La odisea viguesa del 'Goeben': motines, robos, fugas y un suicidio en la I Guerra Mundial
Piezas de vajilla halladas en el fondo de la ría de Vigo evocan la historia del crucero alemán que fondeó durante toda la contienda entre Rande y San Simón. La tripulación del buque, que colaboró en el espionaje y en el aprovisionamiento de submarinos alemanes, protagonizó un sinfín de anécdotas durante esos cuatro años

El patrón Eligio Ferradás muestra un plato con el logo de Norddeutscher Lloyd. / Gonzalo Núñez/FDV
Marineros de la vieira de Cangas recuperaron recientemente platos de antiguas vajillas pertenecientes a compañías de crucero como Vapores Correos Trasatlánticos o Norddeutscher Lloyd. A esta naviera alemana, fundada en 1857 en Bremen, pertenecía el trasatlántico alemán Goeben, uno de los 11 buques germanos y astrohúngaros que se internaron en la ría de Vigo durante los cuatro años que duró la I Guerra Mundial. La larga duración de su estancia propició que sus tripulantes, que colaboraron en labores de espionaje y en el aprovisionamiento –principalmente de gasolina– de submarinos alemanes, se implicasen en la vida social de Vigo y de Redondela y protagonizasen no pocas anécdotas, algunas felices y otras trágicas, que ahora FARO recopila por primera vez después de más de un siglo.
Las piezas, como informó FARO en O Morrazo el pasado 12 de abril, fueron halladas entre el estrecho de Rande y San Simón, en torno a la zona conocida como A Regasenda, en Redondela, donde permaneció el Goeben durante todo el conflicto bélico. Este hecho, y que en alguno de los platos aparezca todavía bien visible el emblema de la naviera alemana Norddeutscher Lloyd (Lloyd Norte Alemán), es lo que lleva a concluir al investigador vigués José Ramón Cabanelas que la vajilla encontrada procede de este buque germano. Cabanelas es autor del libro «La primera guerra mundial en Vigo», publicado en 2018 por el Instituto de Estudios Vigueses, al que pertenece, y en el que relató la peripecia del Goeben. «El hallazgo de estas piezas de vajilla es una prueba más de su internamiento en la ría en 1914», explica. «Es casi seguro porque estuvo cuatro años entre el estrecho de Rande y San Simón, en La Regasenda. Además, los buques trasatlánticos solían fondear en la zona del Arenal, y no solían internarse pasado el estrecho de Rande», añade.
El Goeben, construido en los astilleros AG Weser de Bremen (Alemania) y en servicio desde 1907, fue un vapor de correo imperial de 8.792 toneladas de registro bruto. Tras el conflicto bélico, y como muchos otros buques alemanes, fue entregado a Francia como parte de las reparaciones de guerra impuestas por los aliados al Segundo Reich derrotado. En el país vecino operó con la Compagnie Générale Transatlantique, una naviera francesa semipública con sede en París, que lo rebautizó como Rousillon. Quedó fuera de servicio en 1930.
Su naviera, la Lloyd Norte Alemán, publicitaba «viajes rápidos» desde Vigo a Brasil, Argentina, Cuba y Nueva York en sus vapores «de gran porte y confort». Su agente general en España era el consignatario Luis García-Reboredo Isla, que tenía sus oficinas en Vigo, en un magnífico edificio modernista del arquitecto Manuel Gómez Román que aún existe: la Casa de Saturnino García (1912), en la esquina de la Plaza de Compostela con la calle García Olloqui.

Un anuncio de la época de la compañía Norddeutscher Lloyd o Lloyd Norte Alemán. / FDV
Vigo no estaba, sin embargo, en la ruta del Goeben, utilizado para la línea de Extremo Oriente. Había partido de Yokohama (Japón). Por eso las autoridades del puerto de Vigo se sorprendieron cuando entró en la ría el 31 de julio de 1914. Así lo contaba en las páginas de FARO, en 1935, el periodista y escritor Avelino Rodríguez Elías: «El vapor alemán Goeben, de una línea del Extremo Oriente, entró en Gibraltar el 27 o el 28 de julio de 1914 para carbonear, como solía hacer en sus viajes de regreso. Pero ante los preparativos bélicos que allí observó, su capitán desistió de efectuar la operación, y vino a Vigo, para recibir aquí órdenes de la compañía armadora. Las órdenes fueron de que aquí se quedase. Y así lo hizo, siendo el Goeben el primero de los diez u once buques alemanes y austríacos que aquí estuvieron refugiados durante la guerra y que al final de ésta se repartieron los aliados».
Así, el trasatlántico Goeben, con 195 pasajeros a bordo, algunos de ellos oficiales alemanes de la reserva, fue el primer barco alemán en refugiarse en puerto español. El de Vigo fue el que albergó el mayor número de navíos de las Potencias Centrales que permanecieron internados en España – país neutral en el conflicto– durante los cuatro años que duró la guerra, que se prolongó entre el 28 de julio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918. Vilagarcía y Ferrol fueron otros puertos gallegos que acogieron hasta una veintena de grandes buques comerciales alemanes durante la Gran Guerra.
Desde su entrada en Vigo, el Goeben funcionó como centro de información y espionaje, y algunos de sus tripulantes realizaron funciones de agentes secretos. Marineros de este barco ayudaron a los trabajadores del inutilizado Cable Alemán a instalar postes de telegrafía e incluso una nueva estación en el Monte do Castro, destinada a dar cobertura a su flota en alta mar y a los submarinos que navegaban en las proximidades de las costas gallegas.
Como cuenta José Ramón Cabanelas en su libro, los pasajeros del Goeben llegados al puerto de Vigo trataron de hacer transbordo hacia un vapor de la Mala Real Inglesa que llegaba a la ciudad procedente de América del Sur y se dirigía hacia Liverpool. Sin embargo, el capitán del buque británico ordenó a su tripulación no admitir a ningún viajero alemán, por lo que debieron esperar a otros navíos. Unos 75 tripulantes viajaron a Barcelona para intentar regresar a Alemania, pero no encontraron un medio de transporte y volvieron a Vigo por tren el 13 de agosto de 1914.

Imagen del «Goeben» en otras aguas, ya que no constan fotos del buque en Vigo. / FDV
Resguardado en A Regasenda, en la ensenada de San Simón, el Goeben pretendió pasar inadvertido, pero el elevado número de reservistas y la radiotelegrafía que tenía a bordo lo pusieron en el punto de mira de los espías que trabajaban en Vigo para Francia e Inglaterra. «Hemos constatado que se han cargado en este vapor más de 800 kg de petróleo», se quejaba el embajador de Francia en Madrid en una carta enviada el ministro de Marina de España en 1917. «Los militares que se quedaron en el barco hacían acopio de petróleo y de otras subsistencias para abastecer a los submarinos alemanes que, de noche y muy sigilosamente, penetraban en nuestra ría hasta el estrecho de Rande. También los abastecían con pequeñas embarcaciones que salían a alta mar cargadas de barriles de gasolina», relata Cabanelas.
El Gobierno de España prohibió la emisión de textos cifrados, pese a lo que los alemanes seguían operando estaciones de telegrafía sin hilos ilegales. En esta actividad clandestina se implicó también la tripulación del buque Stephan, anclado durante toda la guerra en la ensenada del Arenal.
Mientras, los súbditos del káiser ofrecían una imagen de normalidad, implicándose a fondo en la vida social de Vigo y Redondela. FARO publica el 16 de febrero de 1915 que «algunos profesores alemanes del correo Goeben», tomaron parte en la orquesta que acompañó a las comparsas de Carnaval por las calles de Vigo. Y en noviembre de ese año, el orfeón y orquesta integrado por tripulantes del Goeben ofreció un concierto en el Centro Científico Deportivo de Redondela «a beneficio de los pobres de aquella población», con el que quisieron «corresponder a la buena acogida que en Redondela han hallado desde que el buque está fondeado en la Regasenda», apunta el decano. Un ingeniero mecánico del Goeben, Antonio Bollvinkel, llegó incluso a recibir el bautismo católico en Redondela entre grandes festejos.

Imagen del «Goeben» en otras aguas, ya que no constan fotos del buque en Vigo. / FDV
Según publicó también FARO, durante la búsqueda de un ancla que había perdido el Goeben, un buzo se topó, a unos 400 metros del buque fondeado, con la proa de uno de los famosos galeones hundidos en la batalla de 1702. Recogieron un trozo de madera de la contrarroda de cuatro metros de largo que fue trasladado al muelle del Arenal vigués.
No todas las noticias relacionadas con el Goeben fueron tan gratas. El 14 de enero de 1915, FARO informaba del robo de 14 barras de cobre sustraídas por cuatro tripulantes del Goeben, que guardaba a bordo más de 1.000 toneladas de este metal. Los autores de la sustracción, que fueron detenidos y puestos a disposición del cónsul de Alemania, se las habían vendido por 90 pesetas (casi un mes de salario de un trabajador manual cualificado) a un marinero llamado Manuel Lemos. Fueron puestos en libertad dos meses después.
Suicidio frustrado
Pudo haber tenido relación con el robo este otro suceso: el 7 de abril de ese año, FARO informaba del «desesperado intento de suicidio» de un joven alemán de 22 años, llamado Willy Selwager, que había pertenecido a la tripulación del Goeben, y que intentó acabar con su vida disparándose en el pecho en el Castro. Acusado de un robo de estaño a bordo del Goeben, fue detenido junto a otros compañeros. Tras pasar cuarenta días en prisión, fue puesto en libertad, pero el capitán del Goeben, Adolf Asborn, se negó a admitirlo a bordo. Desde entonces, sin recursos para volver a su país, vagó por las calles de Vigo. En la tarde del 6 de abril fue hallado junto a la muralla del Castillo de San Sebastián, tendido en el suelo y empuñando un revólver. Lo encontraron los transeúntes Francisco Méndez, Benito González y José da Silva, quienes avisaron a las autoridades. El joven fue atendido de urgencia en el Cuarto de Socorro por los doctores Iglesias y Riobó y luego ingresó en el Hospital Elduayen con una herida penetrante en el pecho. «Al enterarse de lo ocurrido se presentaron en el Cuarto de Socorro algunos compatriotas del ex tripulante del Goeben –relataba FARO–. Willy Selwager se negó a decir las causas por que había intentado (sic) contra su vida, creyéndose que fue la desesperación de hallarse sin recursos lo que le impelió al suicidio. Willy es huérfano de padre y madre».
El 9 de marzo de 1916, Portugal, aliado histórico de Gran Bretaña, entraba formalmente en la contienda, tras la declaración de guerra por parte de Alemania. Eso provocó que, tan solo cinco días después, decenas de tripulantes alemanes de buques aprehendidos por el Gobierno portugués recalaran en buques germanos fondeados en Galicia. De ellos, 74 fueron a parar al Goeben.
Motín a bordo
En julio de 1916 se produjo la sublevación de una docena de tripulantes chinos del Goeben, que trataron de hacerse con el mando del barco. El capitán y otros tripulantes lograron aplacar el motín, y la Guardia Civil se encargó de llevar a la cárcel a los sublevados. Fueron puestos en libertad nueve meses después.
Un fogonero chino del Goeben, An Whae, de 38 años, murió por un problema cardiaco y fue enterrado en el cementerio civil de Pereiró. Al entierro asistieron setenta tripulantes alemanes y chinos del vapor alemán, que tocaron el himno de China en honor a su «leal compañero». Meses después, otro tripulante chino, Ah-Yung, falleció también a bordo y fue igualmente enterrado en la necrópolis viguesa.
Los tripulantes del Goeben colaboraban en festivales benéficos y colectas, tanto en Vigo como en Redondela, pero no olvidaban el deber de volver a su país para contribuir al esfuerzo bélico. Como ha contado Cabanelas en uno de sus artículos en FARO, el 7 de octubre de 1916, varios oficiales del Goeben, junto a once militares alemanes procedentes del internado de Pamplona, se fugaron en la goleta Virgen del Socorro, que habían comprado por 11.150 pesetas. Navegando bajo pabellón neerlandés, su objetivo era ganar las costas de Bélgica u Holanda para desde ahí incorporarse al Ejército alemán. Sin embargo, a solo 12 millas de Zeebrugge, en Bélgica, fueron interceptados por el crucero de guerra británico Paramount, que los capturó y condujo al puerto inglés de Ramsgate.
La larga relación entre Vigo y el Goeben tocaba ya a su fin el 9 mayo de 1919, cuando fondeó en la ciudad olívica el cañonero francés Ara, procedente de Brest, para verificar la incautación, por parte de los aliados, de los barcos alemanes refugiados en Vigo desde el comienzo de la guerra. Ese mismo día, la autoridad de Marina se incautó del trasatlántico alemán fondeado en A Regasenda, así como del Neidenfels, carguero de la misma nacionalidad anclado en la bahía. El segundo comandante de Marina de Vigo, Alejandro Molins, y el teniente de navío Joaquín Jáudenes, ayudante de la Comandancia de Marina, realizaron la incautación. los tripulantes abandonaron el Goeben y quedó a bordo un piquete del contratorpedero español Terror, que había combatido en la Guerra Hispano-Estadounidense en 1898. Días después comenzó la descarga de mercancías que permanecían a bordo del Goeben, que fueron depositadas en unos almacenes en la calle del Arenal para ser destinadas a países neutrales.
Así terminaba la increíble estancia de cuatro años del Goeben, el trasatlántico alemán que había partido de Yokohama y se convirtió, inesperadamente, en un vecino más de Vigo y de Redondela.
Suscríbete para seguir leyendo
- Luca, el “terremoto” de los circuitos gallegos
- Los famosos gallegos de la lucecita
- Tesoros forestales para (no) perderse en otoño
- «Ramsay llega tarde, la carne gallega lleva tiempo siendo la mejor del mundo»
- Cuando la movida madrileña invadió Vigo: 36 horas de sexo, drogas y rock and roll
- De un vestido de lentejuelas de su abuela a millones de reproducciones: así se labra el éxito en redes esta influencer viguesa
- Los Quesada Legido, una saga de artistas
- Cervantes está de moda por ser lo que no fue
