Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

REVOLUCIÓN CORAL

Coros sin cliché, un refugio donde alzar la voz

De música antigua a góspel y espectáculo escénico: las corales rompen moldes y aglutinan a un variopinto perfil intergeneracional que encuentra en ellas un lugar donde expresarse artísticamente en grupo

Las corales rompen moldes y aglutinan a un variopinto perfil intergeneracional

Jose Lores

Vigo

La imagen de coral formada por voces veteranas, repertorio fijo y puesta en escena solemne de piezas clásicas y composiciones de polifonía tradicionales convive con propuestas más dinámicas que captan a apasionados al canto coral que buscan dar rienda suelta a su pulsión vocal. Coros show y de góspel que incorporan el ritmo, las coreografías y las artes escénicas a sus espectáculos, formaciones de corte más clásico integradas por componentes con conocimientos musical en busca de la excelencia y agrupaciones intergeneracionales dibujan un panorama heterogéneo y variopinto donde encontramos desde rockeros que entonan música sacra hasta profesores de conservatorio y jóvenes estudiantes de Bellas Artes en busca de paisajes sonoros experimentales.

Hablamos en este reportaje con componentes de cinco formaciones gallegas: Summus Lac, Vigo Gospel Choir, Mistura Vocal, Coro de Voces Graves de Vigo y Ensemble Vocal Ángel Barja.

El primer coro show en España se hizo en Galicia en el año 2004 al formar Allegration Miriam Rodríguez y su hermana Lara, quienes más tarde crearían su universo propio combinando soul, pop y rock con un alto componente escénico en la banda Broken Peach. Buscaban romper la rigidez de las corales –integraban el coro de la escuela de música Allegro–, introduciendo «algo de ritmo, un poquito de jazz, más interpretación y bailar y cantar a la vez», explica Miriam. De esa formación salieron artistas como el actor que triunfa en Netflix en México José Carlos Illanes, Woyza, Sabela Cereijo y Fran Peleteiro. Era el germen de Summus Lac, coro que nació en 2011 con un nombre ya pactado anteriormente por las hermanas (habían acordado que si un día se desvinculaban de la escuela Allegro llamarían al grupo algo así como ‘Leche Máxima’) en la Escuela Municipal de Vigo, pasó por el centro privado Mundo Sonoro, tuvo un parón de cinco años cuando sus directores, Miriam Rodríguez, formada en Bellas Artes, y el instrumentista e intérprete Chucho González se mudaron a Barcelona, y se retomó en pandemia como semiprofesional, con el objetivo de lograr un mayor compromiso de los integrantes con el grupo.

El acceso al coro pasa por una primera toma de contacto, un vídeo y la preparación de una canción en pocos días, pero para Rodríguez y González la clave no está solo en la técnica: «Que vengan con ganas y que se lo tomen en serio». Los ensayos, de tres horas y media cada sábado, combinan calentamiento corporal, técnica vocal, improvisación, interpretación y coreografía, con Chucho González al piano en el trabajo de base musical. A menudo reciben clases magistrales de especialistas en diferentes disciplinas artísticas y escénicas.

Lejos de un perfil uniforme, Summus Lac reúne a integrantes de edades muy distintas, desde una niña de nueve años hasta personas cercanas a la jubilación, en un coro donde, según su codirectora, «no hay nadie parecido a nadie». Esa diversidad también se refleja en lo que busca cada uno: algunos llegan por la mezcla de voz y artes escénicas, otros por la improvisación o la danza, y otros simplemente por cantar. La filosofía de fondo es que el protagonismo no recaiga solo en unos pocos: «Para nosotros es muy importante que las estrellas sean ellos» y que cada integrante se sienta «un eslabón imprescindible».

Su repertorio abarca desde piezas experimentales a musicales de Broadway, pasando por el mix de canciones comerciales de Madonna, Billie Eilish, ABBA o Bruno Mars que ensayan actualmente. La Fundación Sales, en la avenida de Samil, y el espacio de creación artística La Luthería son algunos de los escenarios donde suelen exhibir su trabajo al público, si bien están abiertos a colaborar con artistas que les requieran.

Miguel Paz, profesor de Biología en la ESO y Bachillerato de 34 años, llegó a Summus Lac después de una trayectoria muy ligada a la música clásica, con diez años de formación en el conservatorio, piano y coro, pero con ganas de explorar otros lenguajes tras haber pasado también por la coral de la Escola Oficial de Idiomas. Conoció el proyecto a través de un compañero y, tras ver una grabación en La Luthería, tuvo claro que quería formar parte del coro. «Mi formación es totalmente clásica y por eso me gustaba mucho el hecho de romper y descubrir mundos nuevos», explica sobre una experiencia que le abrió al soul, al jazz y a técnicas vocales modernas, pero también a una dimensión escénica que no había explotado hasta entonces. «Cantar no solamente es proyectar una voz, sino también transmitir un mensaje», resume sobre un grupo en el que, además de la música, valora especialmente el ambiente humano: «Tú entras aquí con ilusión y te quedas por la familia».

C. Corbal, de 32 años y con trabajo en programación informática, encontró hace catorce años en Summus Lac un espacio artístico más próximo a sus gustos musicales: «una escenografía distinta, unas canciones distintas, una música diferente». En Summus Lac, Corbal valora sobre todo la libertad creativa de un formato «menos formal, menos reglado», con lugar para la interpretación, la improvisación y propuestas escénicas poco habituales, además del ambiente humano de un grupo heterogéneo que funciona como «un espacio de desconexión». Más allá del ensayo semanal, el coro, donde también está su novia, ocupa también un lugar importante como vía para seguir cultivando una vocación artística que no se canaliza en el terreno profesional, ya que antes de dedicarse a las aplicaciones informáticas se formó en el terreno audiovisual: «el arte es algo que hay que cultivar», asegura.

Sara Lago, estudiante de Bellas Artes de 21 años, llegó a Summus Lac en 2021 a través de una amiga con la que ahora está iniciando su propio proyecto. Sin formación previa de conservatorio, pero apasionada del canto desde niña, encontró en el grupo un espacio clave tanto para el desarrollo artístico como personal: «Me ha ayudado muchísimo a quitarme un poco de timidez», resume sobre una experiencia que combina música, interpretación y trabajo escénico y que le ha servido también para reforzar habilidades sociales y afianzar intereses creativos. Esa dimensión conecta además con su formación en Bellas Artes, donde busca cruzar sonido, grabación y performance: «Me gusta intentar mezclar siempre que puedo las dos facetas», explica sobre un proceso que también entiende como búsqueda de lenguaje propio, todavía en evolución, pero ya marcado por una sensibilidad alejada de lo más comercial (algo que define a Summus Lac) y por una transformación visible al mirar atrás: «Aparte de la evolución vocal, noto muchísima evolución personal cuando veo el vídeo con el que me seleccionaron: una canción en portugués, ‘Corcovado’, que todavía me encanta».

Góspel

El Vigo Gospel Choir, en el que participan entre diez y quince integrantes fijos de perfiles muy diversos –desde profesiones como la docencia, la ingeniería, la odontología o la psicología–, se ha ido configurando en los últimos años como un proyecto muy ligado al impulso y la continuidad de Rebeca Rods, directora y cantante profesional. Ella impone un método de trabajo que Alberto Páramo, uno de los componentes más veteranos del coro, define como «muy dinámico», con espacio para la coordinación corporal, la concentración mental y el trabajo vocal.

Más allá de la dirección musical, Páramo subraya el compromiso personal de Rods, que viaja desde Madrid cada semana para mantener vivo el proyecto en Vigo: «se deja la piel para venir aquí cada semana», afirma sobre una directora que, pese a tener otros coros y actividad profesional en la capital, «no quiere dejar su contacto con su ciudad». Esa implicación, sumada a la energía que transmite en los ensayos, ha acabado convirtiendo el coro en «una gran familia».

