiinstrumentista, compositor, productor y arreglista Pablo Novoa ha transitado durante décadas por la escena musical española de primer nivel desde que debutó en el panorama profesional con Golpes Bajos para ser después «el quinto de Los Ronaldos». De músico en la sombra y tipo tímido en los ochenta , este músico vigués ha evolucionado a intérprete de teatro musical y colíder de Radio Pesquera, su proyecto más romántico junto al también guitarrista Nono García.

– Está embarcado en el teatro musical con «La ópera de los tres centavos». ¿Qué le ha devuelto este proyecto, donde además de tocar la guitarra y el banjo interpreta un papel importante?

– Hace diez o doce años empecé a hacer cosas de teatro como actor, no solo como músico; antes iba bastante al teatro, como espectador, pero no había sido nunca mi profesión. Empecé a relacionarme con ese mundo ya cuando hacía el «Xabarín Club» en la TVG y luego en el programa «Late Motiv», de Andreu Buenafuente, que fueron siete años; íbamos haciendo pequeños papeles con actores, con el público, siempre me sentí muy a gusto y la gente me decía que no lo hacía nada mal, así que he ido tomando conciencia de que era otra parte que a mí me gustaba hacer y que mientras les pareciera bien, yo iba a seguir adelante. Cuando me ofrecieron hacer «La ópera de los tres centavos», había dos cuestiones fundamentales: tanto Coque y Miguel Malla, que nos conocemos de los tiempos de Los Ronaldos, teníamos pasión por Kurt Weill, el compositor de «La ópera»; por otro lado, estaban en el proyecto mis viejos amigos, nos volvemos a encontrar haciendo una cosa que sabíamos hace muchos años que nos gustaba y que podemos hacer juntos. Había ciertas dificultades porque todo el proyecto gira alrededor de Madrid y yo ahora vivo en Galicia, pero esas cosas se salvan cuando tienes ilusión y también te lo ponen fácil.

– Ha contado que Coque y Miguel Malla le acogieron en Madrid en los años 90 y que llegó a sentirse «el primo gallego» o «el quinto Ronaldo». ¿Qué queda de aquella familia musical en este proyecto y cómo es ese Coque respecto al que conoció de joven en Los Ronaldos?

– Nos hemos hecho unos señores mayores, lógicamente. Nos tenemos muchísimo cariño desde los años 90, he coincidido en bastantes trabajos con Miguel Malla a lo largo del tiempo, pero con Coque menos. Siempre me han parecido dos grandes músicos y siempre me ha apetecido –y jamás me ha defraudado– el reunirme con ellos. La relación con Miguel es muy curiosa porque aquí él es mi director musical. En otras ocasiones he sido yo el suyo, hemos pasado la jerarquía de un punto a otro muchas veces, es una relación de dos músicos que se entienden muy bien musicalmente y que se tienen mucho cariño. Y Coque era prácticamente un hermano de corazón y lo sigue siendo, aunque ahora tenemos nuestras familias y ya no vamos por ahí de fiesta los dos solos una noche.

Golpes Bajos en los ochenta, Novoa (1º por la derecha), junto a Germán Coppini, Teo Cardalda y Luis García

Golpes Bajos en los ochenta, Novoa (1º por la derecha), junto a Germán Coppini, Teo Cardalda y Luis García / FDV

– Estudió Químicas pero nunca ejerció. ¿Cuándo y cómo se encontró con la música y cuándo se dio cuenta de que eso iba a ser lo suyo profesionalmente?

