Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entrevista | Sibila Freijo Escritora y periodista

Sibila Freijo, escritora y periodista: «A las de 50 también nos gustan los de 30»

«Para una relación duradera queremos hombres feministas, que salgan de una reunión de trabajo para buscar a los críos, que no se asusten de nuestro poder ni de nuestra sexualidad»

La escritora y periodista gallega afincada en Madrid, Sibila Freijo.

La escritora y periodista gallega afincada en Madrid, Sibila Freijo. / Germán Barreiro

«Ponme otro vino que aún te veo feo» es el sugerente título del libro de la editorial Espasa con el que Sibila Freijo (A Coruña, 1972) hace un repaso a las historias sentimentales que suele vivir una mujer de hoy en día desde los 30 a pasados los 50 años. La escritora de literatura erótica, periodista digital y creadora en los años 2000 del pódcast «Sexo en Chamberí» echa mano de sus vivencias personales, de experiencias de sus amigas y de relatos de ficción para hacer una radiografía no exenta de humor al asunto de las relaciones de pareja contemporáneas.

–Tras desnudarse emocionalmente en «La sal», haciendo una autobiografía familiar de su infancia y juventud, narra ahora parte de su vida sexual y amorosa, ¿qué le ha dado más reparo?

–Sin duda, me costó más escribir «La sal». Hablar de mi vida amorosa no me ha costado nada porque estuve 20 años haciéndolo en un blog a través de un alter ego que todo el mundo sabía que era yo. Estoy muy acostumbrada a hablar de amor, de sexo y de relaciones, y como desde donde mejor relatan estos asuntos es desde la experiencia propia, ¿para qué esconderme cuando me he expuesto tantísimo?. Ya he perdido el sentido de pudor hace mucho tiempo.

–Titula su libro «Ponme otro vino que aún te veo feo». ¿Tan mal está el panorama que hace falta alcohol de por medio para mantener relaciones pasados los 50 años?

–Está tan mal que hace falta la botella entera. Si no tienes el amor de antes, es muy difícil encontrarlo ahora. Deberíamos empezar a despensar el amor tal y como nos lo habíamos creído, a verlo como lo que realmente es, que es el punto en el que estamos mucha gente de mi generación que ya hemos pasado por todo, por lo bonito y por lo feo. Las mujeres hemos estado muy dominadas por el amor o más bien por la búsqueda de él.

–El arco narrativo del libro arranca en qué sucede cuando una mujer vuelve al mercado tras un divorcio y recorre el camino de lo que le ocurre tras muchos años en citas Tinder, con una mirada al pasado, al amor de juventud. ¿Cómo es esa evolución?

–Resulta muy enternecedor echar una mirada a ese amor Disney que al menos yo he tenido la suerte de vivir en mi juventud, pero no creo que ahora, con más de 50, te enamores igual que a los 20, lo vivas igual ni reacciones igual. La pedrada esta que te da cuando te enamoras a los 20 o 25 es más difícil de que te dé a los 50.

–Por eso, dice que no existe el gran amor, sino la gran mirada.

– Esa frase me gusta porque a veces nos pasamos bastante tiempo buscando el amor como la gran cosa que nos va a salvar, la excepcionalidad que nunca vamos a encontrar; y nos olvidamos de disfrutar del camino, de intentar pasárnoslo bien y mirar a la gente que tenemos enfrente.

–¿Preservar el amor a una determinada edad es el gran acto subversivo de nuestros días?

–Sí, porque ahora está mal visto decir que quieres amor, vivir con alguien o que te quieres enamorar. Hay que mostrar desinterés, independencia total y decir que tú te sobras emocionalmente; la vulnerabilidad está mal vista. En ese sentido el acto subversivo de nuestros días es decir que necesitamos al otro. Si ahora tienes una cita y se te ocurre decir que quieres algo serio, el tío o la tía tarda 5 minutos en escaparse de ti.

–Por una parte, el sexo vende y si lo escribe una mujer da más morbo, pero por otra parte parece un género denostado –dice que le repiten a menudo que puede escribir otras cosas–. ¿Cómo soluciona ese supuesto conflicto?