En el caso de Alberto Páramo, profesor de idiomas de 55 años y veterano del grupo, la llegada al góspel supuso un giro inesperado tras años como cantante en bandas de rock. «Si a mí me dices hace siete años: vas a estar cantando góspel, contesto: ¿qué dices?», resume sobre una experiencia que, en principio, no encajaba con su trayectoria musical. Sin embargo, la entrada en el coro cambió esa percepción al descubrir una energía colectiva y una sensación de bienestar que hoy considera difícil de encontrar en otros formatos: «Tienes que estar donde te sientas bien. Yo ahí me siento muy bien», explica sobre una práctica coral que relaciona con efectos casi físicos y emocionales, fruto de la polifonía y del ambiente de grupo. Esa experiencia, unida a tareas como grabar y subir los temas para facilitar el trabajo del resto, ha reforzado su vínculo con un proyecto que, dice, es ahora «lo que puedo hacer y lo que me llena».

Ana Alonso Lorenzo llegó al coro de góspel hace tres años buscando una experiencia distinta a la del coro clásico en el que había empezado a cantar en la Universidade de Maiores, y encontró mucho más que un repertorio diferente. «Me fui a una audición y quedé fascinada, sobre todo por la directora que tenemos, por Rebeca, que es pura energía, pura vitalidad», resume sobre un grupo al que hoy asocia con «una felicidad interna» difícil de explicar y con una vivencia colectiva muy intensa: «Cantar es alegría y sobre todo cantar este tipo de canciones que se cantan en comunidad, es tremenda la sensación emocional que tienes». Alonso define a Rebeca Rods como «un ser de amor generoso» por abrir al grupo oportunidades poco habituales, como cantar con Miguel Ríos en el Coliseum de A Coruña o participar en el WiZink Center de Madrid en un concierto por Palestina, experiencias que nunca había imaginado vivir esta mujer, autónoma ya retirada que tuvo varias tiendas de ropa y el conocido restaurante vigués La Cerilla.

Mistura vocal, en busca de la excelencia

Mistura Vocal reúne a unas 40 voces en un proyecto coral que agrupa a integrantes de 16 años en adelante de distintos puntos del sur de la provincia de Pontevedra, desde Ponteareas y Vigo hasta Tui, Mos, O Porriño o incluso Sanxenxo. Según explica Eva García, presidenta de la coral, buena parte del grupo arrastra una larga trayectoria en el mundo de la armonía polifónica, en muchos casos heredada de formaciones de referencia como Camerata ad Libitum, lo que ha permitido construir un coro con un listón musical alto y una identidad muy definida. «Lo que buscamos es la excelencia musical», resume sobre una agrupación que no exige necesariamente profesionalización, pero sí bagaje, conocimientos o experiencia previa en otros coros.

Ese nivel de exigencia convive con una notable diversidad profesional –hay músicos, directores, personal de enfermería, gente vinculada a la construcción o a otros oficios– unida por la sensibilidad musical. El repertorio, además, cambia a lo largo del curso: Mistura Vocal arranca la temporada con el certamen internacional Outono en Son, que organiza el propio coro, y pasa después por programas navideños, música sacra en primavera y propuestas profanas hasta el verano, además de proyectos con orquesta, coros infantiles, jazz o montajes escénicos. «Tenemos un repertorio muy variado», señala García sobre un grupo que combina tradición coral y apertura a nuevas experiencias sonoras.

En el plano personal, Eva García representa bien ese perfil de coralista con formación sólida y recorrido largo dentro de este ámbito. Procedente del conservatorio y vinculada al canto coral desde los nueve años, comenzó de niña en Camerata ad Libitum y reconoce que esa trayectoria hace que tire «un poquito más la rama más clásica». Aun así, también destaca el atractivo de explorar la voz desde otros lenguajes y proyectos menos convencionales, algo que en Mistura Vocal aparece de forma natural cuando el coro se acerca a formatos con orquesta, escenografía o incluso grupos de jazz.