– Estudié Química porque me gustaba y estaba muy interesado en ella; mi familia por parte de mi madre es de vocación científica, tengo tíos astrónomos y físicos, y me inculcaron esa pasión por la ciencia. El arte, el interés por la música, me viene un poco de mi hermano, él vivió la época gloriosa del pop rock de los 60, de Los Beatles –y Los Brincos en España–, de adolescente empezó a tocar en dúos y grupos y me enseñaba a tocar la guitarra. Pero yo no tenía conciencia de que iba a acabar como músico, porque a finales de los 70 en Vigo no parecía muy fácil tener una carrera musical ni estaba esta dedicación tan profesionalizada como ahora. Hice la carrera en la universidad acompasándola con la música y la vida me fue permitiendo hacer la música que me gustaba porque para hacer algo con lo que no me sintiera a gusto siempre tenía mi carrera ahí detrás. Lo que sí ocurre es que cuando haces una carrera científica te estructuran el cerebro de una forma muy racional y eso a la hora de la armonía, de hacer las cuentas de los compases, de partes que tienen un poquito de matemáticas, ayuda. Luego está esa chispa que lo rompe todo y que hace que el arte sea arte, no inteligencia arquitectural o matemáticas puras.

– ¿Y cuándo percibió que no solo iba a ser «guitarrista», sino alguien capaz de ocupar cualquier hueco musical: bajo, teclados, arreglos, producción...?

– Por un lado, con los años ganas experiencia y de repente en una banda eres el mayor, alguien mira para ti y te dice: «¿Tú cómo lo ves, Pablo?». Entonces empiezas a asumir roles de dirección o a ser el consultado por tu trayectoria. Por otro lado, yo siempre he sido un culo de mal asiento, siempre me ha apetecido probar cosas y probarme, así que ahora no sé decir cuando fue la primera vez que me llamaron para dirigir, arreglar o producir algo, pero siempre que me he sentido fuerte me he lanzado a los retos.

– Ha trabajado con artistas muy distintos: Josele Santiago, Iván Ferreiro, Bebe, Julieta Venegas, Los Ronaldos, Mastretta… ¿Qué aprende un músico cuando cambia tanto de lenguaje?

– Aprendes a entenderlos, a amoldarte a las características y personalidad que tienen cada uno. Son artistas muchos de ellos reconocidos, con mucho talento y una forma muy particular de entender la música, y te contaminas de todo eso.

En concierto con Iván Ferreiro y Nicolás Pastoriza en 2018

En concierto con Iván Ferreiro y Nicolás Pastoriza en 2018 / Jose Lores

– ¿Qué tiene que tener un artista para que usted diga «aquí hay algo y quiero trabajar con él»?

– Que tenga una mirada propia. Estamos ya en unos tiempos en que es muy difícil ser completamente innovador. Hay gente que consigue hacer cosas diferentes del resto, que los ves y dices «este artista tiene un mundo muy particular que no veo igual en otro».

– Se suele hablar de usted como un músico «en la sombra». ¿Le parece justo o le molesta esa etiqueta?

– No me molesta porque en el fondo es la verdad. Toda mi carrera ha sido acompañando a gente hasta que con Nono (García) he decidido dar un paso al frente. Me di cuenta pronto de que mi papel era ser una parte del cemento y siempre he tratado de ser más cola de león que cabeza de ratón. Si un proyecto era bueno, he preferido hacer menos cosas y no tener un papel muy estelar. Como yo, hay miles de músicos que están detrás, que no somos tan conocidos para el público, pero también te digo que es lo que ganamos.

– ¿Ha tenido que renunciar a su ego para ser un músico tan solicitado?

– Quizás de joven sí, no nos engañemos. Con el tiempo y la madurez en este negocio es fundamental saber cuáles son tus aptitudes y cuál el papel que puedes jugar, entonces aspiras a hacerlo muy bien, a disfrutar mucho y a que el público disfrute. A mí no me toca ser cantante y a lo mejor con 20 años tienes un ego un poco más difuso y piensas que puedes ser como Jimi Hendrix, cuando ni eres negro, ni tocas así la guitarra, ni vienes de donde vino él.

– Los que le conocen de los años ochenta le definen como un tipo tímido. ¿Se imaginaba a los veinte años que acabaría subido a un escenario como intérprete de teatro musical?

