Gallegos a la vanguardia
Pablo Terroba, ingeniero químico: «Cada día en el paddock sentía mariposas en el estómago»
Después de tres años en el equipo Red Bull de Fórmula 1 como asesor técnico de ExxonMobil, el ingeniero químico viveirense Pablo Terroba desarrollará los lubricantes del futuro para marcas como Porsche o BMW

El ingeniero viveirense Pablo Terroba, en los boxes de Red Bull. / FDV
Su camino hasta «vivir un sueño despierto» en la escudería de Red Bull transitó por seis países en los que tuvo que «rehacer de cero» su vida varias veces para adquirir experiencia académica y profesional y aprender varios idiomas. Después de tres años como asesor técnico de ExxonMobil en la Fórmula 1, el ingeniero químico Pablo Terroba Seara (Viveiro, 1993) acaba de dar un paso más en su carrera dentro de la multinacional petrolera convirtiéndose en asesor de rendimiento de productos, un puesto desde el que desarrollará los lubricantes para los coches del futuro que diseñarán marcas como Porsche, Lamborghini, BMW o Mercedes-Benz.
«Cada día en el paddock sentía mariposas en el estómago y la piel de gallina. Siempre había algo nuevo por conocer y fue una etapa maravillosa. Ahora tengo la oportunidad de desarrollarme más profesionalmente, pero mi historia con la Fórmula 1 aún no ha acabado. Volveré de alguna manera», promete.
Su periplo comenzó en tercero de carrera, cuando se trasladó como «erasmus» desde Santiago a la ciudad francesa de Saint-Etienne: «Descubrí que el mundo es mucho más pequeñito de lo que pensamos y que no hay mayor gratificación que aprender nuevos idiomas y culturas y sentirte parte de otro país».
Ya graduado, se fue a Irlanda para estudiar inglés mientras, por la tardes, recogía vasos en un pub. Y después se mudó a Bolonia para cursar un máster en Sostenibilidad de Biotecnologías. Además de estudiar, también trabajaba como anfitrión de viviendas turísticas y, durante el segundo curso, realizó otro intercambio en Helsinki.

Con Fernando Alonso / FDV
Volvió a España para realizar su trabajo fin de máster en el Instituto de Química Avanzada de Cataluña-CSIC y su primera experiencia laboral fue en una farmacéutica en Bruselas, donde diseñaba y certificaba las bolsas de glucosa que se suministran a los recién nacidos en hospitales. «Vi la aplicación directa porque mi hermana es pediatra, especializada en neonatos, y trabajaba con ellas», celebra.
Después de dos años, un día llamó a su madre para anunciarle que regresaba a casa: «Quería estar más tiempo con mi familia, con mis abuelas». Hizo el Camino de Santiago, reconectó con él mismo y decidió que podía «volver a volar». Buscó las mejores empresas para un ingeniero químico, probó suerte en ExxonMobil y en enero de 2022 se mudaba a su sede de Praga.
Allí descubrió la existencia del puesto de analista en la Fórmula 1, a la que era muy aficionado desde niño. Pero la oportunidad no le llegaba y ya tenía los vuelos comprados para viajar a Nueva Zelanda con una visa de un año, el plan era seis meses «recogiendo kiwis» y otros seis de vacaciones, cuando su jefe le anunció que, por fin, lo iba a proponer. «Fui elegido entre mil empleados para trabajar con uno de los mejores equipos de la historia. Fue un sueño hecho realidad», recuerda.
Y su debut no pudo ser mejor: «RedBull ganó en 2023 el campeonato de pilotos y de constructores. Mi primera carrera fue en Bahrein, donde no solo nuestros pilotos, Verstappen y Pérez, quedaron primero y segundo, sino que el tercero fue Fernando Alonso. Me pellizcaba y no despertaba. Ni el mejor guionista podría escribir una película mejor. Y en 2024 fuimos otra vez campeones del mundo».
Después de tantos éxitos también llegaron las dificultades: «Se aprende más de las derrotas. Al principio estaba centrado en mi trabajo de chequear los parámetros de lubricantes y combustible, pero en el último año y medio profundicé más en cómo trabaja la unidad de potencia, cómo son las conexiones y sensores o cómo el aceite puede ayudar a la caja de cambios y al sistema hidráulico para dar ese impulso al coche y ganar esas centésimas o milésimas que necesitábamos».
«Como asesor de ExxonMobil eres una fuente de resolución constante e inmediata de problemas de alto nivel técnico. Formas parte de esa gran familia que es el equipo de Red Bull y quería sentirme útil. Esa etapa me ayudó muchísimo también a madurar y desarrollarme. Y a valorar cada victoria. Hay que lucharla cada día, desde el martes, cuando empezábamos, hasta el domingo para poder alcanzarla todos juntos», subraya.

El viveirense, en su puesto de trabajo. / FDV
Todo este esfuerzo, innovación y desarrollo tecnológico acaba además por trasladarse al resto del mundo «en un círculo que nunca acaba de girar», destaca Pablo, que ya está inmerso en sus nuevas responsabilidades. «Para diseñar los lubricantes del futuro necesitamos probarlos en los coches que los usarán y yo me encargo de proyectos para determinar qué tipo de parámetros y tests tendremos que tener en cuenta para certificarlos y que salgan al mercado. Ahora estoy pasando más tiempo en Praga, pero después me tocará viajar a EE UU, China y América del sur a visitar a mis clientes», explica.
Eso sí, pasando por Viveiro siempre que pueda: «Allí donde voy lo primero que recalco es el lugar del que soy y lo orgulloso que estoy. Para saber adónde vas tienes que saber cuáles son tus raíces. Mi pueblo y mi familia me ayudaron a adquirir los valores y destrezas que tengo».
Acaba de estar en Galicia, donde además de disfrutar de los suyos, ha ofrecido varias charlas inspiracionales: «También lo he hecho en Buenos Aires, México o Singapur. Me encanta motivar a las nuevas generaciones y contarles la historia de un chico de Viveiro que con esfuerzo y pasión y viajando por el mundo llegó a cumplir su sueño. Todos los países y los idiomas que aprendí me abrieron la puerta de la Fórmula 1. No es fácil salir de la zona de confort, a mí me dijeron muchas veces que no, pero hay que intentarlo».
Pablo también es un apasionado del deporte, fue futbolista muchos años y ahora practica triatlón. Y aprovechó su reciente visita para participar en la carrera de montaña de Viveiro antes de subirse este fin de semana a la bicicleta para recorrer los 312 kilómetros de otra competición en Mallorca. «Es mi forma de desconectar, mi terapia. No soy de estar quieto». Y no hace falta que lo jure.
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