Desde esa experiencia acumulada, García dibuja el canto coral no solo como una práctica musical, sino como un espacio de encuentro sostenido por la formación, la pasión y ese «algo en común» que, dice, «te remueva por dentro un poco».

Lutier, rockero y coralista

Jean Marc Van Loo, lutier, músico de rock como cantante y bajista e integrante de Mistura Vocal desde hace unos 12 años, llegó al coro sin experiencia previa y con bastantes prejuicios sobre el mundo coral, que veía como «cosa de viejos» y algo «rancio» alejado de la música moderna en la que siempre se había movido. Sin embargo, la invitación de una amiga que le propuso ir a conocer la formación, pues él echaba de menos espacios donde ejercitar su instrumento vocal, le abrió una puerta inesperada: «Fui al primer ensayo y salí de ahí diciendo: ¿por qué no he hecho esto antes?», recuerda sobre una incorporación que convirtió a Mistura en su «primer y único coro».

«Encontré una familia», resume sobre un proyecto en el que puede trabajar la voz como instrumento y sumergirse en un repertorio diverso, con música sacra, piezas tradicionales gallegas, espirituales y obras en latín, gallego, inglés o francés. Más allá del ensayo semanal, Van Loo se prepara a conciencia para actuar sin partitura y así centrarse más en la musicalidad, que es lo que le pide su directora, Aloia Martínez.

Este lutier y músico destaca sobre todo la dimensión física y emocional del canto coral, esa sensación de quedar rodeado por voces y frecuencias que se mezclan hasta volverse casi necesarias: «Me baño en el sonido, el coro es una textura más en mi vida» y «es algo muy adictivo cuando cantas teniendo varias melodías a tu alrededor», afirma. «Ese ambiente sonoro, esa mezcla de frecuencias te hace vivir una sensación única y se convierte en una necesidad incluso a nivel corporal», sostiene.

Voces graves para recuperar repertorio

El Coro de Voces Graves de Vigo, que dirige Alberto Abal, nació casi por necesidad patrimonial: recuperar un repertorio masculino que apenas tenía espacio en coros mixtos. El germen estuvo en la conmemoración del centenario de la muerte del compositor gallego Paz Carbajal, cuya obra estaba pensada para coro masculino, y a partir de ahí el proyecto echó a andar hasta llegar a reunir a unas 60 voces, aunque tras la pandemia quedó reducido a una veintena. Abal insiste en que no se trata de una exclusión por razón de género, sino de una apuesta musical muy concreta: «No es una cuestión de discriminación ni nada parecido. Es por hacer un proyecto de una música completa». El perfil del grupo, explica, es el de gente con toda una vida cantando a las espaldas, reunida en torno a un repertorio específico de voces graves en el que también pesa la herencia de su abuelo, que había dejado abundante música escrita para este tipo de formación.

José Manuel Fernández, jubilado y tenor de esa formación, llegó al canto coral con 39 años después de vencer un prejuicio que hoy recuerda con humor. «Una chica me propuso ir a una coral y le dije: ‘Pero si eso es para viejos, hombre’», cuenta sobre un primer acercamiento que terminó enganchándolo hasta convertir el coro en su principal afición.

Aunque ya había pasado por otras formaciones antes de incorporarse al Coro de Voces Graves, donde lleva desde 2016, Fernández destaca sobre todo la dimensión humana de la experiencia, pues ha encontrado un espacio en el que sentirse cómodo y socializar. «Cantar con otras personas, cuando notas que la cosa fluye bien, te da una sensación de felicidad y de tranquilidad», resume sobre una práctica que, además de exigir aprendizaje técnico en respiración y apoyo, se ha convertido en una rutina central de su vida, muy por encima de otros entretenimientos: «Me va mejor eso que ir al bar».

Ensemble Vocal Ángel Barja

Alberto Abal también dirige el Ensemble Vocal Ángel Barja, más ligado a proyectos concretos y con un nivel técnico alto. Está formado por unas 20 personas, en su mayoría en edad laboral, con presencia de profesorado de conservatorio, docentes y coralistas con amplia experiencia y buena lectura musical.

«En el Ensemble funcionamos más por proyectos», resume Abal, que cita como ejemplo recientes programas monográficos dedicados a Palestina, colaboraciones con el compositor Javier Busto o el ciclo organizado por el octavo centenario de la catedral de Tui, con intercambio incluido con un coro portugués de primer nivel, Metáfora das Flores, dirigido por Magna Ferreira.

Ese trabajo por proyectos ha llevado al grupo a desarrollar iniciativas ambiciosas, como el viaje a Asís, en Italia, para estrenar una obra de un compositor gallego sobre el Cántico de San Francisco en el lugar donde fue escrito, o sus próximas salidas a Oporto y a la Ribeira Sacra, donde combinarán canto y música antigua junto a la violista de gamba y profesora del Conservatorio Superior de Música de Vigo Sara Ruiz. La experiencia, abierta al público que se quiera sumar a subirse al bus que parte de Vigo, será el próximo 20 de junio y consiste en una jornada de tres conciertos en otros tantos monasterios románicos: San Vicente de Pombeiro, donde la violagambista grabó su último trabajo discográfico interpretando diez fantasía de Telemann, San Fiz de Cangas y Ferreira de Pantón.

Ensayo en la
en la iglesia de 
Las Trinitarias del 
Coro de Voces
 Graves de Vigo y
 del Ensemble 
Vocal Ángel Barja.
 // Alba Villar

Ensayo en laen la iglesia de Las Trinitarias del Coro de Voces Graves de Vigo y del Ensemble Vocal Ángel Barja. / Alba Villar

En la trayectoria de Alberto Abal se mezclan vocación familiar, formación continuada y una larga experiencia coral. Administrativo contable en el Museo MARCO, lleva la música «de toda la vida» y la vincula directamente a su entorno más cercano: cantó desde niño en el coro de los Salesianos, en el coro familiar y bajo la influencia de un abuelo compositor. Ya de adulto cursó canto en el conservatorio y empezó a formarse en dirección con nombres de referencia, especialmente Javier Busto, a quien considera su primer maestro. Esa preparación incluyó viajes mensuales al País Vasco durante varios meses para trabajar con directores de primer nivel, en una formación que, según cuenta, le abrió muchas puertas. El resultado es un perfil muy asentado en el mundo coral, con un pie en la tradición y otro en la construcción de propuestas nuevas, siempre desde una idea clara de exigencia musical y de continuidad cultural.

Susana Rodríguez, soprano del Ensemble Vocal Ángel Barja y profesora de inglés en su propio centro de idiomas, llegó al canto coral hace una década en un momento especialmente delicado y hoy lo define como un sostén vital. Sin saber leer música al principio, pero con muy buen oído y una necesidad de cantar que arrastraba desde la infancia, entró en el coro animada por una compañera durante una baja por depresión y encontró en esa experiencia mucho más que una afición: «Es mi balsa de salvamento en todos los sentidos», resume.

Rodríguez explica que el canto se ha convertido en un refugio incluso en los días más difíciles, hasta el punto de que asegura que al empezar a cantar «me transformo», y destaca además una evolución personal muy marcada sobre el escenario: de los nervios iniciales, cuando «se me secaba la boca», a un presente en el que sale a cantar y «floto, me transporto y ya no sufro». Esa conexión con la música –especialmente con la sacra, el latín y el repertorio medieval–, unida al trabajo corporal y técnico aprendido en el coro, ha terminado por convertir el Ensemble en una parte central de su vida.

Tracking Pixel Contents