– Además, no tengo el papel estelar pero sí soy una pieza importante. La verdad es que en eso he cambiado mucho. He dicho muchas veces esto de que yo siempre he sido un Sancho Panza detrás de un Quijote. Cuando hice mi primer disco, aunque era instrumental, salir al escenario a presentarlo era para mí complicadísimo por mi timidez, nunca había estado ahí y ya tenía mis 40 años. Poco a poco he ido convenciéndome y dándome cuenta de que disfrutaba mucho haciendo papeles y eso tiene que ver con mi gran admiración por el teatro, y también por la danza. Quise ser bailarín, es lo se me queda ahí para otra vida.

«Golpes Bajos creció enseguida como la espuma y duró muy poco, perdimos la noción de que nuestra carrera podía ser larga»

– Con Golpes Bajos pasaron en meses de tocar en la playa a llenar conciertos. ¿Cómo recuerda hoy aquella aceleración y todo lo que sucedió en Vigo con La Movida?

– Golpes creció enseguida como la espuma, pero duró muy poco, todo fue muy rápido. Fue muy bonito porque, por un lado te sientes músico, he de reconocer mi paletismo en ese aspecto porque creíamos que los que estábamos aquí no sabíamos ni de la misa a la media comparado con la gente que se movía en Madrid o Barcelona. Nos dimos cuenta de que funcionábamos bien y que la música que estábamos haciendo tenía un valor, que eso también es algo que te enorgullece. El proceso fue muy corto porque yo creo que fue excesivamente acelerado. El problema a esas edades es que cuando se dan cuenta a tu alrededor de que generas dinero tratan de generar lo más posible en el menor tiempo posible, y eso nos llevó a un cansancio y a un roce que nos mató como banda. Creo que perdimos la noción de quiénes éramos y de que la carrera podía ser larga. Además ahí entran las vanidades, los egos de si tú eres buenísimo o mejor que el otro, son errores de juventud.

– ¿Eran conscientes, desde Galicia, de que estaban cambiando algo en la música española?

– No, supongo que hasta a los más grandes les pasa, aunque en cierto sentido no eres tonto y te das cuenta de que si la prensa en Madrid, si entre determinados grupos y en determinados ambientes se te considera, es que algo estás haciendo bien o por lo menos de una forma significativa.

– Respecto a la rivalidad con Siniestro Total, grupo con el que usted también tocó, además de con Aerolíneas Federales y Bromea o qué?. ¿Era real, teatral o parte del juego punk de la época?

– Ahora que ya somos mayores podemos decir que casi nadie de los grupos de Vigo quería estar adscrito en el mismo saco que los otros. Era una reacción de juventud, de singularizarse, también una forma de reivindicar el camino que has llevado musicalmente. También el hecho de que Germán estuviera en Siniestro y acabara en Golpes creó una dicotomía como si fuéramos el Betis y el Sevilla, con seguidores más a favor de una formación o de la otra. Además, representábamos cosas diferentes: Siniestro era el punk vigués más crudo, inteligente pero muy gamberro, con letras que a mí me parecen planteamientos muy chulos de Julián y Miguel; y nosotros éramos la parte como más sensible, más intelectual o pretendíamos serlo. Estaba Bertolt Brecht por ahí detrás, estaban letras más elaboradas desde un punto de vista de literatura.

Imagen promocional de su disco «Novoa cruza el Atlántico» (2003)

Imagen promocional de su disco «Novoa cruza el Atlántico» (2003) / FDV

– Se ha dicho mucho que Golpes Bajos sonaban más sofisticados que muchas bandas de la Movida. ¿Era formación musical, intuición, ambición o inconsciencia?

– Desde luego, formación musical mucha; nosotros, sobre todo Teo y yo, veníamos de estar desde los 14 años metidos en un galpón en Bouzas, en la casa de sus padres, y tocábamos de todo: del rock pasamos al rock sinfónico, al jazz rock... éramos unos chavales muy ávidos de tocar, de aprender música. Cuando vino la nueva ola quedamos impactados por la posibilidad de hacer algo que tenía que ver un poco mentalmente con nosotros, musicalmente teníamos muchos argumentos, cosa que posiblemente otros por formación no tenían. Técnicamente éramos un grupo bueno y sabíamos mucha música dentro de lo que era ese ambiente.