–No haciendo ni caso, lo primero, porque lo de «podrías hacer otras cosas» se resuelve diciendo «pues mira, gracias a la literatura erótica estoy hablando contigo ahora, he conseguido publicar un libro como «La sal», que no tenía nada que ver, y ahora publico lo que quiero con una editorial buenísima». Se denosta la literatura comercial y más si está dirigida o es consumida por mujeres porque se considera «literatura de chicas», «frivolidad», «cajón de saldos», «poco serio». Cuando empecé con la literatura erótica, tenía muy claro que no iba a salir en el Babelia de «El País», pero me da igual porque prefiero empatizar con las mujeres, que mis libros lleguen a las consumidoras que tienen que llegar, que es a las que les gusta mi literatura, y dejarnos de tanta de tanta pose y de tanta historia.

–No le gusta que le pregunten si en sus relatos eróticos habla de experiencias propias; sin embargo, en este libro tira de vivencias. ¿Ha ficcionado mucho? ¿Se ha querido vengar de alguna relación?

–Me ha pasado tantas veces que me han preguntado si hago todas esas cosas que relato en mis novelas, que yo les digo que sí, como advirtiéndoles de que se preparen. A esa gente que se cree a pies juntillas que lo que haces te define me divierte mucho cuestionarles si le preguntarían a un autor de novela negra cuánta gente se ha cargado. Luego había otros a los que les entraba el canguelo cuando se enteraban de a lo que me dedicaba. Y respecto a lo la venganza, yo me vengo de todo el mundo que me trata mal a través de la literatura y lo tengo clarísimo. La gente debería andarse con mucho ojo de cómo nos tratan a las escritoras y escritores porque luego van a acabar en un libro, seguro. Hay alguna expareja en este libro que sale muy mal parada, pero a mí me da un enorme gusto ponerlo fatal en la ficción o en mis libros, porque literariamente hablando lo mediocre no vende y no se le saca partido. Hay que sacar jugo de los malísimos y de los buenísimos.

–Habla del empotrador. ¿Considera que buscamos ese perfil de hombre?

–El empotrador es como una fantasía, algo que sabes que no te va a durar, como un helado, que lo disfrutas sabiendo que se va a acabar pronto. A la gente que no tenga pareja, le aconsejaría probar un empotrador una vez en la vida. No te va a acompañar al centro de salud ni te va a poner una alcayata, pero puedes sacarle partido para pasar el rato.

–Hace una especie de horóscopo chino de tipos de hombres. ¿Cuál es el mejor para una noche y cuál para una relación más duradera?

–Para una relación duradera es un hombre como nos gustan ahora: deconstruidos, feministas; que salgan de las reuniones de trabajo para cuidar a los críos, que nos hagan la comida, que tiendan la ropa, que vayan al súper; y no se trata de ayudar sino de buscar la igualdad en todo, en la paternidad, en la pareja, que no se asusten de nuestro poder, de si ganamos más dinero que ellos o de nuestra sexualidad. Por favor, que todos sean así y que aprendan a sumarse a todo esto que está pasando, tienen que darse prisa porque el camino del feminismo no para y el que no se suba al carro lo tiene bastante fastidiado. Y luego para una cosa así rápida, alguien con sentido del humor, pasárselo bien, es la clave, ya sean 5 minutos o toda la vida.

–¿Qué tipo de mujer buscan los hombres contemporáneos?

–El hombre contemporáneo está como muy acomodado y busca señoras que les hagan el plan, les encanta que aparezcas monísima a cenar, elijas el restaurante, les des conversación interesante, les diviertas; o sea, que todo el curro lo hagas tú. Muchas nos hemos dado cuenta del truco, de que nos lo trabajamos todo nosotras en realidad.

–¿Si el señor de 50 las quiere de 30, las mujeres de 50 tendrían que quedarse con los de 70?

–No, de eso nada, a las de 50 nos gustan también los hombres de 30, hay que decirlo en voz alta porque a algunos les cuesta oírlo, por lo visto. Hay que normalizar que una mujer de 60 años pueda decir que tiene un amante de 38 y que no pase nada, ni nadie se le tire al cuello ni se eche las manos a la cabeza, eso es de lo que se trata.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents