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Rescoldos vivos del caso Padilla

Se cumplen 65 años del proceso de autoinculpación pública del poeta cubano Heberto Padilla, que dividió al mundo intelectual a favor y en contra de la Revolución cubana

Heberto Padilla, durante su declaración autocrítica, en 1971.

Heberto Padilla, durante su declaración autocrítica, en 1971.

Cuando el 1 de enero de 1959 triunfó la Revolución cubana, los escritores e intelectuales fueron conscientes de que para alcanzar los objetivos a los que aspiraba aquella lucha era necesario apoyar el proceso aportando su talento y su creatividad a la nueva cultura. El poeta y escritor Heberto Padilla (Pinar del Río, 1932-Auburn, Alabama, 2000) trabajó para el diario Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio, y hasta 1966 fue corresponsal en la URSS para el nuevo régimen. Carlos Franqui, Guillermo Cabrera Infante y Pablo Armando Fernández fundaron Lunes, el suplemento cultural de Revolución, con el objetivo de apoyar el proceso revolucionario desde el arte y la literatura. En sus páginas publicaban los escritores más vanguardistas de la isla, entre ellos Heberto Padilla. Aquella publicación cayó en desgracia después de elogiar en una reseña el documental «P.M.», dirigido por Sabá, hermano de Cabrera Infante, sobre la vida nocturna de La Habana. La película ofendió al gobierno cubano, que la acusaba de mostrar la ciudad como un emporio del lumpen regido por la industria de la prostitución y el contrabando de alcohol, una imagen contraria a la Revolución. El último número de Lunes apareció en noviembre de 1961. Fue cuando Fidel Castro pronunció aquella famosa frase: «Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada».

El caso Padilla había comenzado a gestarse ese mismo 1961 cuando el poeta se había enfrentado a Lisandro Otero, entonces presidente del Consejo Nacional de Cultura, mediante una crítica a su novela «Pasión de Urbino», promocionada exageradamente por el régimen mientras se ignoraba «Tres tristes tigres» de Cabrera Infante, publicada el mismo año, y que Heberto Padilla consideraba muy superior. Padilla fue entonces destituido de su cargo en el diario Gramma, se le prohibió salir del país y fue enviado a la Unión Soviética como corresponsal. En 1969 defendió de nuevo a Cabrera Infante por un artículo que éste publicara en la revista argentina Primera Plana criticando la represión de intelectuales en Cuba.

En 1971 Heberto Padilla había publicado tres libros muy bien acogidos en la isla: «Rosas audaces», «El justo tiempo» y «Fuera de juego», este último galardonado por la Unión de Escritores y Artistas Cubanos (entre los miembros del jurado estaba Lezama Lima), lo que provocó la ira de los sectores más ortodoxos del régimen por las críticas implícitas que contenía. El libro se publicó pero con una introducción que lo consideraba contrario a la Revolución y acusaba a su autor de individualismo burgués y de haber criticado a la revolución rusa y a sus protagonistas, a quienes el régimen cubano consideraba «hombres de pureza intachable». Padilla había vuelto de la URSS decepcionado por lo que había visto allí.

El 20 de marzo de 1971 Heberto Padilla fue detenido y encarcelado junto a su esposa, la poeta Belkis Cuza Malé, acusados de actividades subversivas tras haber leído en público su obra «Provocaciones». La pena de prisión, que cumplieron en Villa Marista durante 38 días, le fue conmutada por arresto domiciliario después haber sido sometido a una humillante autoinculpación pública en la sede de la UNFAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) en la que durante tres largas horas del 27 de abril de 1971 el escritor se autoacusaba de ser un parásito al amparo de la Revolución y de cultivar a expensas de ésta la popularidad literaria en el exterior con la ayuda de sus enemigos, citando a su esposa como cómplice. El discurso, publicado en parte por el organismo de Casa de las Américas, añadía una petición de perdón a Lisandro Otero y una condena a Cabrera Infante por haber escrito un libro «contrarrevolucionario». Sobre quien fuera su amigo, decía que «había sido siempre un resentido, no ya de la revolución, un resentido social por excelencia, un hombre que fue desde el principio un enemigo irreconciliable de la revolución». Sobre Lezama Lima dijo que «la revolución cubana ha sido justa con Lezama (…) pero los juicios de Lezama no han sido siempre justos con la revolución cubana». Terminaba afirmando que «Yo he criticado cada una de las iniciativas de nuestra revolución (…) me siento avergonzado».

Un grupo de intelectuales entre los que estaban Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Jean-Paul Sartre y Octavio Paz, firmaron una carta en la que se criticaba la iniciativa del gobierno cubano de someter a Padilla a aquella humillación, ponían en entredicho los valores humanos de la Revolución y manifestaban dudas sobre aquella esperanza de libertad en la que habían confiado. Julio Cortázar y García Márquez se negaron a firmar aquella carta porque ellos apoyaban la ortodoxia revolucionaria frente a quienes denunciaban que el caso Padilla les recordaba «los más sórdidos episodios de la era estalinista». El año anterior Vargas Llosa ya había criticado el apoyo del castrismo a la invasión soviética de Checoslovaquia. El caso Padilla supuso el alejamiento del régimen de intelectuales de izquierda que hasta entonces lo habían apoyado: Juan Goytisolo, Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Alberto Moravia, Susan Sontag...

En 2022 el cineasta cubano Pavel Giroud desveló una parte del discurso de Padilla, hasta entonces desconocida, grabada en una cinta de video Betamax que recibió de un remitente cuya identidad no reveló. La sesión había sido grabada con dos cámaras por el documentalista Santiago Álvarez Román, encargada por Fidel Castro al INCAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria) para crear un documento de propaganda. Ante el temor a que se convirtiese en una acusación contra el régimen, ni siquiera se llegó a estrenar. Entre los asistentes se ve a Reinaldo Arenas, Virgilio Piñera, Cintio Vitier, Eliseo Diego y Tomás Gutiérrez Alea, que terminaron en el exilio. Con esta grabación el realizador hizo el documental «El caso Padilla».

Exilio a Estados Unidos

Después de aquella confesión pública Heberto Padilla tuvo que dedicarse durante diez años a trabajar como traductor de textos técnicos y no volvió a publicar nada en su país. En 1980 se exilió a Estados Unidos gracias a un acuerdo de Castro con Edward Kennedy, llevando oculto el manuscrito de una novela que estaba escribiendo, «En mi jardín pastan los héroes», que se salvó milagrosamente de ser secuestrado, donde denuncia la asfixiante atmósfera política que se respiraba en Cuba. En España lo publicó Argos Vergara en 1981. En unas declaraciones al New York Times Padilla criticó duramente al régimen cubano y reveló las presiones que había sufrido para someterse a aquella autoinculpación pública.

Con el tiempo, todos los editores y colaboradores de Lunes tuvieron que exiliarse para no acabar en las cárceles del régimen. El escritor Norberto Fuentes, uno de los más cercanos al castrismo durante mucho tiempo, que se negó a autoinculparse al modo Padilla, acabó en prisión y fue liberado gracias a la intervención de García Márquez. Reinaldo Arenas abandonó Cuba durante el éxodo de Mariel en 1980 después de estar en prisión por su comportamiento «trasgresor» (era homosexual), y por ser crítico con el régimen. También tuvo que exiliarse Virgilio Piñera, después de haber publicado su novela «La carne de René», que irritó al Che Guevara cuando descubrió un ejemplar en la embajada cubana en Argelia. Lezama Lima fue marginado por sus críticas a la Revolución, y su novela «Paradiso», una de las cumbres de la literatura latinoamericana, fue ignorada en la isla. Severo Sarduy se exilió en París en 1960. El poeta Armando Valladares vino a Madrid y más tarde se estableció en EE.UU. después de pasar 22 años en las cárceles castristas. César Leante, que fuera asesor del Ministerio de Cultura cubano y colaborador de Revolución, también se exilió en España.

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