– En 1998 hubo una reunión de Golpes Bajos, solo con Germán Coppini y Teo Cardalda, no les llamaron ni a usted ni a Luis García (bajista). ¿Le guarda rencor a Teo por aquel feo?

– Hablé hoy (por el miércoles pasado) con él. Lo del 98 sí que creó un malestar de decir Germán y Teo pueden hacer con su nombre lo que quieran, pero con el nombre de Golpes Bajos y no llamar a dos que eran parte de ese grupo, me parece una falta de respeto. Tanto Luis como yo nos enfadamos y no quisimos saber nada de ellos. Años después en Radio Televisión Española pretendían hacer algo con Golpes y ahí Teo me llama porque querían que fuéramos los cuatro y yo me enfadé mucho. Tuvimos una época de no hablarnos y decirnos cuatro cosas, sobre todo yo a él. Y con Germán, también: un día me lo encontré y me dijo, «joder, estás haciendo una carrera muy chula» y «joder, me alegro», y yo le digo: «Ya, pero no estoy muy a gusto hablando contigo ahora». Quedó en que lo habláramos un día y así fue; ahora viéndolo eso desde muchos años después, tanto uno como el otro reconocieron que ahí buscaron la posibilidad rápida, fácil, para volver a juntarse y tiraron por la carretera de en medio sin ser éticamente considerados. Después nos hemos tratado y de hecho cuando Germán murió teníamos un proyecto pequeño para hacer juntos. Y con Teo alguna vez hemos hecho alguna cosa de Golpes, también con Luis.

– En 2018 se subió al escenario del Port América, en Nigrán, para acompañar a Iván Ferreiro en el concierto de su álbum «Cena Recalentada», en tributo a Golpes, que usted produjo. Parte del público expresó su protesta por el repertorio con mensajes en redes que se proyectaron en tiempo real en una pantalla sobre el escenario. ¿Cómo vivió ese concierto?

– Yo defiendo ese disco, pero ese día lo pasamos mal. Creo que hubo un problema de comunicación, muchísima gente fue al concierto pensando que iba a escuchar las canciones conocidas de Iván y se encontró con que una tras otra iban sonando las de Golpes. Nosotros nos estábamos dando cuenta, pero estábamos ahí y seguimos. Ya está. Ese proyecto parte de un momento en el que Iván me dice que le apetece hacer un disco con versiones de Golpes, nos ponemos a hablar y acabamos viniéndonos arriba y en vez de hacer doce o trece canciones hicimos todo el repertorio, que es corto, porque son 18 temas. Fue un disco muy difícil de producir, primero, por lo emocional, y luego porque para aportar algo nuevo y que no pareciera que era una locura de Iván hubo que darle una vuelta al repertorio, empezando el disco por las últimas canciones de Golpes y acabando por las primeras, que son las más conocidas; era una manera de cerrar el círculo, conservar el espíritu de Golpes y darle un toque de actualización.

– Vive en Madrid, pero ha dicho que no concibe su vejez sin Galicia. ¿Qué significa eso: volver físicamente, volver musicalmente o no haberse ido nunca del todo?

– He vuelto físicamente hace año y medio. Yo adoro Madrid, he estado allí viviendo diez años maravillosos, volviendo en verano. Antes siempre viví en Galicia, estando de aquí para allá con todos esos grupos que tenían su centro en Madrid pero teniendo aquí mi brújula y eje de coordenadas. Luego está ese acercamiento a la música gallega. Yo empecé haciendo punk y rock –que es el folk de los urbanos, como dice Santiago Auserón–, pero al pasar los años te das cuenta de que hay muchas cosas que tienen que ver con la historia de tu cultura, de la tradición, incluso musicalmente cuando hice mi primer disco o todo lo que hago con Radio Pesquera tiene que ver con Galicia. Para mí era interesante también estar dentro de la música gallega de algún modo, fue maravilloso hacer un pequeño proyecto con Budiño y colaborar con Uxía, por ejemplo.

– ¿Qué queda de Vigo en su manera de tocar?

– Está claro que Vigo tiene mucho que ver conmigo, por un lado Vigo es Galicia, tiene una parte de tradición, seguimos siendo gente que viene de los campos de los alrededores, de todas las provincias, entonces hay algo de folclore en mí. Y hay algo de urbanita, porque Vigo es una ciudad bastante populosa que en los años 80 vivió una reconversión industrial que tenía mucho que ver con esa postura punk en la música. Y también es un puerto con mucha relación con Sudamérica, y en mi música también está eso. Es, además, una ciudad cosmopolita, con muchos músicos, conciertos y gente que toca jazz, clásica y otros estilos. Yo soy un peón metido en todo ese fregado y tengo todas esas partes metidas en mí de alguna forma.

El músico vigués, en su etapa al frente de la banda de «Late Motiv»

El músico vigués, en su etapa al frente de la banda de «Late Motiv» / FDV

– ¿ Cómo ha cambiado la música gallega desde los años ochenta hasta la generación de Tanxugueiras, Fillas de Cassandra, Baiuca, Mondra o tantos proyectos que cruzan tradición y electrónica?

– No sé lo que va a pasar porque nunca ha sido muy buen futurista, pero después de unos años en que parecía que en Galicia no acababa de pasar nada, llegó lo que yo considero esta madurez, esta falta de complejos de mezclar lo tradicional con el folk, con el jazz, con lo clásico. Es una generación de chavales que están muy preparados, hay talento y yo creo que es un momento en el que hay caldo de cultivo para que todo eso salga.

– Usted es músico y a la vez le encanta la danza. ¿Qué le parece la tendencia de las grandes giras en que los músicos ya no salen a la vista en el escenario, sino que se ocultan o se usan bases pregrabadas y se ofrece un espectáculo en el que priman otros aspectos escénicos, como las coreografías?

– Cuando voy a un espectáculo, ya sea Rosalía o los Rolling Stones, pido que me estén diciendo algo muy chulo, algo que me llegue, que tenga relieve, que me divierta o me emocione. No tengo ningún tipo de complejo con que lleves música pregrabada, aunque a mí me lo pones más difícil. Me parece muy grande llevar música en directo, he tocado con raperos que me han dicho «qué gusto tocar con músicos», pero puedes hacer un gran espectáculo en el que haya danza y luces y es estupendo. Ahora, también he visto que se lleva música pregrabada porque sale más barato y eso sí que no me interesa.

«Sería maravilloso acompañar un día a Paul McCartney, que es una especie de Bach Vivo»

– ¿Con quién le gustaría tocar que todavía no lo haya hecho?

– Yo tengo una colección acojonante de gente con la que he tocado, sobre todo por los siete años en que yo llevaba la banda de Late Motiv y acompañábamos en directo en plató y en prime time a todos los artistas que venían por allí. Por decirte un nombre de alguien vivo, sería maravilloso acompañar un día a Paul McCartney, que es una especie de Bach vivo.

– Forma un dúo instrumental de guitarras con Nono García en Radio Pesquera, con el que han sido cabeza de cartel en el festival de jazz de Atenas y han actuado en países como Namibia, Catar o Bélgica, además de pasearse por toda España. ¿Qué supone para usted ese proyecto? ¿Le veremos en Galicia?

– Radio Pesquera es un proyecto romántico, un dúo bastante atípico e inusual que nos costó al principio engarzar porque no hay muchos en el mundo iguales y es curioso mezclar guitarra española y eléctrica. Estamos centrados en el segundo disco y este verano vamos a hacer conciertos en Galicia para este trabajo, que será todo de piezas inspiradas en cuadros del Museo del Prado.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents